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La base fundamental que sustenta el ámbito subjetivo de la percepción o sensación de seguridad es la confianza en dos sentidos: i) hacia las instituciones de la seguridad y la justicia en particular y en el sistema estatal y político en general, y ii)  confianza interpersonal, es decir hacia los individuos con quienes nos relacionamos en la familia, la escuela, la comunidad, la ciudad y el país.

Refiriéndonos al primer aspecto, la confianza se alimenta de respuestas efectivas e información precisa y oportuna.  La credibilidad de la fuente y la manera de comunicarse, los medios para transmitirla y cómo es percibida por los destinatarios,  pueden abonar o no a la confianza.  En la interpretación del mensaje por el receptor final sobre un acontecimiento, influyen: educación, sexo, edad, condición socioeconómica, opinión política, creencia religiosa, antecedentes y estado de ánimo del individuo.  La situación de quien recibe una información sobre hechos relativos a la seguridad ciudadana,  no es ajena al contexto político-social del país, de tal manera que la persona condiciona su opinión y es influenciada ineludiblemente por ese ambiente. Hay individuos más influenciables que otros; cuando el nivel educativo de la población es menor, es más fácilmente  influenciable y dependiente.

La duda, fundada e infundada, se motiva frecuentemente  en el deterioro de la confianza en quien transmite el mensaje.  Cuando se tiene confianza, se cree, cuando se desconfía no.  Se asume, desde los prejuicios de las personas, como cierto o falso algo en dependencia de quién y cómo lo dice. Hay distintos grados de confianza social en dependencia  de las características de las personas y los grupos sociales que reciben información. Ello no depende exclusivamente de la policía, sino también de la tensión del país lo que sesga las opiniones, predispone y polariza.

En el “postmodernismo” actual, precisamente por no saber cómo enunciarlo, y del cual ninguna sociedad está exenta, la “comunicación” adquiere un valor creciente, inmediato, global, virtual y hasta de “espectáculo”, la inseguridad subjetiva tiene mayor connotación y genera un círculo reiterativo de: desinformación – desconfianza – inseguridad – desinformación…  que hay que tratar de revertir hacia otro de: información – confianza – seguridad – información…

Las personas pueden predisponerse ante la información que reciben, en su interpretación,  calificación y aceptación, por sus paradigmas y prejuicios personales, políticos, religiosos y sociales, por sus creencias, tradiciones y hábitos. 

El receptor es heterogéneo y diverso. Igual mensaje tiene distintas interpretaciones, mientras unos lo exaltan y justifican, otros simplemente lo aceptan y hay quienes lo rechazan y atacan.  Las cosas nunca son totalmente aceptadas ni rechazadas. Cuando una porción significativa y creciente comienza a rechazarlas, entonces es evidente que algo no está funcionando, que no se están interpretando o valorando adecuadamente las apreciaciones y códigos sociales. Hay que prestar atención oportuna a ello, en caso contrario, se acumulan y reproducen, pueden generar costos institucionales y sociales mayores.

La Policía enfrenta desde lo externo problemas de tres tipos: i) los propiamente delictivos, ii) los que tienen causas o  expresiones de carácter social y iii) los que son (directa o indirectamente) de naturaleza política.  Los primeros constituyen  la misión de la Policía y sobre los cuales normalmente se dispone la operatividad y organización policial, debiendo adsorber la capacidad policial.  Los otros (sociales y políticos), no deberían ser el énfasis de la acción policial, por cuando su abordaje radica en esferas distintas del Estado y la sociedad, aunque indudablemente la policía debe lidiar con algunos efectos visibles e inmediatos.  

Durante los últimos veinte años, son los problemas de naturaleza  principalmente política y social, los que han implicado mayor desgaste en la actuación policial y por lo tanto desconfianza. En un contexto electoral, algunos sucesos propiamente delictivos adquieren con facilidad ribetes políticos. Son los que principalmente generan desajustes, imprecisiones y recriminaciones de organismos, sectores de opinión y medios de comunicación. Decisiones institucionales y comportamientos internos (nombramientos, ascensos, traslados, reformas organizativas, normativas, actos de corrupción, etc.), insuficientemente o tardíamente aclaradas, resueltos y justificados, pueden predisponer la confianza hacia la entidad policial y sus funcionarios (as), lo que se evidencia cuando, en el ejercicio de su actuación operativa, no logra convencer sobre su efectividad y respuesta. Cuando hay mayor confianza institucional, cuando los funcionarios(as) policiales son reconocidos y aceptados, la opinión pública puede ser persuadida con menos información y mas prontitud. Cuando crece la desconfianza, se requiere más información y “habilidad” para ser creído, incluso, aun diciendo la verdad, será más difícil que acepten como válidas las explicaciones.

Hay algunos acontecimientos delictivos recientes que continúan en los espacios mediáticos y expresan cierta desconfianza. Me refiero particularmente al lamentable asesinato del sacerdote Marlon Pupiro (21/8/2011) y al caso de amenazas anónimas contra la periodista de Jinotega, Silvia González.  Puede ser que la insuficiente credibilidad sobre la respuesta y explicaciones policiales y judiciales se derivó de información incompleta o inoportuna transmitida en el contexto político actual. Una vez que surge la “espinita de la duda”, puede ser manipulada; cuando en el tiempo prudente no se actuó o informó, se reproduce la especulación. Lo que se diga oficialmente después es “reactivo”, más que “reparar”, podría ahondar la incredulidad, aun cuando sea verdad.  Las actuaciones y explicaciones tardías, son adversas, dejan dudas. La desconfianza afecta la percepción de seguridad de las personas por lo que es necesario evitar se profundice.

La construcción de la confianza institucional es condición para la seguridad ciudadana y   la gobernanza. La confianza en la Policía no es rígida ni constante en el tiempo, se reduce o aumenta ante ciertos acontecimientos. Parte del funcionamiento institucional regulado y estable, funcionarios (as) profesionales y legítimos capaces de actuar oportunamente y transmitir de manera inmediata, transparente y apropiada la información sobre los acontecimientos en los cuales tienen competencia. Uno de los aspectos principales a conservar e incrementar en las entidades de seguridad pública es la confianza social, su deterioro afecta la credibilidad en lo que hacen e informan, genera percepción de inseguridad, que es un componente de la inseguridad ciudadana.

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