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Con motivo del bicentenario de la Universidad de León, que tendrá lugar en enero de 2012, conviene evocar la conmemoración de los primeros cien años de la misma institución, celebrados con decoro y relativo esplendor en 1914, a iniciativa del doctor J. Camilo Gutiérrez. Este fue nombrado presidente del Comité de los festejos que organizaron las Juntas Directivas de las dos facultades existentes: Medicina, Cirugía y Farmacia, cuyo decano era el doctor Juan B. Sacasa; y la de Derecho y Notariado, cuyo decano era el citado doctor Gutiérrez. Los doctores Salvador Guerrero Montalván (abogado) y Juan Carrillo Salazar (médico) se desempeñaron como secretarios de dicho Comité.

Entonces la ciudad liberal de León se hallaba decaída a dos años de la guerra civil de 1912, permaneciendo subordinada a la hegemonía política del conservatismo prointervencionista. Sin embargo, el fasto tuvo el apoyo del gobierno de Adolfo Díaz que declaró tanto feriados en León los cuatro días que duraron las actividades —el 28, 29, 30 y 31 de diciembre de 1914— como día festivo nacional el 31 de diciembre. Además, ordenó el cierre de las oficinas del Poder Ejecutivo de la República, envió la Banda de los Supremos Poderes y nombró una comisión que lo representase, encabezada por el doctor Máximo H. Zepeda. En 1917 el gobierno de Emiliano Chamorro publicó el Álbum, o memoria del evento, en un lujoso volumen de 270 páginas y amplios márgenes.

De acuerdo con esta fuente y el programa respectivo, hubo acto inaugural en el paraninfo de la universidad con la asistencia de la corporación municipal, constituida en sesión solemne; tedeum en Catedral oficiado por el obispo Simeón Pereira y Castellón, acompañado del alto clero; develizamiento de placa conmemorativa en el Seminario San Ramón, con discursos del comisionado municipal Francisco Paniagua Prado y del presbítero Azarías H. Pallais, en representación del obispo y del clero de la diócesis; concierto de la Banda de Supremos Poderes en el Parque Jerez y proyección instructiva cinematográfica, a cargo de la Juventud Médica de Nicaragua. Todo ello se verificó el lunes 28 de diciembre.

Paniagua Prado destacó que el Colegio Seminario de San Ramón era el progenitor directo de la universidad y que el alma universitaria se había encarnado en varones de los siglos XVII, XVIII y XIX, hablando de ellos. Al mismo tiempo, afirmó que la municipalidad había extraído y colocado un pedazo de mármol blanco en el edificio del Seminario, el cual en una de sus caras, debajo de dos manos estrechamente unidas, se advertía esta inscripción: ¡En invierno y en verano; de cerca y de lejos; mientras viva y más allá!

El padre Pallais comenzó diciendo: Los hombres pasan, la piedra permanece. A pesar de la ley física en virtud de la cual lo pasado se hunde y lo ligero flota, las generaciones ligeras cual la espuma, caen; la pesada piedra, queda… Y concluía, refiriéndose a la placa colocada en el Seminario: Esa piedra, monumento del primer centenario de la ilustre ciudad de León, será siempre una piedra viva, jamás una lápida tumbal, amarillenta y fría. Que el callado pastoral del Obispo trace desde arriba sobre nosotros la cruz mágica, el signo cabalístico de la bendición, para que por encima de todas las crisis y de todas las monotonías, nuestra universidad siga de centuria en centuria, como de claridad en claridad.
El martes 29 fue celebrada una sesión solemne del Centro Universitario de Estudiantes. Se reunió la Junta Directiva de la Facultad de Medicina para calificar los trabajos del concurso de la Revista Médica, premiando los trabajos del doctor Francisco G. Miranda, vecino de Granada, y del doctor Escolástico Lara (“Contribución al estudio de las fiebres intestinales que en rigor deberían llamarse fiebres colibasculares”), leonés. Se desarrollaron en el Hipódromo los juegos atléticos y carreras de bicicletas organizados por el centro universitario, terminando el día con un segundo concierto de la Banda de los Supremos Poderes.
El miércoles 30 la Sociedad Carazo inauguró en el Jardín del Instituto Nacional de Occidente, un busto en mármol del ex mandatario Evaristo Carazo (1887-89), benefactor de la enseñanza universitaria, secundaria y primaria en León. Las sociedades obreras desfilaron por las principales calles conduciendo una carroza emblemática que figuraba un barco, coronado por cinco señoritas que representaban a las repúblicas de la América Central; ya frente al edificio de la universidad, por designación del gremio de artesanos, tomó la palabra el doctor Leonardo Argüello.

En su discurso, Argüello hizo una loa interpretativa de la diosa Minerva, con la cual los leoneses estaban familiarizados: Reza un libro gracioso de poesía y leyenda, que Minerva nació del cerebro de Júpiter. Esto significa, a juicio de los comentaristas, que la sabiduría desciende en línea recta de Dios. Yo deduzco de tamaño milagro, con la autoridad e independencia de la lógica, que el valor iluminado por la prudencia, que es sapiencia, ocupa necesariamente, y por ley natural, el puesto del dios Optimus Maximus, a quien Tarquina le dedicó el templo del Capitolio Romano.

Por la noche, la Academia de Bellas Artes, frente a Catedral y al aire libre, dio los resultados de los Juegos Florales. Su consistorio declaró desierto los temas: “Amor” y “Patria”, y confirió el premio —consistente en una violeta de plata— por la composición sobre el “Arte” al joven Antonio Bermúdez (Colibrí). Este eligió como Reina a la señorita Marina Argüello, quien llevaba como damas de honor a las señoritas Virginia González y Estela Argüello. La poesía premiada la comentó, en un discurso, Juan de Dios Vanegas; Mariano Barreto, mantenedor de los Juegos —iniciados en 1906— también pronunció un discurso alusivo y otro Antonio Medrano historiando dichos juegos desde su instalación en Toulouse, Francia, en 1323, hasta su trasplante a León de Nicaragua.

Una orquesta, integrada por treinta músicos y dirigida por el profesor Macario Carrillo, amenizó los entreactos con escogidas piezas, obsequiadas como contribución gratuita a las fiestas.

El jueves 31, por la mañana, tuvo lugar en el Salón Rojo de la Escuela de Medicina la sesión solemne de la Juventud Médica, según programa (tres discursos: uno del bachiller Francisco Baltodano, otro del bachiller Domingo Mairena: “Reseña histórica de la Escuela de Medicina”; y el de clausura, pronunciado por el bachiller Edmundo Selva).

A las cuatro de la tarde, de nuevo en el Hipódromo, continuaron los juegos atléticos y se escenificó un partido de fútbol entre los conjuntos locales “León” y “Metropolitano”, ganando el primero, por lo cual se adjudicó una copa de plata.
A las ocho de la noche, finalmente, se realizó la sesión de clausura, presidida por el doctor Máximo H. Zepeda, durante tres horas y media. Se entregaron los diplomas a los autores de los trabajos científicos galardonados. Cinco discursos se pronunciaron. Estos sumaron catorce durante los cuatro días.

“La concurrencia entusiasmada —se lee en el Álbum conmemorativo—, orgullosa de los logros y llena de fe y entusiasmo en el porvenir se desparrama por los salones de la universidad, enseguida por el Parque de Minerva y después por las calles adyacentes llevando los mejores recuerdos del festival glorioso”.