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En Nicaragua carecemos de educación respecto de salud mental. Los pacientes psiquiátricos son vistos como una desgracia para la familia y una carga para la sociedad.  Se medio atienden las enfermedades corporales y se olvidan las mentales, como si no  determinaran el correcto funcionamiento del organismo.

Desde la antigüedad, los pacientes psiquiátricos han sido vistos como personas de segunda clase. Afrontan un problema cultural que los considera poseídos por el demonio. Tienen que padecer su desgracia en silencio.  

Para principiar solo hay un centro hospitalario destinado a atenderlos. Es el Hospital  Psiquiátrico de Managua que brinda una atención deficiente. Allí se ve a los enfermos  en las peores condiciones. Tiene 160 camas que no cubren la demanda de más de 500  pacientes que requieren atención cada año. Los medicamentos no están al alcance de los  afectados. El costo de las medicinas es enorme. Sólo el centro de salud Pedro  Altamirano de Managua, las brinda de manera gratuita aunque limitada.

Una consulta psiquiátrica anda por los mil córdobas y los medicamentos andan  por los 3  mil.

En los hospitales departamentales no existen camas para pacientes con trastornos mentales. El hospital de la Policía tuvo un servicio disponible, pero se ignoran los motivos por que lo suspendieron. Esto provoca que los pacientes tengan que emigrar a Managua para recibir la atención que necesitan.  

Las causas de la discriminación y  rechazo que enfrentan muchos enfermos mentales son varias. Hay temor en torno a las enfermedades mentales, por la mucha desinformación y lo que ignoramos de ellas. Las creencias populares influyen negativamente en la percepción de la enfermedad mental, ya que dentro de la cultura existe un componente mágico. Mucha gente considera que los enfermos mentales son endemoniados. Por eso encierran al enfermo y lo maltratan. Lo mantienen desnudo y amarrado. El otro problema de la enfermedad mental se relaciona con la identidad, ya que nadie quiere que lo identifiquen con alguien considerado diferente. La enfermedad  mental genera discriminación. Las enfermedades mentales, están muy ligadas al terror y  al miedo a estar enfermos.

Las enfermedades mentales tienen un estigma muy grande, ya que generan mucha ansiedad. Nadie quiere que lo acusen de loco, ni que lo lleven a un hospital siquiátrico.  Para una familia tener un enfermo mental representaba un castigo divino, una maldición  por pecados cometidos y ese miedo persiste en la sociedad. Los discriminamos por que  son diferentes y rompen el molde común.

La sociedad y el medio no están acondicionados para hacerle frente a las enfermedades  mentales. A nivel estructural no existen centros que brinden atención adecuada, ni a  nivel social, ya que aún existe mucho rechazo y discriminación hacia estos enfermos.

Hay gran temor a las enfermedades mentales, porque hay mucha desinformación y es mucho lo que de ellas ignoramos. Las creencias populares influyen negativamente en la percepción de la enfermedad mental, ya que en nuestra cultura existe un componente mágico.

La gente considera que los enfermos mentales son personas poseídas por el diablo. Por  eso encierran al enfermo mental y lo maltratan porque hace cosas extrañas que atentan  contra la normalidad que defendemos. Nadie quiere que lo identifiquen con alguien  considerado diferente e interviene el sentimiento de aceptación que ansiamos de los  demás y la enfermedad mental genera discriminación y rechazo.

Si el gobierno quisiera mejorar algo en este sentido tienen a un paso un ejemplo magnifico. La atención que brinda Cuba a sus pacientes y una institución ejemplar como el Hospital de Mazorra. De los otros no hay que esperar nada. Todos los candidatos ni oyen ni ven el problema.