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El anuncio, por parte de la familia gobernante, de que el FSLN suspendería actividades electorales durante el fin de semana pasado, para dedicarse a atender a los damnificados por las lluvias y consecuentes inundaciones, lució a primera vista como una consideración con los damnificados digna de encomio.

Lo hubiese sido, en efecto, de no manifestarse de inmediato la treta, o vulgar estratagema electoral. Los voceros y medios orteguistas se han encargado de subrayar la diferencia entre la “cristiana, solidaria y socialista” consideración orteguista, frente a la supuesta “insensibilidad” de quienes no suspendimos actividades electorales.

Pero yendo  más a fondo, quedó en evidencia una vez más la confusión Estado-Partido. Por un lado, se pretendió presentar como consideración  “partidaria” lo que es deber de cualquier gobernante. Intentar llevar algún socorro a los damnificados no es ninguna generosidad. Es el más elemental deber del gobierno.

Por otro lado, al sobreponer, y en verdad confundir, la actividad gubernamental de reacción frente al desastre con la actividad del partido gobernante, lo que quedó en evidencia es que más que consideración con las víctimas del fenómeno natural lo que ha habido es un cínico aprovechamiento electoral de la desgracia de tantas familias nicaragüenses.