Jorge Eduardo Arellano
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I
Existen invitaciones que uno no puede rehusar, sobre todo viniendo de doña Lesbia Portillo y demás miembros de la Asociación de Chontaleños Carlos Garzón. Confieso que jamás pensé que me correspondería recibir la distinción que generosamente entregarían a mi padre, Guillermo Rothschuh Tablada. Tratándose de un reconocimiento con atributos especiales, él deseaba encarecidamente estar presente. Como no pudo asistir, delegó en mí el honor que le hicieron al entregarle una medalla tallada en oro chontaleño.

Las actividades desplegadas por la asociación chontaleña, me recuerdan el entusiasmo y compromiso de mi padre con Chontales. Tuvo el grandísimo acierto de reconocer en vida a distintas personalidades de diferentes credos políticos y religiosos. Una decena de personas cuya labor estuvo orientada a engrandecer nuestra comarca ganadera. Consideró que el mejor tributo que podía rendirles, era haciéndoles entrega de una medalla de oro extraído en las minas de La Libertad o Santo Domingo, forjadas por el orfebre chontaleño, Adrián Cruz Sandoval. Como una vuelta de manos, recibió una distinción concebida en los talleres de otro chontaleño: don Carlos Garzón, que enalteció a Chontales, poniendo en alto el prestigio de la tierra a la que consagró buena parte de su vida. Con sus Letanías a Catarrán, Guillermo Rothschuh Tablada universaliza a una de las figuras míticas de las corridas taurinas chontaleñas, las más famosas de Nicaragua por la destreza de sus montados y la bravura de sus toros. Carlos Garzón con la delicadeza con que forjó sus piezas de oro trascendió Nicaragua.

Carlos Garzón y Guillermo Rothschuh Tablada están hermanados por su amor a Chontales. Garzón animando a Rothschuh a que continuara escribiendo sobre las llanerías chontaleñas, y éste empujando al otro a que estrechara sus lazos con la tierra de sus afectos. Los dos dedicados a expandir el horizonte de Chontales y de los chontaleños; resaltando sus respectivos quehaceres, los empeños de sus gentes y la hermosura de sus paisajes. Los dos entregados en reconocer la altivez de un departamento que tiene en la ganadería su mayor sustento. Guillermo Rothschuh Tablada poniendo sobre relieve los afanes de cinco pioneros y una provincia: Carlos A. Bravo, Pablo Antonio Cuadra, Jaime Incer Barquero, Gregorio Aguilar Barea y Germán Jarquín Sandoval, y Carlos Garzón hilando fino, dibujando en oro para la eternidad los perfiles que motivaron a nuestros aborígenes, a dejar constancia de su paso por la tierra de los Chontal; esculpiendo unos sobre piedra dura sus mitos y creencias, y Carlos haciéndolo con el mismo esmero después.

Don Carlos Garzón siguió la ruta trazada por su madre. Doña Migdalia, radicada en Managua, jamás rompió los lazos umbilicales que la ataban a Chontales. Con la mirada puesta en los socavones de los minerales chontaleños, convenció a los joyeros capitalinos que le entregaran su dinero a cambio de pepitas de oro, extraídas de las minas Jabalí, Babilonia y Tamagas. Doña Migdalia preservaba para el país un poco del oro, el resto iba hacia los mercados internacionales. Enseñó a su hijo el arte de la orfebrería, le transmitió su sensibilidad y le condujo de la mano, para que lograse elaborar piezas finísimas que la prendaban de orgullo. Le abrió el camino para que raudo transitase en un ir y venir de Managua a La Libertad. Carlos es por obra y gracia de su madre, el heredero más genuino de doña Migadalia y su más fiel continuador.


II
A La Libertad y Santo Domingo llegaron emigrantes provenientes de Europa. Su progenie todavía se multiplica en esas tierras y sus apellidos resuenan como una sinfonía inconclusa, desgranándose por todo el territorio nacional. Junto a la oleada de los Dubois, Kauffman, Lot, Duriez, Brockman, Hallesleven y Bellanger, llegaron los familiares de Carlos Garzón, levantando casa en estas tierras promisorias, yendo hacia abajo, metiéndose en los túneles obscuros de las minas, para extraer vida y aliento. Decidieron venir y quedarse para siempre en Nicaragua. Nunca estuvo en su ánimo acumular fortunas y regresar de donde habían venido en busca de trabajo y sosiego.

Llamar a La Libertad tierra promisoria no es una categorización antojadiza. La Libertad brilla con luz propia por sus aportes a la historia de la Nicaragua contemporánea. Tres figuras emblemáticas surgieron a la vida, en ese pueblo que no pierde la esperanza de un futuro mejor, desde los años en que se conectaba al mundo a través de su propio aeropuerto. Tres figuras que han marcado el rumbo de la historia nicaragüense: Miguel Obando, Cardenal de la Iglesia Católica; el Comandante Daniel Ortega, dos veces presidente de la República y el General Omar Hallasleven, Jefe del Ejército de Nicaragua. La Libertad ha dado entonces a un Jefe de la Iglesia Católica, un Jefe de Estado y un Jefe de Armas, los tres poderes más sobresalientes, el espiritual, el político y el militar.

