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Las elecciones despiertan muchas necesidades, propuestas, promesas, intenciones y expectativas en todos los niveles de nuestra población.

La educación es el bien social muy apetecido para sintetizarlo todo.  Su contenido esencialmente político y de gran alcance económico y social está moviendo el interés y la responsabilidad de todos los sectores.  Qué bueno que la educación adquiera ese poder de atracción y de convocatoria.  

En este mes se han hecho varios foros, reuniones, propuestas muy visibles aunque también se mueven grupos autoconvocados en torno de la educación.

En este artículo hago referencia a tres: EDUQUEMOS- Empresarios por la educación y COSEP; FUNIDES y el Foro de Educación y Desarrollo Humano.  Todos apuntan a la educación desde perspectivas propias.

Es muy importante tener presente cada una de estas perspectivas ubicando su despliegue en razón intrínseca y extrínseca de la educación.

La Empresa, en sentido amplio, se relaciona directamente con la generación de riqueza necesaria para la inversión nacional en educación.  A mejor educación, mejor desempeño de la empresa y más riqueza disponible en el país.

FUNIDES conecta el crecimiento económico y social en una permanente interrelación.  Lo económico y lo social necesitan actuar en una misma dinámica y dirección cuyo eje movilizador es la educación.  El crecimiento económico y el desarrollo social hacen juntos el mismo camino para el desarrollo.

El Foro de Educación y Desarrollo Humano está más conectado con el modelo de educación orientado al desarrollo humano sostenible en cuanto la política educativa vigente activa la educación como derecho humano fundamental y generadora de derechos.

En las tres perspectivas la educación necesita de recursos y a la vez genera recursos.  La educación es el principal capital de un pueblo.  Nadie lo pone en duda, es ya casi dogma de fe humana.  De hecho se deben encontrar y encajar la necesidad de recursos con la generación de recursos.  Quienes impulsan el desarrollo del país son quienes ya han convertido la dependencia de recursos en producción de recursos.   Este  equilibrio constituiría el fundamento sólido y sostenido de un país desarrollado en toda su población.  Ese es un país en el que la inversión en la educación, ha sido capaz de generar una alta tasa de retorno, en inteligencia, competencia y valores, como eje activador de su desarrollo equitativo y sostenible.  La educación se hace desarrollo y el desarrollo se hace educación.

En esta dinámica la lógica nos dice que el desarrollo del país no está en manos sólo de economistas ni en manos sólo de educadores; es decir que la economía necesita de la educación y la educación necesita de la economía.

En realidad si queremos llegar a fondo en esta urgente integración de educación y economía, el punto de partida es que de hecho en el ambiente de la familia todos somos economistas, lo mismo que todos somos educadores, ambas profesiones son inseparables.  La economía desemboca en la educación y la educación desemboca en la economía.

En todo proyecto de vida que responda a los derechos y apetencias del ser humano se encuentran la educación y la economía como la base primaria sustentable de dicho proyecto, base que se completará con otros ingredientes claves como la política, la ciudadanía, la democracia, la cultura, la institucionalidad, la satisfacción de las necesidades básicas, el funcionamiento de la sociedad, etc.

En el fondo de todo este extraordinario andamiaje y más allá de él está siempre la persona, porque en ella radica el principio y fin de todo desarrollo, del bien común y bienestar de toda la población, de todo el pueblo, de toda la nación.

Es excelente contar con tanto interés y tantas propuestas en torno de la educación.  El problema es que cada perspectiva debe ser completada con las otras para lograr el consenso social indispensable  respecto a la educación nacional.

El país ha acumulado gran número de propuestas y de cambios educativos , pero se evidencia que no ha calado en la población (políticos y ciudadanía) el significado, sentido y alcance de la educación como una política de estado.  La historia nos lo confirma.  Basta mirarla a través de los recientes gobiernos.

No obstante, en el país existe fundamento político,  social, pedagógico y científico para lograr un consenso y una política educativa de estado, puesto que resulta imperativo lograr la continuidad de lo político, social, pedagógico y científico que se va acumulando en nuestra educación con visión de futuro.

El mejor referente para lograr ese consenso es apelar y practicar nuestra Constitución Política con visión esencial de Estado.  Los artículos 116 y 117 definen y caracterizan nuestra educación; el artículo 118 promueve la participación de todos en la educación.  El artículo 119 define la función del Estado en la educación.  Consensuar los artículos 116 y 117; garantizar la  participación de todos art. 119 y fundamentar una acción continuada de Estado, es la base de la unidad en la diversidad que exige nuestra educación para responder a su razón de ser en la vida del país.  Todo se traduce en integrar las voluntades para poder integrar todos los componentes de un verdadero sistema educativo nacional de largo plazo, de Estado.