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Es tan profunda la precariedad del proceso electoral, producto del pésimo trabajo efectuado en los últimos años por el Consejo Supremo Electoral (CSE), que el gobierno debería estar volcando todos sus esfuerzos para que las elecciones se lleven a cabo lo más correctamente posible. Todo indicaba que el CSE debía de “andar en puntillas”, como si estuviera “en capilla”, cuidándose al máximo, pero de manera incomprensible sucede todo lo contrario, pues la maquinaria política oficial le ha declarado la guerra a la alianza PLI-UNE y amenaza con inhibirles a sus candidatos a diputados. El PLC y ALN celebran y exigen la guillotina. Todos contra la casilla 13. ¡Es una locura!

No tiene racionalidad política que a las puertas de los comicios del 6 de noviembre, el presidente del CSE, Roberto Rivas, y magistrados de la Corte Suprema de Justicia, hayan creado una espada de Damocles para decapitar  al principal contendor del Frente. Es un absurdo, porque entonces, ¿para qué elecciones? Han advertido que podrían inhibir a la lista de diputados de Fabio Gadea Mantilla y Mundo Jarquín, so pretexto de los reclamos de tres facciones del Partido Liberal Independiente (PLI) que impugnan la personalidad jurídica que el mismo Consejo otorgó antes al grupo liderado por Indalecio Rodríguez y Eduardo Montealegre, lo que hizo posible la casilla electoral No. 13.

Recientemente, el Presidente Daniel Ortega parecía desesperado por darle alguna legitimidad a su cuestionada candidatura prohibida expresamente por el doble candado constitucional del Arto. 147 de la Carta Magna, por lo que después que el CSE diera a conocer su controversial reglamento restrictivo de la observación electoral, actuando como un Emperador, dijo que no se debía tomar al pie de la letra, que era flexible, lo cual luego permitió acuerdos con la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos para que formalizaran su presencia como observadores de los comicios de noviembre. Aunque sea en el último tramo, peor es nada.

Pero ahora, contra todo pensamiento lógico, pareciera que quisieran que no hubiera elecciones. ¿Qué ocurrió? Informe Pastrán ha informado que en la reciente fiesta de China Taiwán, circuló profusamente que encuestas internas revelan que Gadea alcanzó y sobrepasó a Daniel Ortega. Solo así tendría sentido la estupidez que se está cocinando. Los datos también habrían llegado a la cúpula de gobierno, donde en los últimos días se habría desencadenado una estela de miedo que va creciendo como una bola de nieve y se está convirtiendo en un pánico terrible que, además, ha liberado de su prisión al temible fantasma de la derrota electoral de 1990. Para quienes no solo quieren tener el poder cinco años más, sino varias décadas --como lo recomendó Hugo Chávez en la toma de posesión de Ortega--, hay que tomar medidas casi desesperadas para evitar el hundimiento, porque entregar el poder no está en la agenda del Frente.

De hecho, aunque haya un proceso electoral, para el partido de gobierno no está en disputa el poder. Recordemos que casi todas las encuestas del 2010 y de principios de este 2011 indicaban que ni unida la oposición ganaría a Ortega. En ese contexto le dan la personalidad jurídica del PLI al grupo de “Vamos por Eduardo”, que se asocia con el MRS, depone su candidatura Montealegre, y se sacan de la manga de la camisa a Gadea, por quien muy pocos daban un centavo, excepto los fanáticos de ”Pancho Madrigal”.

La gran sorpresa es que la fórmula Gadea-Jarquín tomó forma, fue creciendo, le arrebató al PLC la base social campesina del norte y centro del país, comenzó a ganar simpatías en las ciudades y se convirtió en una alternativa. Y fue más allá, porque se elevó tanto que polarizó la carrera electoral, empequeñeció al PLC hasta un 10% y casi exterminó a ALN, que ha estado marcando el 1%. El APRE, que ha estado fuera de forma en los últimos años, no tenía modo de recuperarse en un período tan corto.

El gran problema para el gobierno, es lo que se ha estado oyendo por toda la geografía nacional: que Fabio no solo alcanzó a Daniel, sino que lo dejó atrás. Por eso es que desde el poder hay una urgente necesidad de sacarlo de juego. La amenaza de las inhibiciones puede pretender, en un primer momento, introducir la desconfianza e incertidumbre entre el votante, para obligarlo a votar por otra casilla, porque, si les van a quitar los diputados, entonces ¿para qué votar por ellos? La otra opción es decapitar a sus diputados después de los comicios y en dependencia de cómo sean los resultados.

El Frente no está dispuesto a soltar el poder. A la cadena venezolana Telesur se lo dijo enfáticamente, con su característica manera de ser, nuestro Embajador en Perú, el famoso Comandante Tomás Borge Martínez: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder. Me es inconcebible la posibilidad del retorno de la Derecha en este país. Yo le decía a Daniel Ortega: hombré, podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos perder es el poder; digan lo que digan, hagamos lo que tengamos que hacer… el precio más elevado será perder el poder. ¡Habrá Frente Sandinista hoy, mañana… y siempre!”

No deja de sorprender la desfachatez, la falta de pudor, y también la soberbia desmesurada de estas declaraciones en las que Borge confiesa que le dijo al Presidente Ortega, que no hay que entregar el poder, incluso a costa de pagar cualquier precio, y de hacer cualquier cosa (hagamos lo que tengamos que hacer) sin importar lo que digan (digan lo que digan). Esta apología a la ilegalidad y la corrupción, quedará para la Historia como una de las frases más reveladoras de la naturaleza autoritaria de este pequeño grupo de hombres y una mujer que se ha entronizado en el poder. Parte de lo que dijo Borge, ya se está cumpliendo con el PLI-UNE.  

*Editor de la Revista Medios y Mensajes.