•  |
  •  |

Quizá este proceso electoral llegue a su término infeliz o feliz –según sea la acera desde donde se mire— y no logremos conocer toda la cantidad de argumentos justos contra su falta de transparencia y las  ilegalidades sobre las cuales lo han montado. Tampoco se agotarán los ejemplos históricos que, desde su inmortalidad,  nos enseñan los héroes y los mártires acerca de cuántas razones existen para repudiar la actitud de quienes este proceso electoral lo han concebido y lo conducen con todos los vicios.  Pero, por desgracia, los buenos y malos ejemplos nunca se han visto copiados en otras condiciones históricas, distintas a las que hubo en su tiempo.

Lástima, pues, que no ha hayan ni puedan haber  fotocopias de la historia.  Porque si existieran y fueran utilizables, el ejemplo de “Los 27” representantes de organismos opositores –encabezados por Pedro Joaquín Chamorro Cardenal— que en 1974 no tuvieron por quién votar, sería una opción cívica válida para aplicarla en “nuestras” elecciones de noviembre.  Pero es imposible hacerlo, porque hoy no existe, como en 1974, cuando Somoza Debayle se iba a reelegir, un antecedente indignante como la masacre del 22 de enero de 1967, cuando se hizo elegir la primera vez.  

También si existiera y fuera utilizable la copia histórica de los sucesos y las luchas previas a la otra reelección que Somoza Debayle se preparaba para 1980, sería otra copia ideal a utilizarse, aunque, entre varias razones, su carácter militar sangriento no sería posible en las condiciones actuales, ni hay sector político ni social en conflicto con la reelección de Daniel Ortega, que quisiera utilizar esa opción violenta. Las razones huelgan.  

Aterrizando, entonces, pienso que sólo quedan dos opciones, la de votar y la de no votar. Y el ciudadano tanto derecho tiene para votar como para abstenerse de hacerlo y en cualquier forma que lo se desee.  Pero, por lo visto y sentido entre la opinión pública hasta hoy expresada, la mayoría parece estar optando por votar.

Ahora nos queda la realidad tal cual. Por exclusión lógica de Daniel Ortega, de entre los candidatos, y de Arnoldo Alemán, como candidato de oposición, solamente quedan tres candidatos, y entre ellos, sólo Fabio Gadea Mantilla representa una opción plural en lo ideológico, y por ello, un nuevo proyecto político, el cual –tantas veces se ha dicho—, significa un hecho distinto a lo tradicional en política. ¿Por qué? Porque en su alianza las ideologías de una tendencia y de otra no desempeñan ningún papel divisorio, porque prevalece la convicción patriótica de no permitir la instauración de otra dictadura, aunque intente disfrazarse como quiera. Será la misma mona dictatorial, y mona dictatorial se quedaría, aunque  se vista de seda “cristiana, socialista o solidaria”, pues no podría ocultar sus orlas de la corrupción.

No acostumbro utilizar mis comentarios para hacerle propaganda política a nadie, y esta vez tampoco será. Pero confieso mi decisión de votar por el candidato de la casilla 13, por las muchas razones ya  expuestas en muchos de mis comentarios, entre las que sobresale la cuestión de la diversidad ideológica y la tolerancia política mutua, demostrada hasta hoy en la Alianza-PLI, y por el objetivo común de la mayoría impedir la reelección ilegal de Daniel Ortega y hacer prevalecer el pluralismo democrático.

Si no convertiré este  espacio en END en un medio de propaganda de Fabio Gadea Mantilla, será por respeto al periódico, a sus lectores, a la pluralidad que como candidato él representa, y a mí mismo. No obstante, eso no me inhibe de opinar sobre cuestiones que se refieran a este candidato en lo político, porque él es un ciudadano público, y yo soy un ciudadano libre de opinar. Nunca he tenido una relación personal ni política con Fabio Gadea Mantilla, aunque le conozco desde 1955, cuando él comenzaba a ser un hombre de radio.  

Fui crítico de su posición política en los años ochenta; nunca he sido oyente asiduo de su “Pancho Madrigal” y estoy seguro de que no tenemos muchas opiniones en común. Pero siempre tengo presente un gesto suyo –pluralista y valiente— cuando recién inaugurada su Radio Corporación (1965) abrió sus micrófonos y su local para que se efectuara uno de los varios diálogos políticos, auténticas polémicas ideológicas, que hubo entre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Orlando Robleto Gallo y otros socialcristianos por una parte, y por la otra parte, Mario Flores Ortiz, Álvaro Ramírez González, Manuel Pérez Estrada y otros socialistas.

¿Alquiló la radio o la ofreció gratuitamente? Nunca lo supe, pero como hubiese sido, aquel acto fue de gran valor, no sólo por su pluralismo, sino también por haber sucedido en los duros días de la dictadura.  Con aquella muestra de respeto por la libertad de expresión de socialcristianos y socialistas, Gadea Mantilla arriesgó su libertad personal y la existencia de su radio. ¿No tendrá ningún valor eso ahora? Para mí, sí que lo tiene, como entonces lo tuvo.

Recuerdo todo esto, no tanto para elevar la imagen de Fabio Gadea como candidato, sino para demostrar, una vez más, que el mundo y la sociedad no son bicolores, como siempre han pensado los sectarios, entre los cuales yo me encontré un día.