Jorge Eduardo Arellano
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A mis 18 años me encontraba cursando el segundo año de la carrera de psicología. Hasta el momento me concentraba en aprender todo lo que se me enseñaba y obtener un porcentaje adecuado a fin del cuatrimestre, para mantener la beca que me permitía seguir estudiando. Una mañana, mientras recibía una clase más, algo en mi cambió, el tema de ese día era “Abuso sexual”. Todo lo que el profesor decía lo escuchaba (yo sentía que estaba tan lejos…) pero sentía que yo estaba tan lejos del salón de clases. Hoy sólo recuerdo de ese día haber levantado la mano y decirle al profesor y al resto de la clase “profe, no sé si de lo que me acabo de acordar es cierto; tengo una imagen en mi cabeza horrible: me veo a mi de niña y un hombre me toca…” Las lágrimas rodaron y luego mi amiga y compañera de carrera levantó la mano y dijo algo similar; hoy en día ella, otras compañeras y yo, nos encontramos en proceso de recuperación emocional debido a lo que muy a mi pesar muchas/os niñas/os aún viven en este mundo, el ABUSO SEXUAL.

Luego de haber recordado algunos episodios del abuso sexual que viví, hice muchos intentos desesperados por, según yo, “ser normal”. Tenía la creencia de que “eso” ya había pasado y no tenía por qué afectarme; me decía a mí misma “fue hace mucho tiempo, no tiene por qué fregarme la vida ahora”; pero no lo conseguía. No conseguía estar en paz conmigo misma, mientras más huía de los recuerdos, más me enfermaba. Era casi normal encontrarme deprimida, con dolores de cabeza, vómitos, desmayos, y cuando no estaba así, trataba de olvidarlo todo en una disco bailando y bebiendo, según yo disfrutando de la vida, después de todo tenía la excusa perfecta: era joven y podía hacerlo. Ahora sé por qué lo hacía, hoy sé que andaba buscando desconectarme del dolor, la rabia, el odio, la tristeza y la frustración que no lograba expresar con lágrimas o con palabras.

Me tomó tiempo reconocer que el abuso sexual me había ocurrido, que no era un invento de mi cabeza y sobretodo que esa vivencia me había dejado secuelas terribles en todos los aspectos de mi vida. Ese miedo aterrorizante y paralizador que sentía de niña aún continuaba ahí, sólo que ahora ya sabía a qué se debía, ahora entendía que era eso “feo” que sentía cuando mi mamá se iba a trabajar y me quedaba al cuido de mi hermana (cuatro años mayor), que hizo todo lo que una niña puede hacer por cuidar de otra niña. Ahora recuerdo que mientras mi hermana lavaba trastos, el abusador entraba a la casa y hacía conmigo lo que quería.

Cuando sentí la necesidad de trabajar en mi recuperación emocional me preguntaba: ¿En realidad es posible sanar de algo tan duro y doloroso como lo es el abuso sexual? ¿Qué podía hacer para sanar? ¿A dónde podría ir? ¿Dónde estaba esa ayuda? ¿Dónde estaban las/os expertos/as?
Aún recuerdo como si fuese ayer cuando conocí a Brigitte Hauschild y su sueño de traer a Nicaragua los grupos de apoyo mutuo para sobrevivientes de abuso sexual; fue también una de las primeras veces que escuché el término sobreviviente y me reconocí como tal. Hoy Brigitte es para mí la prueba viviente de que se puede sanar del abuso sexual; cada vez que la escuchaba hablar de su recuperación me decía: “Eso quiero hacer yo, eso quiero para mí, SANAR”.

Hablando con ella me recomendó iniciar un proceso terapéutico con alguien con quien yo me sintiera cómoda, y una vez que se inició el primer grupo de apoyo mutuo en Nicaragua (GAM) me incorporé. En estos espacios encontré las respuestas a mis preguntas, ahí estábamos las expertas en abuso sexual, las propias sobrevivientes, ahí estaba la ayuda que necesitaba, estaban conmigo y yo con ellas.

En estos espacios no encontré a nadie que me dijera: “Olvídalo ya pasó, no hablés más de eso, sólo te hace daño”. Viví la libertad y la confianza para hablar de lo que para mí significaba ser sobreviviente. Mientras hablaba y lloraba, sacaba todo ese dolor que por años guardé; hablé no sólo del abuso, sino de todo lo que hice para sobrevivir, de lo consternada que estaba porque aún en pleno siglo XXI y con toda la modernidad de estos tiempos el abuso sexual sigue ocurriendo en nuestras narices.

Cada vez que me preguntaba con mucho dolor, rabia y tristeza, ¿por qué yo? ¿Por qué me pasó a mí?, me decía: “fue cuestión de mala suerte o de ser una persona salada”.

Cuando comencé en el camino de la recuperación me iba percatando de que junto conmigo estaban muchas personas, mujeres y hombres que también habían vivido abuso sexual; me di cuenta que el abuso no se trataba de ser salada o no.

Hoy aspiro a poder hablar del abuso sexual que viví sin que me duela, sin racionalizarlo, sin disociarme, sentirme, darme todo el amor que pueda, poder ver más allá del blanco o el negro, verme sin culpa, sacar esa tristeza y ese enojo, no hacerme daño ni a mí ni a nadie, disfrutar de mi cuerpo sin sentir asco, poder hablar ante figuras de “autoridad” y NO QUEDARME CALLADA ante nadie, ante ningún atropello.

Me ha servido tanto el trabajar en mi recuperación y lo que veo ahora es que también me sirve para dar más al trabajo que realizo. Ahora le encuentro sentido al principio de: “nadie da lo que no tiene”. Se escucha tan simple, pero muchas veces lo hacemos tan complejo. Ahora sé que por más que hubiera querido acompañar a las personas con las que estaba no lo hubiera podido hacer, porque antes no lo había hecho conmigo y no tenía la fuerza suficiente como para estar ahí para ellos. Ahora lo siento, siento la diferencia entre el estar ahí para vos misma/o darte a ti la atención que merecés, y luego poder salir a cambiar algo o a luchar por lo que creés. Mientras no nos trabajemos nuestros dolores, no podremos hablar de cambio social, o de cualquier otro cambio. Ahora sé qué significa eso tan simple “Nadie da lo que no tiene”: no puedo comprender el dolor de nadie si no me he comprendido mi dolor; aunque tenga toda la buena intención del mundo por querer ayudar, primero tengo que ayudarme a mi misma/o.

Estoy convencida de que nunca terminamos de crecer, y hoy trato de no enfocarme tanto en los años que me faltan por sanar, si no en lo que he ido consiguiendo sanar.


*georkej1@yahoo.com