Jorge Eduardo Arellano
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En 1885 fue fundado el Teatro Municipal de León, en cuya colocación de la primera piedra el poeta Rubén Darío, siendo un jovencito, leyera su poema “Del Arte”. Actualmente es uno de los espacios culturales de mucha importancia en nuestro país, declarado Patrimonio de la nación en tres categorías como son: arquitectónico y artístico (1983), y cultural (2007) este centenario lugar, primer teatro de nuestro país. Recientemente fue víctima de actos vandálicos promovidos al parecer por un grupo de resentidos políticos que lo pintaron con las siglas MRS; casualmente las pintas fueron hechas en la cartelera y en sus paredes el mismo día que fue rechazada la entrada al auditorio Ruiz-Ayesta de Dora María Téllez y sus acompañantes, quienes con tiempo habían sido informados de los acontecimientos con los estudiantes.

El teatro es un espacio de promoción y educación cultural sin distingo político, administrado por la Asociación Amigos del Teatro “José de la Cruz Mena”, desde 1998. Luego de lo ocurrido, en un programa de televisión matutito entendí un poco el asunto al escuchar decir a Dora María que como ella estudió en nuestra histórica UNAN-León, tenía todo el derecho de entrar y hacer lo que ella ya tenía planeado. Me pregunto: que si el teatro recibió su primer nombramiento como patrimonio en los años ochentas, cuando ella y los suyos no renegaban de sus compañeros sandinistas y se alimentaba con las mieles del poder con su reluciente adoquín en el hombro, mieles que ahora le causan nauseas, pero no por su bien disfrazada huelga de hambre (nadie que haga una huelga de hambre como la que dice que hizo, magnificada por los medios de comunicación, tiene fuerzas repentinas para convertirse en escaladora de muros universitarios), se sienta con el derecho también de hacer lo que quieran con este edificio. Si lo que necesitaban era protagonismo ya los estudiantes de la UNAN-León se lo dieron al estos defender su espacio, así como en sus dorados tiempos ella también lo defendió; ella y sus acompañantes resultaron ser el enemigo para los muchachos que (en primer lugar estaban reclamando sus becas) no necesitan que alguien les diga qué es lo que deben hacer en esos casos.

Se les olvidó a los visitantes (que fueron bañados con lo que los estudiantes creyeron que se merecían) que la ciudad de León es la Capital de la Revolución. La mayor parte de la población respalda al Presidente Daniel Ortega y a la poeta Rosario Murillo, y los jóvenes tienen al Presidente Ortega como su líder. Es un fenómeno que ustedes no quieren entender ni pueden soportar, pero es real. Es un fenómeno que quieren evitar, pero ya es tarde. Le quieren colocar el nombre de dictadura, pero es un liderazgo ganado desde siempre y con sobrada autoridad moral cuando en los noventas las ratas abandonaron el barco creyendo que se hundiría. Esa desbandada ahora se revierte, pues muchos regresan arrepentidos al FSLN ahora que quedaron sin partido y su proyecto es el que se empieza a hundir. Así como de real es lo anterior, también lo son nuestros patrimonios, los que no tienen culpa de la amargura que cargan. Son estos lugares los que nos dan identidad y valía histórica. Ustedes hablan de libertad de ideas y persiguen, odian y tildan de ignorantes a quienes no comparten su fantoche partidario. Un proyecto no se hace con odio y arrogancia, se hace precisamente respetando en primer lugar el legado de nuestros antepasados, legado al que pertenece todo el patrimonio nacional.


*Escritora. Coordinadora General del Teatro Municipal de León.