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¿Cómo hacemos, para que el proceso electoral, las aspiraciones presidenciales,  el entusiasmo y el… odio, por uno y otro candidato, aterricen a la simple dimensión humana de nuestras pequeñas y efímeras cosas?
Debí colocar puntos suspensivos antes de la palabra “odio”, porque es muy raro encontrarse con partidarios que no caigan en señalamientos cargados más que por los hechos, por un sentimiento visceral, en el que “el otro”, es “lo peor”.

Pronto  nos creemos que en estas elecciones se juega el destino del planeta o como si el mundo nos hubiera encargado elegir al próximo sucesor del Papa. Al amado lo elevamos a serafín y al odiado lo reducimos a Belcebú. No hay término medio.

El diccionario de la RAE dice que odio es “Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. No se admite nada bueno, todo es malo. Y así, terminamos con una visión atrofiada de la realidad: o todo es blanco o todo es negro.  

El maniqueísmo patético otorga el rol del malvado de la película al gobierno, pero  olvidamos que si la Asamblea Nacional no funcionó como el máximo foro de la democracia, es porque salvo dignas excepciones en las distintas bancadas desde el PLC, FSLN, Vamos con Eduardo hasta el MRS, en vez de tribunos parecían especuladores del mercado subterráneo. ¿Culpa del Ejecutivo o de los actores legislativos? Sería bueno en estos días leer en voz alta “Los motivos del lobo”.  

Miremos los matices. Si las fuerzas políticas reunidas en el Parlamento, y las que formaron las alianzas decidieron ir en la misma boleta electoral con el Presidente Daniel Ortega, ¿acaso no están reconociendo que es potable su candidatura? La llegada de los observadores electorales de la OEA, y la presencia de la Unión Europea es, en lenguaje diplomático, un reconocimiento a los comicios de noviembre.

El CSE debe salir del claroscuro y dejar de regatear la acreditación a organismos nacionales como el IPADE y E y T. Inhibir a los candidatos PLI, por otra parte, perjudicaría más al Consejo que a la colectividad victimizada.

Incluso, dañaría directamente al comandante Ortega, quien en estos días se convirtió en el primer Jefe de Estado que estrena el Cambio Climático que nos azota  y lo enfrenta con eficiencia.

Cuando el Ejército llegó a las comunidades aisladas, no preguntaron si eran CPC. Sacaron a nicaragüenses con el agua hasta la cintura y los subieron a los helicópteros. ¿Qué es parte de sus funciones? Sí, pero no ocurrió así durante el Mitch. Luego de varias administraciones, sólo este gobierno se ocupó de los damnificados del Nemagón, cambiándoles las champas de la miseria por  viviendas serias.  ¿Por qué no reconocerlo? Lo cortés…  

Imponer el ganador
Si afilar la guillotina para el PLI no es políticamente  correcto, tampoco es una meritoria contribución a la democracia, imponer de antemano un ganador -- el escritor Fabio Gadea ---, saltándose no sólo el día de las elecciones, sino las mismas encuestas.  Hasta ahora, todos los sondeos marcan favorable al Presidente, y el resto no varía en la tabla de posiciones.

Pese a eso, el general Hugo Torres sentenció desde el MRS al mandatario: “Su derrota está asegurada, por el torbellino de votos a favor de Fabio y Mundo o por la ira del pueblo, si se atreve, en un acto temerario, a asaltar las urnas”.

En el diccionario RAE, Ira: enfado muy violento. Repetición de actos de saña, encono o venganza. Furia o violencia de los elementos.

La fragmentación naranja
Muchas guerras pasaron para que procuremos otra. Ninguna nos sacó del atraso. La ira, un deseo de venganza, no es un sentimiento que nos haga mejores ciudadanos. No creo sea el caso del revolucionario general Torres, pero hay una frase muy acertada del colega Carlos Salgado, que explica mucho de lo que vemos hoy: “Los resentimientos particulares no pueden convertirse en problemas nacionales”.

Pero si las actuales encuestas no son creíbles, remitámonos a las certificadas por el CSE, cuando nadie dudaba de su transparencia: en 1996, el MRS obtuvo el 1.33% y un diputado. Con este expediente, es muy apresurado hablar de “pueblo” y menos de su “ira”.   

En el 2006, el pueblo del MRS era del 6.9%. Pero de su lista oficial de cinco, apenas dos quedaron de la fragmentación naranja en el Parlamento.    

Con estos antecedentes, uno no puede aceptar a priori, un escenario de escritorio: que el PLI-MRS es el ganador de las elecciones y lo demás es fraude.

En vez de especular sobre un “asalto a las urnas”, y buscar culpables ajenos,  deben plantearse  a lo interno: “¿por qué nos dividimos más mientras nuestra multiplicación como colectivo se paraliza?”.

Montaigne, en sus Ensayos nos dice: “En el mundo no he visto monstruo ni milagro más concreto que yo mismo”.

Debemos terminar con el cuentecito de que el “monstruo” es el otro y el “milagro” solo nosotros. Alimentemos mejor al milagro nacional.

Cambiar los malos caminos  
No hay tal candidato querubín. Por el contrario, es necesario darle la dimensión humana a nuestra realidad electoral: la presidencia que está en juego este 6 de noviembre, no es una competencia entre Angeles y Demonios. Es entre hombres, con sus virtudes y pecados: un Comandante de la Revolución, un artista, un abogado ex Presidente, un ex oficial de la Guardia Nacional y un jurista.

Pablo Antonio Cuadra, al remitirnos a la histórica pugna de León Vs. Granada, nos dio a entender que cada uno de nosotros achacamos nuestros  defectos al otro, y peor, magnificándolos.     

Deberíamos revisar nuestras conciencias y dejar de clavarle las culpas al otro, eximiéndonos nosotros.  La Divina Palabra aconseja: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).