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La oposición antisandinista que encabeza Fabio Gadea, sueña con una arrolladora y sorprendente victoria electoral, fantasía política sin sustento real, ya que no hay ni un solo indicio objetivo que confirme tal sueño. En caso contrario, los “sectores democráticos” ya tienen su plan “B” alternativo, el “egiptazo.”

En declaraciones al canal 51 de Miami, de la cadena Telemundo, Gadea hizo dos graves advertencias, que la prensa local se cuidó muy bien en no enfatizar, ya que resultó un completo fiasco de relaciones públicas.

La primera advertencia fue que su elección será “un violetazo”, en alusión a la sorpresiva victoria de doña Violeta en 1990, cuando todas las encuestas decían lo contrario. La segunda y gravísima premonición fue que “va a haber violencia en Nicaragua y no la voy a hacer yo, la van a hacer una serie de organizaciones que existen actualmente y que están violentándose frente al  poder electoral."

La “primavera árabe” o “la primera revolución de Facebook” en Egipto, ocurrida este año fue convocada por este sitio cibernético en la cual  miles de jóvenes se manifestaron. La prensa mundial jamás dijo que fue una “revolución” mediatizada en donde Estados Unidos le dio atol con el dedo a la juventud egipcia. Esta “revolución de Facebook” fue un “Mubarakismo sin Mubarak”.

Los antisandinistas, quienes van de rodada y cuesta abajo en las encuestas, se consuelan con la ilusión de que Gadea repetirá el güegüense del 90, aunque el contexto sea diametralmente distinto. El descalabro opositor es tal que ni la carta pastoral católica  tuvo el efecto deseado, luego de las revelaciones policiales sobre el autor de las amenazas telefónicas anónimas.

El violetazo es categóricamente una imposibilidad política. En 1990 el país estaba en guerra, hoy está en paz. Semanalmente centenares de jóvenes retornaban en ataúdes de los frentes de guerra. Tal cosa no sucede hoy. En 1990 la inflación era del 36 mil %, gracias al bloqueo condenado por la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Hoy es del 9%.

En 1990, la oposición iba unida en un solo bloque. Hoy van chingasteados en 4 alianzas. En 1990 el gobierno difícilmente lograba pagarle a los empleados públicos, el Ejército y la Policía. Hoy existe sobrerrecaudación. En 1990 la economía estaba en estado de coma, hoy experimenta una pujante bonanza, confirmada por organismos internacionales.

Hoy los políticos de derecha ven desinflarse el mamotreto mediático de las llamadas telefónicas amenazantes, mientras la mayoría de la población se desplaza en flamantes y relucientes buses nuevecitos sin que el pasaje haya subido un centavo desde que Ortega asumió la presidencia.

Los derechistas ven desesperanzados que ni la Embajada de Estados Unidos ni la empresa privada los apadrinan, mientras el presidente Ortega recorre el país entregando títulos de propiedad a más de 150 mil familias y la población compra pollo importado a precios rebajados, neutralizando la zancadilla inflacionaria electorera que pretendían ciertos empresarios.

Mientras la derecha se despedaza mutuamente por el segundo lugar, sabedores que el primer lugar lo perdieron por su odio al pueblo durante los 17 años de su ridícula “economía social de mercado” que generó la estampida migratoria más grande de nuestra historia, luego que millón y medio de nicaragüenses abandonó el país, Ortega inaugura carreteras y la primera dama atiende a la niñez organizando una feria atendida por más de cien mil pequeñitos.

La derecha intenta re-editar en Nicaragua la ansiada “primavera árabe que con tanto éxito organizó la CIA por medio de Facebook en Egipto, calentando motores con la esperanza que al calor del ron Plata los Rejudines comanden una insurrección popular, seguida muy de cerca por la comunidad batistiana de Miami.

La oposición lleva años intentando sin éxito sentar en el banquillo de los acusados al presidente Ortega en la Corte de Derechos Humanos de la OEA o en su Consejo Político en Washington.  Las posibilidades que la comunidad internacional desconozca los resultados de las elecciones son remotas dado quue el escenario es la Organización de Estados Americanos, OEA.

La fuerte influencia política del ALBA quedó evidenciado por el aislamiento de los golpistas de Honduras, luego del derrocamiento del presidente constitucional Manuel Zelaya, resultando en la expulsión de Honduras de la OEA.  También Costa Rica intentó también sentar a Ortega en el banquillo, pero fracasó estrepitosamente quedando en ridículo en los foros internacionales.

La oligarquía antisandinista nunca fue capaz de superar  la amargura de su discurso antiDaniel. Jamás  logró articular una propuesta atractiva para las mayorías empobrecidas.  Enredados en su propia madeja de ataques despiadados  terminaron, huérfanos de imaginación, haciendo la misma oferta del gobierno, “pero mejor.”  Su incoherente y contradictorio discurso, jamás caló en la población.

La única opción real que le queda a una oposición que perdió la brújula, es aceptar su papel de oposición fallida, condenada por la historia a la irrelevancia. La oligarquía, que sobrevivió el naufragio de 1979, marcha rumbo a su propio funeral el 6 de noviembre. Ni violetazo ni egiptazo podrán detener la victoria de un pueblo que desde el 19 de Julio de 1979, no parará de andar jamás.