Jorge Eduardo Arellano
  • |
  • |
  • END

No es la primera, ni la última vez, que tanto a mi hermano Carlos como a mí, nos han deseado la muerte. De todas formas, la muerte nos ha andado rondando desde hace mucho tiempo que asumimos el riesgo de escribir y cantar lo que la conciencia nos dictara… Lo curioso es que ahora nos amenazan también con resucitarnos… Yo “tengo vela en este entierro” porque Carlos y yo somos hermanos no sólo de la misma sangre, sino, de pueblo, canto, luz, lucha, consecuencia y esperanza…
Inédita manera (debo reconocerlo) tiene usted, de intentar sacar de lo más profundo del basurero ideológico de la izquierda anacrónica, ortodoxa y prepotente, el extracto más puro del veneno, para decir, casi al borde del llanto, que Carlos Mejía Godoy fue “la encarnación de la Revolución Popular Sandinista” y de un día para otro “dejó de existir…”. Parece que usted ignora que nuestra canción, para “ganarse un lugar en el corazón del pueblo y no la militancia partidaria”, empezó cantándole a los mineros de Siuna, a la solidaridad con los pueblos que enfrentaban gobiernos dictatoriales, al campesino que con su arado venía rompiendo la tierra antes de la “mentada reforma agraria”… al Cristo que nació en el Cerro de la Iguana y no en Belén. Le recomiendo buscar los viejos discos de acetato en formato de LP: En la calle de en medio, Hilachas de Sol, Cantos a Flor de Pueblo y Éste es mi pueblo, todos grabados entre 1970 y 1972.

Ha sido la vida misma, desde que éramos chavalos, la que nos enseñó en el ejemplo de nuestros padres, que no fueron ni proletarios explotados, ni campesinos, pero sí una Maestrita de Escuela y un Carpintero con oficio de cantor. Aprendimos de ellos a ser honestos, limpios de corazón y de conciencia, solidarios. Pero usted habla de fama y del “Álbum musical sandinista”, como si se tratara del reclamo del empresario de una transnacional discográfica, cuando el artista decide dejar la empresa por cuestiones de “riales”

Nuestro “pleito” con el gobierno familiar no es cosa de dinero, ni de propiedades, ni de puestos en el gobierno, ni de ofertas de trabajo, sino, de principios, de ideales. Ésta fue la razón de haber abandonado las filas del FSLN. Decisión que no nos fue nada fácil tomar. Nos dolió precisamente porque nos involucramos en el proceso revolucionario por convicciones. Por el inmenso ejemplo de humanidad de sus militantes, persiguiendo sueños de libertad, y por supuesto, motivados por ejemplo de los héroes y mártires de todo nuestro pueblo, que ahora usted manosea y manipula hábilmente no sé con qué autoridad…
Menos mal que reconoce “la calidad musical del cantautor de la Revolución” al decir que eso no está en juego. Yo le agregaría que tampoco se puede obviar la calidad de los textos, y no sólo lo de las canciones testimoniales o evidentemente políticas. Quizás también le duela, y mucho por cierto, que las canciones de Los Mejía Godoy, (para meterme yo en el mismo saco), sean reconocidas, respetadas, admiradas y cantadas no sólo por la militancia sandinista sino por todo el pueblo nicaragüense. Si de algo nos sentimos orgullosos Los Mejía Godoy es que, más allá de la política, nuestra obra ha sido inspirada en el amor a Nicaragua antes, durante y después del proceso revolucionario; talvez por esto, después de cuarenta años, sobrevivan nuestras canciones, aunque usted nos quiera matar y enterrar tan pronto y después resucitarnos “del otro lado de la acera”, es decir, de la Derecha ( o estás con el FSLN o estás contra el FSLN)…
Estamos seguros que nosotros moriremos como cualquier ser humano, pero también estamos seguros que otros harán sobrevivir nuestra obra, porque en cada canción hay un trozo del alma de este pueblo y los compositores que nos heredaron la dignidad y la honradez del canto nacional.

Por otra parte, la censura de nuestras canciones, y no sólo de La Consigna, sólo para refrescarle un poco la memoria, se efectuó, sobre todo, y de forma brutal, porque quemaban nuestros discos y prohibían los pusieran en las radios, en los últimos años de la dictadura somocista (1976-1979) años en que fueron compuestas Quincho Barrilete, Allá va el General, Venancia, Vivirás Monimbó, Volveré a mi Pueblo, Eran treinta con él, Comandante Carlos Fonseca, y por supuesto las canciones de la obra “Guitarra Armada”.

