Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Al recomenzar un viejo quehacer, el escribir una columna diversa, estaremos haciendo lo posible por expresar las inquietudes del ciudadano común, que sólo desea lo mejor para él donde reside, sin miras de beneficio personal y sin contagios de intereses partidistas; pero sí con la responsabilidad de quienes saben que sin el aporte comunitario no hay bienestar ni progreso nacional.

Las inquietudes de quienes no ven a Nicaragua como un todo, sino como una suma de comunidades dispersas, pero unidas en el bien común, da como resultado la felicidad individual que tanto necesitamos como seres humanos.

Tomemos como ejemplo una comunidad muy poco conocida aún por los managuas, Monte Tabor, que en sí es un conjunto de poblados de viejas familias: los Solís, los López, los Munguía-Esquivel, los Ortiz, los Sequeira, los Espinoza, los García; quienes el tiempo ha acercado y ahora son parte del Barrio Monte Tabor, un barrio que adolece de Escuela Pública Gratuita y mucho menos de una Clínica Gubernamental para primeros auxilios, dos elementos indispensables para el progreso.

Si no fuese por la Iglesia Católica y Evangélica (ELIM), que patrocinan tres escuelas (Primaria y Secundaria), así como una Clínica de Salud, los niños de este poblado no recibirían educación ni atención médica. El problema es que ni las escuelas ni la Clínica son gratuitas, aunque las escuelas otorguen unas cuantas becas y la Clínica atienda con bajas tarifas. Esto no es suficiente para llenar la necesidad de las familias de escasísimos recursos que residen en este sector.

En vista de lo anterior, se ha formado la “Fraternidad de Don Quijote”, que concede becas a niños de las familias de escasos recursos, cuyo lema es que todo niño debe ir a la escuela.

Esta hermandad, que podría servir de modelo para que otros barrios sigan el ejemplo, formando sus propios capítulos, recibe el apoyo de ciudadanos con espíritu quijotesco, algunos de los cuales residen en el exterior, que motivados por un Coordinador del Barrio, supervisa y mantiene contacto con las escuelas y en forma directa monitorea el progreso educacional de los becados.

Es muy difícil solucionar nuestro problema educacional y de salud en forma global, y mucho menos con sólo el aporte gubernamental. Tenemos que comenzar a involucrarnos en nuestro propio bienestar, motivándonos a tomar parte activa en estos dos sencillos menesteres: que no haya niño sin escuela en nuestros respetivos barrios, y que haya una Clínica para mantener saludable a sus pobladores de escasos recursos.

Sabemos que hay muchas necesidades, pero la educación y la salud son vitales. Por lo que apelo a los ciudadanos que tengan un poco de tiempo y más importante aún, buena voluntad, a comenzar esta sencilla pero efectiva cadena de amor al prójimo, en sus propios barrios. Quien esté interesado en servir a sus hermanos y desea conocer detalles para formar un grupo en su barrio, puede escribir al correo electrónico: leon80@turbonett.com.ni
Hasta la próxima semana!