Ricardo Antonio Cuadra García
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II parte

El dos de marzo de 1876 nace en Roma, en el seno de una familia aristócrata vinculada a las altas esferas del Papado, Eugenio María Giuseppe Giovanni Pacelli, quien en 1939 sería coronado como Papa Pío XII.

Eugenio Pacelli era el tercero de cuatro hijos de Filippo Pacelli, príncipe de Acquapendente, y de SAnt´Angelo in Vado, y de su esposa la nobildonna, Virginia Graziosi. No había duda que su noble alcurnia le deparaba un gran porvenir. Más aún al ver otros ancestros no menos relevantes, como su abuelo paterno Marcantonio Pacelli, Secretario Segundo de Finanzas de los Estados de la Iglesia, los mismos que el rey italiano Víctor Manuel le quitara a la Santa Sede para formar la unidad Italiana en la segunda mitad del siglo XIX.

El abuelo de Pacelli también fue Secretario del Interior del Vaticano en tiempos de Pío IX, el famoso Papa que observó fallecer al feudalismo europeo en sus propias narices, y que miró impotente cómo se reducida el patrimonio de San Pedro a unas cuantas hectáreas en el minúsculo Estado Vaticano. También el abuelo de Eugenio Pacelli acompañó a Pío “nono” en su exilio de Gaeta, que gracias al dinero de la familia judía Roschild pudo retornar a sus pocas hectáreas residuales, en lo que se había convertido el otrora poderoso Papado. No menos importante fue que su abuelo fundara el periódico LÓbsservatore Romano, en 1861. También otro pariente brillaba dentro de la burocracia Vaticana, su primo Ernesto Pacelli, quien fue consultor financiero del Papa León XIII.

Es importante hacer un paréntesis para explicar un poco el entorno histórico en que nació Eugenio Pacelli. Eran los tiempos de Pío “nono”, Papa que declaró la Infabilidad Papal, que si bien es cierto es sólo en cuestiones doctrinales, no fue interpretada en esos momentos como tal, sino como un gran exabrupto de arrogancia Papal en vista del evidente “currículum vitae” de una monarquía Papal desgastada y desprestigiada en el concierto europeo de la época. Se respiraba un ambiente fuertemente antisemita en Europa, impulsado con una nueva corriente del Darwinismo social, junto con el tradicional sentimiento antijudío de los cristianos que desde sus orígenes nunca dejaron de acusar de “deicidio” al pueblo judío. Pío “nono” era la continuación antijudía de la tradición cristiana, llegando hasta crear “ghetos” judíos en los Estados Pontificios, donde los obligaba a identificarse con la humillante estrella amarilla para materializar su discriminación. Esa misma estrella amarilla la imitaría Hitler años después, para identificar a los objetivos de la “solución final”.

Dos hechos puntuales marcaron e incentivaron el antijudaísmo en la segunda mitad del siglo XIX: el caso Montano y el caso Dreyfus. En el caso del niño Edgardo Montano el vórtice del conflicto era el mismo Papa Pío “nono”, pues el rapto de un niño judío, por el propio Vaticano que a espaldas de sus padres fuera bautizado por una sirvienta cristiana, despertó la ira de la comunidad europea y occidental. Pero PíoIX no cedió y se atribuyó el derecho de paternidad de un niño que nunca tuvo opciones de elegir su propia religión.

Lo que más sorprendió del rapto fue la insensibilidad Papal ante el sufrimiento de los padres del niño Montano. Muy feliz se sintió Pío “nono” al ver que su adoctrinamiento personal tuvo el éxito deseado a la mayoría de edad de Edgardo Montano, quién se hizo sacerdote, aún pasando por el “martirio” de un hogar destruido por orden del Santo Padre.

El caso de Alfred Dreyfus también subió los niveles del antijudaísmo histórico europeo. Era un oficial judío del Ejército francés acusado injustamente de traición a la patria, supuestamente espiaba para el enemigo. La participación del Vaticano para generar reacción en contra del oficial Dreyfus fue determinante, pues la revista católica “Civilta Católica”, tiempo después de la exoneración de los cargos al oficial judío, mantenía la culpabilidad del mismo, aduciendo que los judíos compraron a los jueces y a los periódicos franceses. En este tiempo Eugenio Pacelli era un joven seminarista en el Estado Vaticano.

Sigamos con el pequeño Eugenio Pacelli que a la temprana edad de doce años manifestó sus intensiones de no estudiar abogacía, y más bien entrar a la vida sacerdotal. Después de pasar sus estudios secundarios en el liceo Ennio Quirino Visconti de tendencia anticlerical, pasó a estudiar a la edad de dieciocho años (1894) al seminario de Capranica, para cumplir así su sueño sacerdotal. No obstante, no pudo soportar el internado y en el verano de 1895 abandonó el seminario. Se matriculó para el año siguiente en el Instituto Apollinare, de la Pontificia Universidad Lateranense, con una dispensa especial para vivir con su madre por razones de salud; se ordenó de sacerdote en 1899. También estudió filosofía en la Universidad de la Sapinza, en Roma, y se doctoró en Teología y Derecho Civil y Canónico.

Vincenzo Vannutelli, cardenal con gran experiencia diplomática en el Vaticano, quien era amigo del padre de Eugenio Pacelli, fue su protector e impulsador dentro de la burocracia de la Santa Sede. Los detalles de su escalada al poder en las altas esferas de la ciudad eterna, sólo era cuestión de tiempo. Ocupó numerosos cargos burocráticos pero nunca pastorales, lo cual fue una de las mayores críticas públicas a la hora de asumir la cátedra de San Pedro. Trabajó en la Secretaría de Estado del Vaticano, donde ocupó el puesto de Vicesecretario. Además ocupó la Secretaría de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. También fue Nuncio papal en Alemania y ocupó el puesto más relevante después de la silla de San Pedro, el Secretariado de Estado de PíoXI, para lo cual fue nombrado cardenal.

Es importante destacar que a través de los puestos dentro de la burocracia Vaticana, Eugenio Pacelli fue sobresaliendo por sus logros. Participó en la elaboración del Código Canónico, el cual reforzaba la autoridad del Papa sobre la de los obispos.

También fue un gran embajador itinerante del Papado, para firmar una serie de concordato que el menguado poder de la ciudad eterna necesitaba para sobrevivir en el nuevo concierto de naciones europeas y mundiales. Esta participación en diferentes concordatos con dictadores caribeños y europeos y los entornos de esas negociaciones, son parte de los cuestionamientos de orden ética y moral que muchos eruditos manifiestan sobre el candidato a los altos altares de la Iglesia Romana. También son cuestionables sus actitudes derivadas de una “neutralidad dulce”, eufemismo usado para disfrazar una pasividad cómplice, según muchos entendidos, para apoyar los regímenes fascista y nazi. En el próximo artículo analizaremos con más elementos de prueba la controversia de tan polémico personaje. Por el momento avalamos la posición del Papa Benedicto XVI de congelar el proceso hasta que no se analice a fondo los estudios críticos.


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