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Tomada del griego, dialektos, la palabra dialecto pasó al latín (dialectus) y significa según Corominas (2000) “manera de hablar”. Pero los dialectólogos modernos consideran el dialecto como una “variedad regional de una lengua” (Rosales Solís, 2008). Nicaragua –como cualquier país hispanohablante- tiene su “manera de hablar”, es decir, su forma particular de decir las cosas que la puede diferenciar de otra comunidad lingüística por la pronunciación, el vocabulario, etc. Es el caso del sustantivo “cuecho”, una voz dialectal privativa de nuestro país con sus tres acepciones: a) resto de cosas inservibles o de poco valor, b) rumor sin fundamento y c) dicho o expresión inoportuna e impertinente.
Nuestras voces populares y los préstamos
Sin embargo, como no hay grupo humano que no mantenga relación con otro u otros, ninguno se escapa a una lógica y recíproca influencia lingüística. Los préstamos ocurren no sólo entre lenguas distintas, sino dentro del mismo sistema. Por eso, en el léxico popular de Nicaragua, hay también términos compartidos con el habla de un país en particular.

Con el habla popular cubana (véase Paz Pérez, 1998) se comparten algunas voces, como: ballena (‘gordo’), federico (‘feo’), feto (‘feo’), jeva (‘joven bonita’), ladilla (‘fastidioso’), bróder (‘amigo’), chimenea (‘fumador’), jama (‘comida’),  jamar (‘comer’), cervatana (‘cerveza’), bejuco (‘teléfono’), cirilo (‘sí’), diazepán (‘profesor aburrido’), bisnero (‘vendedor o comerciante’), chiripa (‘suerte o casualidad’), despelote (‘desorden o alboroto’).  

Del diccionario de uruguayismos, 1000 palabras del español del Uruguay (1998), publicado por la Academia Nacional de Letras del Uruguay entresacamos la siguiente muestra: machona (‘hombruna’), acalambrar (‘infundir miedo’), gil (‘tonto’), limones (‘senos de la mujer’), soplar (‘transmitir en voz baja la respuesta en un examen’), tarúpido (de tarado y estúpido: ‘persona torpe, de ideas absurdas’).

Hay también voces compartidas con el habla de los argentinos, según el Nuevo diccionario de argentinismos (1993), como: billulla (‘dinero’), bombear (‘tener relaciones sexuales’), cráneo (‘muy inteligente’), maceta (‘cabeza’), borrarse (‘irse o alejarse rápidamente de un lugar’).

De muchas voces que podemos citar del español hablado en México, mencionamos: cruda (‘malestar como resultado de la embriaguez’), el reflexivo rajarse (‘claudicar’) y el ofensivo hijo de la chingada.

En el habla popular costarricense (véase Arroyo, 1971 y Quesada Pacheco, 2000) encontramos: goma (‘malestar después de la embriaguez’), jalencia (‘noviazgo’), jícara (‘cara’), achantado (‘desanimado’), a güevo (‘obligadamente’), al rato (‘luego’), balines (‘frijoles’), carnavalear (‘divertirse’), carbonear (‘indisponer’), cascarudo (‘desvergonzado’), chante (‘casa’), charola (‘ojo’), chorizo (‘negocio’), concha (‘desvergüenza’), deschavetado (‘alocado’), deschavetarse (‘trastornarse’), echar los perros (‘enamorar’), enculado (‘muy enamorado’), foquis (‘trasero’), a todo ful (‘con mucha rapidez’), guachear (‘observar’), improsulto (‘insoportable’), lechero (‘con mucha suerte’), metiche (‘entrometido’), riña (‘ladrón’), roco (‘persona de edad avanzada’), suave (‘con moderación’), timbuco (‘barrigón’), traido (‘enemistad’), tuani (‘muy bueno, excelente’).

