Jorge Eduardo Arellano
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Es indiscutible el aporte de este gran luchador a la liberación de Nicaragua de la dictadura somocista. Muy pocos se empecinaron tanto en acabar con ese sistema oprobioso, muy pocos se dedicaron a estudiar las contradicciones, encuentros y desencuentros del proceso histórico nicaragüense, y por ende del movimiento revolucionario mundial. Carlos Fonseca escribió mucho y advirtió sobre una serie de defectos y debilidades que surgen a lo largo de la lucha.

La afirmación de que el único heredero y defensor de ese pensamiento es el actual presidente de la República, es una falacia política e ideológica exageradamente falsa y a la vez peligrosa.

Carlos nos dejó su pensamiento y al respecto escribe sobre cuatro puntos: “El aventurerismo conduce al inútil derramamiento de sangre; se caracteriza porque es la decisión de combatir sin tener claridad sobre el desarrollo que la lucha habrá de tener en el futuro, y entonces resulta que las dificultades que el aventurero no previó lo sorprenden sin la preparación para superarlas”...

Muchas decisiones y acciones de este gobierno se han caracterizado por la improvisación, sin prever sus graves consecuencias: la creación de los CPC, el despido sistemático de destacados sandinistas de puestos del gobierno, la subestimación de la realidad económica y el peso sobre el bolsillo de los hogares nicaragüenses, el manejo caprichoso de las relaciones internacionales, la prohibición del MRS y del PC para participar en las elecciones municipales, las elecciones al dedazo de los candidatos a alcalde y vice-alcalde por parte del FSLN.

Carlos continúa y escribe: “El sectarismo es el principal enemigo de la unidad. Debemos de tener cuidado de saber distinguir entre las diversas fuerzas políticas del país, los elementos que coinciden con nuestras aspiraciones, aunque esa coincidencia sea mínima. El sectario se empeña en ver solamente lo que diferencia y lo que separa. Es muy importante comprender que en las filas del Partido Conservador hay representativos del pueblo, que si son convencidos mediante una paciente explicación pueden acompañarnos en la lucha”.

Otro detalle importantísimo es el sectarismo arraigado en la médula de los entes del Estado y del propio FSLN. Celos, egoísmo, arribismo, el “Apártate Vos para Ponerme Yo”. Desde 1980 hasta la fecha, nunca había visto tanta división dentro de las filas del FSLN como en los momentos actuales. Muchos compañeros y compañeras añoraban ver al FSLN en el poder y hoy se sienten excluidos, apartados, desatendidos, y lo que es peor aún, sienten miedo, temor de expresarse libremente ante un gobierno que supuestamente los representa.

Con respecto a la jactancia izquierdista razona: “Si bien es conveniente manifestar nuestra decisión de transformar el sistema económico y social de Nicaragua, también nos acarrearía un gran perjuicio caer en la ostentación o en la jactancia revolucionaria izquierdista. Nosotros no debemos insistir solamente en machacar el carácter precolonial o profeudal del régimen, sino que con la mayor fuerza debemos denunciar la serie de vicios del régimen como empleo de parientes, el ascenso de los incapaces, los robos, etc. Si el ocultamiento del programa revolucionario es una expresión de derechismo, la ostentación exhibicionista representa el izquierdismo infantil”.

Me pregunto una y otra vez si los gastos millonarios en publicidad son necesarios; si esa exhibición exagerada de imágenes contribuye a despertar conciencia y a paliar nuestras desgracias.

Con relación a la unidad, manifiesta el ilustre varón: “La unidad juega un papel decisivo en el triunfo. En Nicaragua mucho se ha hablado de la unidad, tal vez hasta demasiado en relación con lo que se ha hecho. Con frecuencia los nicaragüenses hemos jugado a la unidad. Un punto tan fundamental debe ser abordado con la mayor seriedad y profundidad. En primer lugar debemos referirnos a la médula de la unidad y que nosotros la miramos en orientar la actividad de fuerzas diversas hacia un objetivo determinado. Por consiguiente no se trata de escoger un presidente o un secretario general, craso error en que abundantemente hemos caído”.

Desde mi punto de vista las dos razones fundamentales que impiden tal unidad son la sed infinita de poder y el deseo ambicioso de un círculo reducido de manejar los fondos económicos disponibles a su gusto y antojo. Son millones de dólares los que están en juego, y ésa es una y la principal de las manzanas de la discordia.

Uno de sus pensamientos medulares lo define así: “La transformación de Nicaragua no es cuestión de ideología, sino cuestión de amar a nuestro pueblo y ansiar fervorosamente su mejoramiento”.