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En la recta final de la actual campaña electoral, la gran disputa es por el voto indeciso. Este votante es parte de los independientes, cercanos al 45%, que no están matriculados con ningún partido político, pero que pudieron haber tenido nexos con alguno, que están desencantados y son incrédulos y suspicaces. A estas alturas, una buena parte de los independientes ya decidió votar, pero un segmento importante aún no, y estos son los indecisos actuales que podría estar entre el 12% y el 17%, de acuerdo a un promedio de las diferentes encuestas conocidas.

Ante los datos publicados por las encuestadoras, se debe tener ciertas reservas, por diferentes razones que hacen dudar de su objetividad. De Siglo Nuevo, la empresa sondeadora del Frente, es difícil esperar algo diferente de lo que desea este partido; de una firma hondureña que sorpresivamente puso en segundo lugar a Arnoldo Alemán, no la conocen en Tegucigalpa ni en San Pedro Sula; y de Cid Gallup surge el escepticismo porque los pagos como suscriptor que ha recibido del PLI-UNE, son demasiado elevados.

Desde el Marketing Político, la primera fase de la campaña se destina a fidelizar al votante duro, es decir, a los miembros y simpatizantes de cada partido; en el tramo medio, el mensaje es hacia los independientes, entre ellos, líderes de opinión; y en la recta final, al indeciso, que puede decidir la elección si los punteros fueran parejos en la intención de voto.

Debidos a los “ruidos” que se desprenden de los resultados de las encuestas más recientes, así como a estadísticas que circulan por los corrillos políticos con diversas y contradictorias interpretaciones sobre la intención de voto, es difícil establecer con precisión cuántos son los indecisos actualmente, pero si fueran entre el 12% y el 17%, si el voto está polarizado entre dos fuerzas políticas y si la diferencia entre ambas no fuera mayor del 15%, entonces los indecisos pudieran poner su sello a esta contienda, ya sea para darle la victoria a uno de los candidatos o para emparejar la carrera hasta el punto que ninguno obtenga un 5% de ventaja, lo cual llevaría a una segunda vuelta electoral. Como vemos, los indecisos alcanzan una importancia crucial. En general, son relativamente desinteresados de la política, no hay tradición familiar ni mucho menos militancia, y hasta pueden ser apáticos e indiferentes, pero son conscientes de su obligación de votar y ya decidieron hacerlo.

Los contenidos esenciales, los mensajes programáticos, los asuntos de fondo, las apelaciones a la racionalidad política, no son atractivos para este segmento de los indecisos, por lo que su conquista se produce en el terreno de las emociones, de las imágenes, de los grandes impactos, de las situaciones de última hora, o de sucesos aparentemente imperceptibles pero que son capaces de generar ciertos símbolos que activan creencias o preferencias que se podrían asociar con cierto candidato.

Por lo anterior, es relevante examinar algunos hechos que se producen en el contexto y que pudieran influir en el voto indeciso, por ejemplo, el acompañamiento visible, militante, expuesto deliberadamente por la maquinaria mediática televisiva de la familia gubernamental, de una figura tan conocida, tan representativa, vinculada a las creencias religiosas mayoritarias del pueblo nicaragüense, como es el Cardenal Miguel Obando y Bravo, uno de los principales propagandistas del candidato Daniel Ortega, al involucrarse de modo muy activo en las múltiples entregas de láminas de zinc a personas y familias necesitadas.

En este plano religioso se inscriben como contraparte, los efectos que pudieran tener los enigmas y reclamos a la Policía Nacional –cada vez más vista como una Policía Sandinista u Orteguista– sobre el asesinato del padre Marlon Pupiro, y las denuncias de amenazas y hostigamientos de una media docena de sacerdotes de diferentes diócesis del país. El telón de fondo es la contradicción, ya antagónica, entre la Iglesia Católica y la cúpula del FSLN. ¿Influirá en los indecisos, por ejemplo, la Pastoral de los obispos? ¿Fue elaborada con ese objetivo?
La intensificación de los programas sociales del Frente, como titulación de tierras, láminas de zinc, Navidad adelantada con parque infantil en el malecón de Managua, pavimentación de calles –afectadas por las lluvias–, la importación de pollo “de descarte” estadounidense a precios bajos, así como un despliegue inusitado de propaganda electoral por televisión, mega rótulos con sus contenidos recién cambiados, afiches autoadhesivos gigantescos, medianos y pequeños, etcétera, pueden influir en el votante indeciso. Las amenazas de inhibición a las candidaturas a diputados del PLI-UNE, también podrían incidir en el voto indeciso. ¿Qué tanto incidirán los tres fines de semana sin buses que tuvieron los managuas y de otras ciudades?

Las fuertes y prolongadas lluvias de varios días en el Pacífico y centro-norte del país, le permitieron a Ortega ausentarse elegantemente de la Costa Caribe, foco de agudas protestas por reclamos de tierras y acusaciones al partido de gobierno, so pretexto de dirigir el auxilio a los miles de afectados. Las respuestas del sistema de atención a estos desastres naturales, pudieran generar simpatías del voto indeciso. Por el contrario, la brutal y condenable represión a los campesinos que reclamaban cédulas en San Juan del Río Coco, podría llevar la mirada de algunos indecisos hasta el PLI-UNE, en el otro polo de la contradicción. Lo más grave fue la participación, junto a la Policía, de paramilitares, como uno identificado como “Noelón”.

A tan solo dos semanas del día decisivo, los partidos que encabezan la intención de voto seguramente ensayarán otras acciones simbólicas, de imagen, para seguir atrayendo al voto indeciso, el cual ha pasado a ocupar la prioridad en los esfuerzos que están desplegando para tentar, seducir y lograr que este importante porcentaje del electorado, estampe su marca en la casilla correspondiente.

*Editor de la Revista Medios y Mensajes.