De El Salvador (véase Matías Romero, 2005) identificamos: absoluto (‘hijo de dominio que no se somete a la autoridad de sus padres’), aburrición (‘aburrimiento), aculado (‘acosado, puesto en situación difícil y sin salida’), agradecida (‘dícese de la planta que fácilmente se pega o echa raíces’), aguasal (‘lugar con mucho agua’), águila (‘listo, astuto’), balines (‘frijoles’), birria (‘cerveza’), bolas (‘testículos’),  botamáiz (‘ano’), bustuda (‘mujer que tiene busto abultado o más grande que lo normal’), cabadura (‘fluido seminal’), caballada (‘acto grosero y descortés’), cabezal (‘vehículo pesado con un dispositivo en la parte posterior para remolcar contenedor de carga’), cachimbazal (‘montón de cosas’), cachinflín (‘buscapies’), deschavetado (‘alocado’).

Y de Venezuela citamos el término “chévere” usado para referirse a una cosa bonita, elegante, agradable, acepción extendida a varios países hispanoamericanos, particularmente Honduras, Panamá, Ecuador, Perú, Colombia, República Dominicana, Puerto Rico y Bolivia.
Préstamos entre variantes interdialectales
Lázaro Carreter afirma que el préstamo “puede realizarse también dentro de la misma lengua, cuando algún término de una jerga se incorpora a la lengua general, o viceversa”. Muchas voces propias de nuestra habla popular se incorporan al repertorio léxico del adolescente, algunas conservando en ciertos casos el mismo significado, y otras, con ligeras variantes (véase Matus Lazo, 2004). Del primer caso, encontramos los siguientes términos: acelere (‘inquieto o hiperactivo’), achantarse (‘acobardarse o desmoralizarse’), ateperetado (‘alocado o desequilibrado’), basuquero (‘borracho consuetudinario’), bisne (‘negocio’), bolenca (‘borrachera’), boludencia (‘haraganería’), breti (‘trabajo’), calandraca (‘flaco y enfermizo’), cañambuco (‘sin prenda interior’), carambada (‘objeto cualquiera’), conchudo (‘desvergonzado’), chachalaca (‘persona parlanchina’), chafista (‘bromista’), chinchintorra (‘persona insolente y altanera’), chino (‘confuso o enredado’), chonista (‘vividor o arribista’), desmadre (‘desorden o alboroto’), encholpar (‘encarcelar’), flato (‘problema o dificultad’), gorrudo (‘enojado o molesto’), güesera (‘lugar de desperdicios u objetos desechables’), muca (‘borrachera’), premio (‘embarazo’), querque (‘golpe dado en la cabeza con los nudillos de la mano cerrada’).

Voces dialectales compartidas con otras hablas
Pero hay también voces del habla nicaragüense, compartidas con varios países a la vez (véase Renaud Richard, 2006). Citemos una muestra: chillar (delatar) significa lo mismo en Guatemala y El Salvador; vivandera (vendedora de víveres en los mercados) es empleada igualmente en Centroamérica y Perú; tuca (troza) es compartida con Honduras, Costa Rica y Panamá; tuco (trozo o pedazo) es igual en Honduras, Costa Rica, Panamá y Ecuador; troncal (línea de una carretera principal) significa lo mismo en Honduras, El Salvador, Guatemala, México y Argentina; torcido (desafortunado, que sufre desgracias sucesivas) es una voz compartida con México y todos los países de Centroamérica; botadero (basurero) significa lo mismo en Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú y Chile; caballo (estúpido) significa lo mismo en Costa Rica, Guatemala, Antillas, Colombia, Perú, Argentina y Uruguay; emergente (bateador suplemente) es el mismo de Costa Rica, Puerto Rico y República Dominicana; sabanear (vigilar el ganado) es igual en Guatemala, Colombia y Venezuela; pencón (magnífico) significa lo mismo en Costa Rica y Guatemala; peoresnada (cónyuge) es igual en México, Guatemala, Panamá, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Paraguay, Argentina y Uruguay. Como quien dice: “Cada quien tiene su peoresnada”.

Ya lo hemos visto, en las variedades regionales –como en el español supranacional- hay también un fondo común que nos hermana con los demás pueblos hispanohablantes.

Lazormatuslazo@cablenet.com.ni