Otra parte de los emigrantes echaron raíces en Matagalpa, los Kull, Hayn, Smidt, Müller, Leclaire y Sthatagen. Mientras unos se introdujeron en las profundidades de la tierra para sacar el oro, los otros sembraron café mirando hacia el Sol. Todos acogidos con beneplácito; todos contribuyendo al progreso nacional. Los unos extrayendo de la tierra el oro y los otros cosechando café, dos rubros que han sido soporte de la economía nacional en sus respectivos momentos.

Mi remembranza la formulo en un momento en que Europa, arrogante y desdeñosa, mira con recelo y criminaliza a los emigrantes, aprobando leyes oprobiosas que van a contrapelo de la acogida que tuvieron los suyos, cuando huían de la pobreza y el odio que generan las guerras. Lo nuestro es un recordatorio urgente a los dirigentes de la Unión Europea. No debería reeditar prácticas del pasado. Son humillantes y vergonzosas. Mientras “Europa clama su humanismo universal, asesina al ser humano en cada esquina”, como lo recordó el filósofo europeo Jean Paul Sartre, en su célebre prólogo a la requisitoria planteada desde África, por el caribeño Frantz Fanon, en Los condenados de la tierra.

Siempre hay que tener presente, que al ser humano debe de vérsele desde el nivel exacto ni más alto ni más bajo, como canta en versos inolvidables el poeta español León Felipe, quien desembarcó en México a finales de la década de los treinta del siglo pasado, huyendo de la muerte, cuando las huestes nazistas invadieron España, marchitando sus sueños libertarios. Una Europa que se engola hablando al mundo de respeto a los derechos humanos, erigiéndose en juez inapelable, señalando con su dedo quien sí, quien no, respeta estos derechos en otras partes del planeta, promulgando una ley que entra en contradicción con su pretendido discurso humanista.


III
El mejor homenaje que doña Lesbia puede rendir a su compañero de vida e ideales, consistiría en dar continuidad a su trabajo. Así como Carlos Garzón alzó la estafeta de su madre, a doña Lesbia corresponde vivificar la antorcha que sostuvo en sus brazos, durante varias décadas su marido. Los lazos que atan a su familia con la cultura nacional, deben ser consolidados. Doña Lesbia tiene que reforzar la obra de Carlos Garzón, prosiguiendo su camino pero también abriendo nuevos surcos. El primer paso fue dado. Su presidencia en la directiva de la Asociación de Chontaleños Carlos Garzón muestra su perseverancia y recoge uno de los mandatos más preciados de su compañero de sueños y realizaciones.

En Nicaragua, Carlos Garzón se convirtió en un auténtico mecenas de la cultura. No hubo persona o grupo artístico o cultural, que no se le acercara y no haya recibido las muestras de su generosidad. Mi padre puede dar testimonio de ello. Cuando publicó Tela de cóndores, su libro-homenaje al pintor ecuatoriano Osvaldo Guayasamín, Carlos Garzón le brindó su ayuda y aliento. Su amor y dedicación por enaltecer los valores culturales del país, llevaron a Carlos Garzón a convertir a su casa en un auténtico Museo del Arte. Sólo esa tarea testimonia su encendida pasión por el arte nacional y universal. En Nicaragua únicamente existen dos personas que convirtieron su hogar en un santuario cultural. Carlos Garzón en Managua y Armando Incer Barquero en Boaco, ambos poetas, los dos guiados por el mismo impulso: aquilatar y proyectar la cultura como una cosa viva y perdurable, entregándose por entero a la tarea de coleccionar parte de nuestra memoria histórica, en otras palabras, las verdaderas raíces de nuestra identidad.

Carlos Garzón, ha logrado trascender a través del impulso y apoyo que siempre brindó a los creadores, siendo él mismo creador de valiosas filigranas esculpidas en oro, casi todas inspiradas en su tierra natal, circunstancia que contribuyó a labrarse con su propio ingenio, un lugar cimero en la historia de la cultura nacional, no sólo de la cultura chontaleña. Los nicaragüenses, pero sobre todo los chontaleños, tenemos en su ejemplo, un modelo a seguir. No existe pretexto alguno para no continuar su trabajo. Cada uno de nosotros deberá hacerlo desde sus respectivas trincheras, no olvidando nunca su enorme lección: mantener fija la mirada en Chontales, una provincia siempre abierta al canto y a la esperanza, a la vida y al amor.