Jorge Eduardo Arellano
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Con el debido respeto a las opiniones de colegas economistas, considero una responsabilidad nacional alertar a las autoridades nacionales de algunas afirmaciones económicas que no tienen cabida en nuestro país. La sugerencia de continuar restringiendo la circulación del córdoba con una visión ortodoxa, que trata de desconocer que la inflación es resultante de un shock de precios vía oferta de algunos productos (combustibles y alimentos), así como por el consecuente aumento generalizado de los costos de producción por las alzas de los precios internacionales de los combustibles y del precio interno de la energía eléctrica, significará desacelerar la anémica tasa de crecimiento económico del país y agudizar los conflictos sociales, que aún están siendo minimizados por el flujo de remesas familiares. Tomando en cuenta las cifras oficiales, la presión y aceleración de la tasa de inflación en Nicaragua no puede ser causada por la demanda debido a:

(1) El Gobierno Central, a finales de mayo, mostraba el inusual superávit presupuestario equivalente a 11 millones de dólares, explicado principalmente por la subejecución del gasto de construcción pública;
(2) Ante el “congelamiento” de US$ 130 millones en divisas líquidas de libre disponibilidad provenientes del Grupo de Apoyo Presupuestario, FMI, BM y BID a lo largo del primer semestre del año en curso, porque no se ha concluido la evaluación del primer tramo trimestral del “Programa Económico Financiero 2007-2010”, el Banco Central de Nicaragua (BCN) se ha visto obligado a comprar divisas por un monto de 22 millones de dólares, lo cual contribuyó al aumento de 20 millones del saldo de reservas internacionales brutas;
(3) Las mal llamadas operaciones de mercado abierto (de cortísimo plazo) del BCN, que siempre se dinamizan cuando se cierran las ventanillas de préstamos concesionales del FMI, BCN y BM, cuando Nicaragua incumple las reforma estructurales de su programa económico, han sustituido en casi un 65% las colocaciones netas de Títulos Especiales de Inversión entre empresas públicas, que se han visto disminuidas en un monto equivalente a 136 millones de dólares en el primer semestre;
(4) El FMI aparentemente ignora que la tasa de inflación subyacente se acelera por el alza de los costos de producción en todas las empresas, provocada por el incremento persistente de los internacionales de los combustibles, y no es necesario ser economista para resentir que la inflación de este año tiene una aceleración igual al doble de la del año pasado;
(5) El FMI parece que desconoce que la inflación general y la inflación subyacente se amplifican en Nicaragua por los problemas estructurales del mercado energético local, como son la alta intensidad petrolera (se consumen 2 millones de barriles de hidrocarburos para producir un mil millones de dólares de PIB, lo cual está 75% sobre el promedio mundial) y la alta dependencia de combustibles para generar electricidad (entre 70% y 80% de dicha generación depende de fuel oil y diesel);
(6) El FMI también parece ignorar el valor de consumo mensual en nuestro país de un pobre y de un pobre extremo, que son equivalentes a 35 dólares y 19 dólares respectivamente, mientras que el 20% de las familias nicaragüenses de mayores ingresos captura el 56% del ingreso nacional; y,
(7) El FMI conoce la dificultad de administrar la política monetaria en un país donde existe tres monedas: el dólar, el córdoba con mantenimiento de valor (que es un dólar disfrazado) y el córdoba, y esta última moneda, con la cual se estima la inflación en Nicaragua, apenas domina el 18% del mercado monetario local.


Finalmente, sugiero al Gobierno de Nicaragua que escoja a un vocero económico en el BCN, con el fin de que sea un profesional nicaragüense el que explique los fenómenos económicos a nuestra nación.


*Director de Copades.