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Uno no anochece sin haber empleado o, al menos, escuchado el prefijo ‘mega’ en la composición de alguna palabra. Y es que, cuando nos enamoramos… de las palabras, como que le abrimos las compuertas para que entren –indiscriminadamente- como la moda, aunque incomode. Hemos olvidado, por de pronto, el adjetivo grande y sus matices, porque todo es mega: un huevo de una gansa, megahuevo; un gran error, megaencabe; un cargo lucrativo, megadiputación; un significativo aporte “voluntario” a un policía, megamordida; una persona que no se conforma con lo que le dan, megalagarto; una andanada de piedras a buses con pasajeros abordo, megaprotesta.

Ciertamente, el prefijo griego ‘mega’ significa ‘grande’  y forma parte de los prefijos aumentativos como macro, hiper, súper y supra que expresan la ponderación de los rasgos significativos de la palabra a la cual se juntan: macrociudad, hipermercado, superestrella, supranacional.

Mega lo encontramos en el megaterio (‘bestia grande’), enorme mamífero fósil, de la era terciaria y cuaternaria, cuyo esqueleto se conserva en algunos museos, como el que vimos con mi esposa Carmen y mi hijo Luis Alfonso en el Museo Nacional de Praga. El prefijo lo encontramos también en palabras como megalito (del gr. lithos, piedra), un monumento común en el período neolítico, con función religiosa o funeraria, construido con grandes bloques de piedra sin labrar, como el menhir, el dolmen y el crómlech, consideradas las primeras grandes obras arquitectónicas de la Europa occidental. En general se llaman construcciones megalíticas por sus dimensiones enormes, como las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino que tuve la oportunidad de observar en mi reciente viaje a Egipto; o las enormes estatuas, vestigio notable de la etnia rapa nui, conocidas como moáis, símbolos emblemáticos de la Isla de Pascua en el Chile insular.

En medicina encontramos cuatro vocablos formados con mega: megacariocito (célula gigante de la médula ósea); megacolon (tamaño anormalmente grande del colon), megaesófago (dilatación grande del esófago) y megalocefalia, que viene a ser la misma macrocefalia (cabeza desproporcionadamente grande).

La psicología registra un vocablo de uso cada vez más frecuente,  megalomanía, para designar el ‘trastorno mental que consiste en la ilusión de poseer grandes riquezas o elevada posición’. En sentido corriente, la megalomanía se define como una ‘actitud de la persona que tiende a hablar u obrar como si tuviese una posición económica o social muy superiores a las reales’. ¡Un delirio de grandezas!

Como un derivado de la primigenia ‘polis’ (ciudad) de los antiguos griegos, hoy tenemos la ciudad de gigantescas proporciones, la gran ciudad, la megápolis. El arquitecto chileno Alberto Mendoza Morales nos explica: “Los griegos la llamaron ketai (dormitorio), después polis (ciudad). Epaminondas fundó la megalópolis en Arcadia, en el 370 a. C. Ahora tenemos profusión de ciudades grandes: metrópolis, megápolis, cosmópolis”.

‘Mega’ es también elemento compositivo de palabras propias de la ciencia y la técnica con el significado de “un millón”, como megaciclo, una voz utilizada en radio para designar la ‘unidad de frecuencia equivalente a un millón de ciclos’; megahercio (megaciclo), hispanización de megahertz, término de la física empleado para significar ‘una unidad de frecuencia en radio, televisión, etc., que equivale a un millón de hercios’;  megavatio, palabra de la electrónica que designa la ‘medida de potencia eléctrica que equivale a un millón de vatios’. En informática se dice megabyte para referirse a la ‘unidad que equivale a un millón de bytes’. Cuando se habla de una unidad explosiva de grandes proporciones destructivas, se emplea el término megatón, que equivale a un millón de toneladas de trinitrotolueno.

Con el significado de ‘amplificación’, el prefijo ‘mega’ es usual en palabras como megáfono, ‘artefacto usado para reforzar la voz cuando hay que hablar a gran distancia’.

Parece que este prefijo corre ya por todo Centroamérica, pues en Guatemala hay grandes tiendas de ropa que les llega por paca y que llaman MEGAPACA. También hay una industria del plástico denominada MEGAPLAS, y a sus productos los promociona como “megaprácticos”, palabra en la que el prefijo ‘mega’ se emplea con el significado del adverbio ‘muy’ para denotar, junto al adjetivo ‘práctico’,  el grado superlativo de significación. Y no es de extrañarse porque la BBC, al referirse a la gran manifestación de los hispanos en Estados Unidos reclamando sus derechos, habla de “megamarcha”: La “megamarcha”, como la bautizaron sus organizadores congrega, además, a representantes de de organizaciones campesinas, religiosas y estudiantiles. BBC (Mundo. com /25/03/2006). Y en Wikipedia se lee: Bolivia es un país multiétnico, multicultural y megadiverso con mucha riqueza cultural, natural y arqueológica.

En Nicaragua, es significativa la enorme difusión de este prefijo con el significado de ‘grande’ antepuesto a cualquier sustantivo para magnificar o simplemente matizar el sentido. Y la primera palabra con la que se irrumpe en el territorio de los ‘megas’ es, precisamente, megasalario (= salario exagerado): Usted puede creer que los megasalarios son morales porque están aceptados por la ley. (END/02/07/2003). Y como hay megasalarios hay, consecuentemente, megaasalariados: “Aquí, dijo el megaasalariado, nunca hay tanta gente comprando en los supermercados… (LP/08/08/2004, EAS)
Después vienen otras voces, concomitantes y de uso corriente,  megapensión (= pensión exagerada): Los diputados vamos a apretar el botón contra las megapensiones porque somos soberanos… (LP/18/06/2003). Y como es lógico, un reconocimiento ‘justo’ por un servicio prestado megaliquidación (= pago exagerado por liquidación de servicios prestados)… asegura que los gastos con la tarjeta de crédito American Express, ya fueron subsanados con una “megaliquidación” de salarios. (END/28/08/2003)
Como vemos, ahora, todo es ‘mega’: un megadiccionario, una megatienda, una megacartelera. Y ya lo ve: una megacomilona  y sobre todo una megaestupidez: La megaestupidez de la semana “Los USS 3.500 netos mensuales para 91 diputados están acordes a la realidad del país”. (LP/17/07/05/EAS)

¿Dónde encontramos explicación a ese uso cada vez más creciente del famoso ‘mega’? Quizá responde en parte a ese afán de la exageración, de la hipérbole. Y a nuestras propias debilidades: “… un eterno enamorado de los megasalarios, megapensiones, megaliquidaciones, megafigureo”. (LP/28/08/2003/EAS)

rmatuslazo@cablenet.com.ni