Yo no sé qué restaurantes frecuenta usted en el extranjero, en Guatemala, Miami, y Los Ángeles (países que menciona en su artículo); mucho menos que pueda imaginarme que una canción como La Consigna (que todos sabemos es un himno partidario) pueda ponerse en un restaurante de cualquier lugar del mundo (incluyendo a Cuba). Sería de lo más exótico y a la vez una falta de respeto para todos incluyendo a la militancia… Se me ocurre que tampoco pueden poner El Pueblo Unido o La Internacional. Y talvez, en cambio, al escuchar Clodomiro el Ñajo, como usted afirma, en alguno de esos restaurantes, a usted se le olvidó “la musiquita”, le cayó mal el churrasco y le quedó clavado en el hígado “una libra de clavos y un formón…”

Si usted fuera más cuidadoso y menos mal intencionado, rencoroso e ignorante, (espero no sea periodista), debería preguntar en la SGAE (Sociedad General de Autores de España), donde mi hermano Carlos tiene registrada toda su obra musical, que además de La Consigna son como 200 canciones más. O quizás, lo que ha querido decir, es que en los últimos años no ha habido en nuestro país nada impactante (más que las enormes tarimas y el cachimbo de flores, algunas importadas, los inmensos rótulos de carretera con la imagen del caudillo) que en vez de inspirarnos a componer canciones, nos llena de coraje por el engaño con la consigna pirateada de “Arriba los pobres del mundo”.

Usted, señor Escobar Polanco, que no sé si vive en Nicaragua y sólo ve el Canal 4TV y escucha Radio Ya, afirma que hay un nuevo Carlos. Tiene razón, hay ahora un Carlos Mejía Godoy con la garganta destrozada por los miles de conciertos gratuitamente ofrecidos dentro y fuera de Nicaragua para defender la Revolución Popular Sandinista. Un Carlos Mejía Godoy que junto a Los Palacagüina convocó a miles de personas en varios países de Europa para recaudar fondos para el FSLN, para la solidaridad en la lucha contra Somoza y en la defensa de la agresión norteamericana durante más de una década, y nunca vio un centavo de ese dinero que venía directamente a la arcas del FSLN.

Pero usted, no sólo desconoce esta parte de la historia, sino que comete la estupidez de comparar a mi hermano del alma, con el reo Arnoldo Alemán, rehén de Daniel Ortega para sus propios intereses y como parte del Pacto. Con Franco, me imagino que se refiere al fascista dictador español… (si lo escuchan los españoles, hasta los más reaccionarios le dirían que usted es un imbécil). También lo compara con Alberto Luna (que me imagino que usted conoció a ese Coronel de Somoza y que por cierto, una vez mandó a echar preso a Carlos por cantar sus canciones en los barrios pobres de Managua, ¿no lo habrá denunciado usted…? Y no le basta con eso. Lo acusa de “matón de barrio” porque agredió al periodista Nelson Hurtado (un error indiscutible por lo que pedió disculpas públicamente).

Nunca le hemos negado ni prohibido al pueblo que cante nuestras canciones, por el contrario, nos sentimos orgullosos que dentro y fuera de nuestro país, todos los Nicaragüenses hagan suyas nuestras canciones. Nunca hemos perseguido a los revendedores de los discos pirateados por los “tiburones” que son los que realmente se lucran de las canciones de todos los artistas nacionales. Si queremos un Estado de Derecho, pues, simplemente tenemos derecho a lo que la Ley de Derechos de Autor dice, y por eso hemos prohibido y desautorizado al FSLN, su gobierno y sus medios de comunicación a que sigan utilizando nuestra obra musical (porque lo siguen haciendo hasta el día de hoy). Ahora la demanda está en manos de nuestros abogados. Ellos sabrán qué hacer con esta situación inédita en que el Gobierno Ortega-Murillo y la empresa familiar que es el FSLN son los piratas más grandes del país.

Finalmente, usted, termina matando a mi hermano. Lo entierra, y ya cuando parece que sólo falta ponerle la plancha de cemento y seguramente un epitafio que rece: “aquí yacen los restos de quien en vida fuera Carlos Mejía Godoy, el muerto que quisimos llorar o imitar, pero que no se lo merece…”; entonces, lo vuelven a resucitar, y en un acto de malabarismo increíble, lo sacan de la tumba, lo ponen como un fantasma en los mítines políticos “de la derecha”, y lo vuelven a matar, es decir, lo rematan y le desean “paz a sus restos”… Aquí sólo le faltó incluir, de fondo, con música de Chicheros, tocando, en versión de Son de toros, la canción de John Lennon que piratearon para la Campaña Presidencial, y una corona de flores (con lirios importados de Costa Rica) enviada de parte de El Pueblo Presidente.

Mi madre, que vive en Somoto y tiene 92 años, sabe que ya nos han matado varias veces. Ella lo único que nos dice es que tengamos mucho cuidado, y lo tenemos, pero dormimos tranquilos sin necesidad de menjunjes, agüizotes y sontines... Ella nunca nos ha dicho que dejemos de cantarle al pueblo porque sabe que ese día sí, realmente, moriríamos de verdad.