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Me refiero al artículo “La amnesia histórica de Gioconda Belli”, escrito por el señor Amaru Barahona y publicado en EL NUEVO DIARIO el pasado 12 de octubre. Según Barahona, Gioconda dice que votará por don Fabio Gadea porque considera que su gobierno se parecería al de doña Violeta de Chamorro, “un gobierno tolerante que no se subordinó a criterios partidistas, donde se escogió a sus funcionarios por sus capacidades, que respetó la Constitución y las leyes”.

Lo curioso del artículo del señor Barahona es que no comenta sobre don Fabio ni su contrincante Daniel Ortega. En lugar de ello, se dedicó a descalificar el gobierno de doña Violeta en base a tantas falsedades que me es imposible quedar callado.

Afirma Barahona que doña Violeta, “a contrapelo de la Constitución, nombró un primer ministro de facto, su yerno Antonio Lacayo”. Falso.

La Constitución vigente en 1990, bajo la cual tomó posesión doña Violeta y fui nombrado Ministro de la Presidencia, era la de 1987, en la cual no había ninguna disposición que prohibiera el nombramiento de parientes del Presidente en puestos de gobierno. Esa prohibición pasó a ser parte de nuestra Constitución con la reforma del año 1995, año en que terminé mis funciones en el Gobierno de doña Violeta.

Afirma también Barahona que “la restructuración de la Policía y el Ejército se realizó cumpliendo estrictamente las exigencias del Departamento de Estado de Estados Unidos”. Falso.

Bastaría con preguntarle a los Jefes de esas fuerzas en esos años, el General Humberto Ortega o los Comandantes René Vivas y Fernando Caldera, o a los altos oficiales en ambas entidades, si alguna vez vieron algún asesor norteamericano sugerir algo en torno a la profesionalización de esas instituciones. Es más, por ser independientes Nicaragua sufrió el corte de la ayuda norteamericana a mediados de 1992, por presiones del senador republicano Jesse Helms, con el argumento que doña Violeta no hacía nada por desmantelar el Ejército y la Policía “sandinista”. Helms exigía que se debía organizar un Ejército nuevo integrado por lo que llamaba “combatientes de la libertad”, es decir contras.

Afirma Barahona que “en los ministerios de doña Violeta se desató una verdadera cacería de brujas contra los funcionarios sandinistas”. Falso.

Sugiero a Barahona le pregunte al actual ministro del MTI, Fernando Martínez, el trato respetuoso que tuvo como alto funcionario de ese ministerio desde el primer día de nuestro gobierno. Martínez, junto con miles de funcionarios de los años 80, pudieron continuar en sus puestos bajo nuevos ministros y viceministros, hasta que por razones de sanidad presupuestaria hubo que reducir el tamaño de la burocracia para permitir que nuestra economía pudiera comenzar a revivir. Igual sucedió con los oficiales del Ejército y la Policía.

También afirma Barahona que “se inauguró la era de las orgías privatizadoras, se privatizó la banca pública, los servicios estratégicos del Estado (energía, telecomunicaciones, seguros, educación, salud y el agua)”. Falso.

El gobierno de doña Violeta jamás privatizó ningún banco. Eso lo hizo el siguiente gobierno.

Es más, capitalizó el Banco Nacional de Desarrollo para que pudiera seguir operando a pesar de las inmensas pérdidas de los años ochenta. Tampoco privatizó la energía, Unión Fenosa vino con el siguiente gobierno. Ni las telecomunicaciones, Enitel se vendió durante el siguiente gobierno. Iniser, como aseguradora del Estado, nunca ha sido privatizada. Ni se privatizó jamás ningún colegio o escuela, ningún hospital ni centro de salud, ni Enacal. Permitir que los padres de familia formaran parte de la Junta Directiva de los colegios, lejos de privatizarlos los hizo más eficientes, levantando el nivel educativo en esos años.

Barahona no solo se equivoca radicalmente en estas afirmaciones, como lo he expuesto, sino en otras más que por lo ridículo de su argumentación no ameritan respuesta.

Finalmente, afirma Barahona que “Como una Reina, doña Violeta cumplía funciones protocolarias y de imagen pública, y un primer ministro omnipotente, Antonio Lacayo, concentró todo el poder”.

Esto también es falso, además de insultativo para la primera mujer presidente de Nicaragua, y madre de la democracia en este país, según la consideramos muchísimas personas a quienes doña Violeta nos devolvió un país. La Presidenta Chamorro encontró a Nicaragua en guerra y la entregó en paz, un país con cincuenta años de dictaduras de derechas e izquierdas y lo entregó en democracia, un país con su economía colapsada, endeudada e hiperinflacionada, y lo entregó marchando en la dirección del crecimiento. Una inmensa labor constructiva que debería merecer el respeto de todo nicaragüense digno de tal nombre.

Ahora bien, si el señor Barahona quiere entregarme todos esos méritos, insistiendo en que yo concentré todo el poder y fui por tanto el autor de semejante logros, le agradezco pero no lo puedo aceptar. Los méritos fueron y serán siempre de doña Violeta.

Yo solamente fui un servidor público bajo las órdenes de una presidenta profundamente democrática, junto a un gran equipo de hombres y mujeres que no teníamos filiación partidaria y que, en parte por ello como dice Gioconda Belli, logramos hacer que el país avanzara.