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Sin ningún temor, de que me tilden de “maricón”, porque si lo fuera tampoco creo tener algún problema (al menos ni con la gente inteligente ni conmigo mismo), creo que el gran error que cometió el candidato a la presidencia Fabio Gadea Mantilla fue manifestar públicamente su “homofobia” o desacuerdo con las minorías identitarios. “Minorías” no en su connotación cuantitativa, sino en el sentido de potencial revolucionario frente a la norma institucionalizada, como lo manifiesta Gilles Deleuze.

Creo que mientras existan candidatos como él, cuyo pensamiento racista clasista y sexista le impide ver con seriedad, inteligencia y justica a la nación que pretende gobernar: nuestra Nicaragua seguirá muy lejos de un desarrollo en calidad humana (ya no digamos en los otros ámbitos de interés de desarrollo). Al final, creo que a veces esto es un asunto de inteligencia y humanidad que la “clase” o tanta educación no siempre suele corregir.

Por otro lado, tenemos un asunto que yo considero, un buen ejemplo contextualizado en Nicaragua, de cómo la sexualidad, algo tan individual, íntimo  y/o personal, se vuelve en un cálculo más de poder político, en este caso, para conseguir seguidores o votos en las próximas elecciones. Todos  hemos sido testigos de cómo el partido en el poder  ha utilizado las declaraciones del candidato Fabio Gadea  como contra campaña, a fin de que Ortega pueda “ganarse” el voto de las minorías.  Esas minorías a las que dice representar. Y del tercer candidato, ya ni digamos nada: si de promesas se tratara salir de la pobreza…

Me  llenaría, aunque sea de optimismo, observar a candidatos que le apostaran  por garantizar justicia a estos grupos y micro-grupos socialmente marginados. Y no sólo para gays y lesbianas, si no para las posibles variantes de sexualidad, identidades, razas, etnias etc.  Se trata de que a nivel, verdaderamente, de gobierno y Estado se hagan visibles las minorías (y no sólo) para concederles privilegios y derechos a algunos grupos, dejando de un lado a otros. Se trata de que necesitamos un gobierno hiperidentitario, que no cause de ninguna manera exclusión.

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