Jorge Eduardo Arellano
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La democracia parece ser la mejor forma de vida que permite a la especie humana la co-existencia y su evolución. No obstante, una aplicación inconsecuente de los principios democráticos en todas las naciones socavan los cimientos de la sociedad en todos sus ámbitos. Si esto lo vemos en el concierto de las naciones y el calentamiento global, las consecuencias para el planeta son irreversibles en cuanto a las decisiones que desde ya es necesario tomar para reducir en alguna medida los efectos eminentes e inimaginables de los cambios climáticos.

El liderazgo de los Estados Unidos de América (EU) en la promoción de los valores democráticos se ha deteriorado grandemente con los acontecimientos de violaciones de derechos humanos en cárceles de Irak y Guantánamo, así como el hecho de haber invadido un país so pretexto de armas de destrucción masiva y el posterior manejo poco transparente de algunas empresas estadounidenses que se han lucrado de la guerra.

Por otro lado, los EU, considerado el primero o segundo país que más contamina el planeta, no ha firmado el Protocolo de Kyoto, el cual pretende disminuir los gases causantes del efecto de invernadero. Naturalmente, este país no es signatario de dicho Protocolo porque existen intereses económicos, especialmente de los grupos vinculados a la explotación del petróleo.

Existe un clamor mundial para reducir los gases, particularmente los derivados de combustibles fósiles, que contribuyen al cambio climático. Este cambio ya ha comenzado a cobrar víctimas en distintos ecosistemas, inclusive en términos de los refugiados y la pérdida de vidas humanas países como Bangladesh.

El nuevo presidente de EU se enfrenta a retos inmensos para restaurar la imagen democrática del coloso del norte y restituir los derechos de otros seres humanos en otras latitudes, de manera que no sean afectados negativamente por las decisiones de dichos gobernantes.

Supongo que será necesario que sucedan dos o tres fenómenos más como el huracán Catarina en Nueva Orleáns y las recientes inundaciones a lo largo del río Misisipí, para que el pueblo estadounidense y sus gobernantes tomen conciencia y estén dispuestos a hacer cambios radicales en su estilo de vida, con el fin de evitar la destrucción de la tierra.

Durante muchas décadas, EU ha sido un gran defensor de los derechos humanos y principios democráticos, y su influencia en el mundo es indiscutible. De manera que aquellos que toman las decisiones en este país y el resto del mundo deben reflexionar sobre qué es más importante, por ejemplo, dejar de utilizar el carbón y petróleo a lo inmediato, o bien esperar que la madre naturaleza siga haciendo estragos con fenómenos climatológicos catastróficos.

Según comunidades científicas ya no es posible revertir el daño a nuestro hábitat a corto plazo, dado las tendencias en los cálculos con respecto a los aumentos de temperatura en los próximos años.

Ya existe un consenso entre las naciones sobre lo que significa el calentamiento global y sus consecuencias, pero no se emprenden acciones radicales e inmediatas debido a los intereses económicos y hasta mezquinos de muchas naciones, ya sean desarrolladas o no desarrolladas.

Los esfuerzos que realizan muchos organismos internacionales y países desarrollados son loables, pero no son suficientes, ya que cada segundo seguimos contaminando el planeta con toneladas de gases. Un cambio radical en nuestro estilo de vida implica sacrificios o falta de confort en nuestra vida cotidiana, ya que una gran parte de la población mundial también tiene que participar en aras de salvar el planeta.

Los paleontólogos han determinado que en diferentes eras geológicas, la extinción de un sinnúmero de especies en cortos períodos de tiempo sólo se explica con los cambios de temperatura, a los cuales muchas especies no pueden adaptarse. Por ejemplo, al desaparecer el Polo Norte, los osos, las morsas y otras formas de vida en esa parte del mundo perecerán, si no logran evolucionar.

A pesar que el homo sapiens tuvo la capacidad de sobrevivir la última glaciación, el mismo no está exento frente a una gran extinción de especies y su concomitante ecosistema. Descubrimientos científicos han revelado que los seres humanos estuvieron a punto de desaparecer en esa época, debido a que el número de seres humanos se vio reducido significativamente.

En fin, las ambiciones económicas de pequeños, pero poderosos grupos corporativos en los EU y otros países no deben imponer sus criterios en las sociedades democráticas, ya que toda la humanidad enfrenta el grave riesgo de la extinción. Si estos grupos de poder o camarillas son favorecidas en la toma de decisiones para aumentar sus ganancias y perpetrar la destrucción del planeta, todos estamos condenados a no poder seguir habitando en nuestro bello planeta azul.


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