Jorge Eduardo Arellano
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Es un hecho que la llegada al poder del FSLN, la vanguardia de la revolución del pueblo de Nicaragua en los setenta, fue hecha al son de Arlen Siu, Juancito Tiradora, La Tumba del Guerrillero, Quincho Barrilete, Las Mujeres del Cua y decenas de otras composiciones de Carlos Mejía Godoy.

La Revolución fue de la mano con la sangre, el dolor y las alegrías de un pueblo, recogidas, plasmadas y representadas en la obra musical de protesta de Carlos. Difícil decir que antes del 19 de Julio la revolución hubiera sido la misma sin la música que animaba e impulsaba los sentimientos de toda una nación en sus ansias de libertad y democracia, y difícil que la música de Carlos hubiera sido la misma sin la revolución.

Recuerdo que a los pocos meses después del triunfo del 19 de Julio me tocó ir en compañía de Álvaro Icaza Vargas, representando a Nicaragua en una convención algodonera en Colombia, y como después del saludo habitual de los representantes de los diferentes países de habla hispana, la pregunta de clavar era: “¿Conocen a Carlos Mejía?”.

Se me hinchaba de orgullo el pecho cuando les respondía afirmativamente que conocía a Carlos, y que en nuestros tiempos de estudiantes en León nos acompañaba a Brinco Icaza, Papatón Argüello, Cacho Molina y otros a poner serenatas. Sigo hinchado de orgullo por la gesta histórica de los nicaragüenses en el 79, así como por tener un Carlos Mejía Godoy.

Aún cuando con el tiempo los conceptos de libertad y democracia por los cuales unos y otros se sumaron a la gesta heroica del pueblo de Nicaragua fueron cambiando, pues unos creían en la democracia a la occidental y otros en la democracia del tipo soviético, los unos y los otros nunca dejaron de querer la música de Carlos.

La María de los Guardias, Allá Va el General, Cristo de Palacagüina, por mencionar algunas, así como yo las siento mías, igual las debe sentir Raymundo y todo el mundo; significara este sentimiento de posesión que la familia Siu de Jinotepe tiene derechos sobre la canción Arlen Siu, porque fue inspirada en la vida guerrillera de la chinita, y Allá va el General, sea de los herederos de Sandino, o Flor de Pino sea de los dueños de los pinares que inspiraron a su autor.

Igual que en las propiedades inmuebles, ¿podrá alguien tener la posesión y otro el dominio?
No hay duda de que el Presidente Ortega y quienes lo rodean son gente de gran inteligencia y capacidad política. Durante la campaña de 2006 usaron la cancioncita de Amor y Paz y no las de Carlos, pues llegaron a la conclusión de que estas no eran las indicadas para el momento; siendo minoría supieron dividir al pueblo de Nicaragua en tres: rojos sin mancha, rojos Nike y los chichas, pues también por inteligencia no usaron el color rojinegro en su campaña; legalizaron el gobierno que desde abajo habían ejercido durante los últimos diecisiete años; mantienen una oposición desarticulada; controlan los Poderes del Estado, incluyendo la Asamblea Legislativa, y han enganchado al Cosep a tal punto que el lema de éste parece ser “sólo los obreros, campesinos y el Cosep llegaremos al final”. No es cualquiera el que tiene la inteligencia para tejer un gobelino de este tipo.

¿Podrá el FSLN ganar esta lucha por el derecho colectivo que ellos reclaman sobre la música de Carlos Mejía? No veo a ninguna asociación de autores musicales en el mundo, ni a ninguna Corte de Derechos Humanos, donde probablemente recurrirá el canta-autor, diciendo que los autores no son dueños de sus producciones sino que son los protagonistas de las experiencias vividas que inspiraron al autor de la música, la novela, el cuento, la poesía, etc., etc.

Creo que las asociaciones nacionales de músicos en Nicaragua, las de tendencias sandinistas se abstendrán de opinar, pues hacerlo en contra de la posición legal que mantiene Mejía Godoy significa para ellos dejar algarete sus derechos de autor y su comida. Por muy de izquierda que sean los autores, no olvidemos que los derechos de autor son para ellos su fuente de ingresos económicos.

Parece que la gente del FSLN ha leído a Garret Harding (La Tragedia de los Bienes Comunes), a David Moore (Los Bienes Comunes) y últimamente a James Boyle (El Dominio Público: Atrapando los Bienes Comunes de la Mente), éste ultimo un decidido crítico a los derechos de propiedad intelectual manteniendo que los bienes de dominio público han sido circunscritos a su menor expresión, sobre todos los derechos de actor, por la largo y ancho de la visión de los intereses privados que se han apoderado de material que antes era exclusivo del dominio público.

La lucha de hoy en día sobre los bienes comunes no es una lucha de derechas o izquierdas, es acerca de los beneficios de los bienes que pertenecen a la humanidad, tales como las aguas de los mares, la vida marina (las ballenas que Nicaragua apoya su exterminación por el Japón), el petróleo con el que nos explota nuestro hermano Hugo, los árabes, los mexicanos y los gringos; los productos medicinales provenientes de plantas, internet, obras musicales, literarias etc., etc., y que para muchísimos sin razón alguna están bajo el dominio privado; escritores en esta materia de “los bienes comunes producto de la mente”, según ellos, bienes literarios como La Cenicienta, La Bella Durmiente, etc., etc., son de la humanidad y es ridículo que hayan sido patentados por Walt Disney .

No veo a García Márquez, Carlos Fuentes, Cortazar, Sergio Ramírez, Oscar René Vargas, Aldo Díaz Lacayo, por mencionar algunos escritores que dicen ser de izquierda y por mucho que pudieran creer en el principio de los bienes comunes permitiendo que sus obras, porque son inspiradas en vivencias del pueblo, sean publicadas por el pueblo y los beneficios económicos de las mismas sean del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Aún cuando la música de Carlos la interpretemos contra viento y marea, donde, cuando y como queramos, la opinión popular apoyará la posición de que las obras le pertenecen a su autor y él es quien puede autorizar su uso, pues, sin entrar a discusiones bizantinas de tipo legal, los humanos siempre tienden a favorecer emocional y sentimentalmente a los que creemos más débiles, y la percepción del vulgo es que estamos ante una batalla del partido en el gobierno del todo poderoso Estado (Goliat) en contra de un autor musical (David), que ya en el pasado dio hacha, calabaza y miel por su pueblo.

También veo una mayor afectación a la imagen del gobierno ante la comunidad de naciones, como un gobierno proyectando inseguridad jurídica y un deterioro en lo que a Estado de derecho se refiere, a pesar que su bancada fue decisiva en la aprobación de la Ley de Derechos de Autor. Nos guste o no, ésa es la percepción.

Lo más recomendable en este caso es doblar la página, buscarse una buena escalera y evitar que el Do Re Mi Fa Sol de la música de protesta vuelva a exacerbar los ánimos. Es ridícula la división de un pueblo por el lugar donde canta, qué canta, a quién le canta y de quién es lo que canta Carlos. Pero así somos los nicas y por eso estamos como estamos. Se nos olvidaron las virtudes cardinales de Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza.


gareas@cablenet.com.ni