•  |
  •  |

En el ocaso de los 70 del siglo pasado, descubrí a Edgar Tijerino con su prosa llena de metáforas, describiendo eventos deportivos del momento que se vivía y que atrapaba por ese lenguaje expectante e ilustrativo que le imprimía, sus” Punto y aparte” de cada día en el diario La Prensa, los leía con fruición.

Seguramente bajo esa influencia empecé a escribir a  mano y después en la Olimpya que me prestaba Orlando Bustillo Salazar de mi natal Ciudad Darío, crónicas del equipo de baloncesto de la localidad que se distribuían de mano en mano. Tijerino es el culpable que desde secundaria me decidiera  estudiar periodismo.

Celebro la aparición del nuevo libro de Edgar ¡Bravo Denis! Donde más allá del béisbol y guardando los bates y las manoplas, se exalta la figura del pitcher granadino como persona con todas sus vicisitudes,  que logró vencer el obstáculo del alcoholismo que le permitió construir una carrera deportiva que llegó a su etapa cimera con el juego perfecto logrado en julio de 1991.

En el magnífico prólogo de Carlos Fernando Chamorro se pueden destacar algunos  aspectos esenciales que permitieron a Denis triunfar, vencer y tener esos valores personales que lo hacen ejemplificante: Sed de victoria, voluntad de hierro y un apoyo incondicional de su  esposa Luz Marina.

En “Edgar: Cronista y amigo”, Denis Martínez recuerda la primera vez que Tijerino lo  entrevistó y eso tuvo muchas repercusiones, ya que esa notas aparecidas en el periódico al día siguiente lo estimularon y lo comprometieron a seguir por la senda trazada: Ser uno de los mejores pítcheres del terruño.

Destaca de Edgar la tenacidad por “capturar la mayor cantidad de datos posibles, su  memoria siempre ágil y amplia, y el interés por archivarlo todo”.  Las palabras de Denis son también un homenaje a una amistad que han cultivado a lo largo de los años y que ha permitido situar los escenarios más allá del pelotero y el cronista.

Uno de los capítulos más emotivos del libro de Tijerino es el que aborda la etapa  sombría de Denis, la del túnel tenebroso de la adicción al alcohol. “Este es el capítulo más delicado, el que no hubiera querido escribir, pero al mismo tiempo, es el que dimensiona su terquedad en busca del enderezamiento requerido para renacer…” apunta el reputado cronista deportivo.

Ciertamente que fue la nebulosa que lo hubiera echado todo a perder. ¿Cuántas figuras  en el plano deportivo y en otras esferas se quedaron en el camino en busca de la gloria por culpa de adicciones de toda índole? Y ahí se yergue Denis imbuído de titánico deseo de salirle al paso a esa torcedura de la vida con fe y una fuerza de voluntad capaz de mover montañas.

“Me tomó desde 1976 hasta 1983, para darme cuenta que me estaba metiendo cada vez  más en esto”, le confiesa a Tijerino. Un arresto por conducir en estado de ebriedad fue la campana de alerta. El camino de la rehabilitación era el indicado. Denis se enfocó en el programa, esa misma noche se arrollidó y le pidió a Dios que le ayudara a ser fuerte para resolver el problema.

Sin Luz Marina a su lado, difícilmente Denis Martínez hubiera construido las grandes  proezas en el mejor beisbol del mundo. Ese lazarillo de Dios como diría Darío de Francisca Sánchez es el bálsamo que aviva, cuando todo parecía estar perdido”…estaba la presencia siempre luminosa y estimulante de Luz Marina, gritándole con su mirada, con su presencia, con sus brazos, ¡Levántate y vive, por vos y por nosotros!”

Y Chilo Mercado, esposa de Edgar  dueña de una prosa  firme y pragmática que denota  calidad--pese a lo prolongado de su retiro escritural—, escribe el capítulo “Nadie es perfecto”, donde celebra la amistad profunda que han cultivado a lo largo de los años con Denis y su familia que ha rebasado los límites estrictamente deportivos.

Edgar tiene otros proyectos y planes--se lamentaba—uno de estos días en su programa  radial Doble play que escucho desde que se fundó en 1981, de no haber podido escribir más libros de los que tiene ahora, pero los que vengan tendrán ese sello personal, ese estilo periodístico que lo ha caracterizado desde siempre.