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CPC como Asamblea Nacional
A escasos días de que usted y su conciencia se paren ante la urna de votación, es importante que tome nota de lo que está en juego. El anuncio del magistrado arnoldista Manuel Martínez de que la inhibición a los candidatos de la alianza PLI no será resuelta hasta después de las elecciones, deja clara cuál es la jugada que tiene en reserva el orteguismo para su proyecto de perpetuación. Si bien exhibe un gran triunfalismo en relación a los resultados de las votaciones, Ortega no está dejando cabo suelto: incluso con voto adverso, quiere más del 60% de los votos para obtener 56 o más sillas en la Asamblea Nacional, para reformar la Constitución y “habilitarse” a la Chávez hasta que cumpla los 90 años, como le reconoció al célebre periodista David Frost.  Para eso tiene guardada las inhibiciones y tiene al compadre Arnoldo Alemán para ejecutarlas, a cambio de repartir escaños en la Asamblea según convenga. El proyecto ya lo había explicitado desde marzo de este año Rosario Murillo cuando dijo que “la idea nuestra es trabajar por una Asamblea Legislativa que tenga una contraparte de Legisladores Populares. Asambleas en todo el país integrada por compañeros, compañeras (…) que puedan realizar las discusiones sobre todos esos proyectos de Ley que están en la Asamblea y dar aportes o enviar nuevos proyectos, o frenar iniciativas que afecten a la población.” En otras palabras, los CPC como Asamblea Nacional. Esto significa entonces que la verdadera oposición está en la lista de los que pretenden inhibir.

PLC pulverizado
Si algo queda claro al finalizar esta campaña es que Arnoldo Alemán se sostiene con la respiración artificial que le otorga el orteguismo. A juzgar por las encuestas, don Arnoldo no remonta del piso con el que comenzó y según las vísperas todo indica que saldrá pulverizado de las votaciones: 28 concejales municipales, para un total de 111 concejales se han pasado a las filas de Ortega en un acto que como dijo el comprador Nelson Artola es “algo jamás visto en la historia política de Nicaragua”. Es que como dijo patéticamente el concejal de Moyogalpa, Alejandro Saballos Cruz para explicar el desmadre “el comandante  está mandando láminas de zinc a todos los municipios, porque con estas aguas la pobre gente se está mojando y el comandante es bien humanitario. Es una persona increíble.” Sí, como no. Otros desertaron del PLC y el APRE en Matagalpa al convencerse de su instrumentalización por el orteguismo y endosaron la fórmula del PLI. Es de esperar que el sector del electorado otrora partidario de Alemán, lo castigue muy duramente el próximo 6 de noviembre. Mucho de eso han de esperar los concejales del PLC, puesto que se vendieron antes de las votaciones.

Humanitarismo de fachada
La jefa de campaña de Ortega en esto de conseguir votos a como sea, no desperdicia ni las desgracias. Por más repugnante que parezca, la primera consorte no ha tenido empacho en usar el estado de calamidad declarado por el primer marido del país para recalentar su imagen y oxigenar su repetitiva y machacona campaña, recubriéndola de humanitarismo.  Inundaciones y aguaceros han sido utilizados para sobornar conciencias, infantilizar a los damnificados y hacerse los protectores de mojados, vulnerables y desvalidos. Algo así como “Ortega reloaded” a punta de lluvia, lodazales, H1N1 y la siete plagas de Egipto, para revenderlo como el hombre “indispensable” en medio de una atmósfera de impotencia exacerbada donde la pareja quiere aparecer como “el papá y la mamá” de la nación. Solo basta ver los noticieros oficialistas y las entrevistas servidas de ministros, funcionarios y damnificados, que se deshacen en loas –todos en la misma línea- ante la magnificencia, beneficencia e infinito corazón del comandante.

Para ponernos a tono con el sentido cristiano-solidario, la compañera casi nos lo presenta como si fuera un cruce entre San Cristóbal y el Ángel de la Guarda.  Y a la desgracia y humillación infligida por el clima, los damnificados tienen que agregar el reconocimiento público al recibir como dádiva lo que es derecho, pero sobre todo obligación de quienes gobiernan: “Gracias al Comandante Daniel y la compañera Rosario. Solo ellos se han preocupado por nosotros”. La primera dama de su parte, habla y habla del país de Jauja que llegará con la reelección.

Observadores todos
Así pues, toca al electorado no dejarse engañar ni manipular. Lo que está en juego es la libertad de esta sociedad y los derechos de toda la ciudadanía. El proyecto ilegítimo, autoritario y personalista que representa Ortega debe ser enfrentado con responsabilidad y sentido crítico.  La soberbia, el triunfalismo, las burdas triquiñuelas, los sobornos,  el afán de fraude y la corrupción, deben enfrentarse con la participación decidida y masiva de los electores.  Debe quedar explícita la voluntad popular de salir de un gobierno abusivo y demagógico por la vía cívica, como un acto de recuperación de la dignidad de los habitantes de este país.

Ortega, sus socios y operadores políticos en el CSE tendrán que asumir toda la responsabilidad por lo que ocurra con nuestros votos. Pero nosotros, como electores, tenemos el absoluto deber y responsabilidad de vigilar las votaciones, observar el comportamiento de los fiscales únicos del FSLN y partidos comparsas, así como de cada Junta Receptora de Votos. A votar pues y a vigilar el voto.