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También resulta alentador que a pesar de todas sus omisiones, medias verdades y medias mentiras, medios y periodistas continúan teniendo altos índices de estimación y gocen de una gran credibilidad ante la sociedad nicaragüense. ¿No será porqué la ciudadanía está clara de que a pesar de todas estas imperfecciones, medios y periodistas se ven impedidos de realizar su trabajo en condiciones normales? En Nicaragua existe suficiente convencimiento que todo poder que trata de escapar al escrutinio público, evidencia que está ocultando algo indebido. Los medios siguen batallando en condiciones desiguales. Los duros epítetos presidenciales han estado orientados a silenciar o acallar sus críticas. No existe ninguna objeción válida para que la clase política cree sus propios medios y diseñe sus propias políticas de comunicación. Lo que resulta inconcebible es que haga tabla rasa y evada su responsabilidad de rendir cuentas de su gestión de gobierno. Tampoco resulta válido que juegue con los dados cargados.

En un régimen democrático nadie puede actuar a contrapelo de estos principios. Como constata Darío Restrepo, “tanto en Argentina como en Nicaragua se ha formulado la expresión: no necesitamos a la prensa”. Una expresión que resume la conducta hostil hacia la prensa de ambos gobernantes. La democracia alienta el debate y la discusión pública de todos los temas que atañen al desarrollo de la sociedad. El gran mérito del periodismo investigativo consiste en poner en alto relieve actuaciones que han querido mantenerse escondidas, lejos de la mirada de los gobernados, porque no se ajustan a las normas legales o bien porque favorecen de manera calculada a sus allegados, montando un sistema inequitativo y de competencia desleal frente a los demás sectores políticos, económicos y sociales. En el Estado autocrático, apunta Bobbio, las grandes decisiones políticas se toman lejos de las miradas indiscretas del público. El periodismo investigativo pretende volver visible lo que permanece tras bastidores.Pone un poco de luz en la oscuridad. En eso radica su naturaleza.

Para contener la ofensiva de los gobiernos de izquierda y derecha, en su animadversión contra medios y periodistas, lo saludable sería incrementar y fortalecer el periodismo investigativo. También mejorar la calidad periodística. Los medios están cayendo de manera precipitada en manos del mercado. La mayoría de medios televisivos han perdido todo rubor. Poco les importa debilitar sus ofertas informativas a cambio de obtener patrocinadores y anunciantes que les exigen o a quienes otorgan más de lo debido. Una cosa es abrir espacio a la publicidad y otra hacer concesiones que debilitan su prestigio y generan sospechas en su contra. En vez de incrementar el periodismo investigativo para posicionarse mejor ante audiencias y lectores, algunos medios han estimulado los publi-reportajes y las promociones, una danza obscena y denigrante. Como postula Omar Rincón, “hay que incentivar la investigación para que los periodistas (y ojalá los medios de comunicación) logremos más independencia y calidad; para eso debemos negociar con el poder de los partidos, los gobiernos y las fuentes… Se hace necesario la profesionalización y la autocrítica de los periodistas… practicar la calidad que consiste en diversificar fuentes, brindar contexto, controlar al poder, generar marcos de interpretación, conectarse con los intereses de la ciudadanía y contar bien”.     

En el momento transicional que vive el periodismo, no le queda otra salida que refundarse. En estas circunstancias uno de los mejores recursos disponibles continúa siendo el periodismo investigativo; esa manera paciente y rigurosa de buscar información, sobre una enorme cantidad de temas, teniendo en cuenta que parte de la esencia del periodismo es ser fiscalizadores del poder. Los trabajos de Luis Galeano y José Adán Silva sobre el manejo irregular de fondos en el Consejo Supremo Electoral y de parte del antiguo director de la Dirección General de Ingresos, evidencian la importancia y los riesgos que deben asumir medios y periodistas cuando practican este tipo de periodismo. Algunos sectores se sentirán contentos debido a que el periodismo investigativo ha venido funcionando de manera intermitente. Su práctica no ha sido sistemática. A medios y periodistas no les queda otra salida que convertirlo en un ejercicio coherente por los grandes beneficios que reporta al país.

Las investigaciones de Moisés Martínez han resultado incuestionables. La entrega de un contrato millonario a la Empresa de la Construcción (Emprencosa), constituida ilícitamente: un Notario de la República aparece dando fe sobre un acto en el que las personas que aparecen suscribiendo la escritura no participaron; viven a centenares de kilómetros en Bluefields y ni siquiera se daban cuenta que sus nombres fueron tomados abusivamente. Esta arbitrariedad debió haber sido investigada por la Corte Suprema de Justicia. Los trabajos de Carlos F. Chamorro y Carlos Salinas, sobre el affaire Albaleaks, demuestran la efectividad del periodismo investigativo. El destape de estos casos ha estremecido la conciencia nacional. Aunque sea a sottovoce que manifiesten su conformidad. Las situaciones límites hacen ver al periodismo jugando un rol que no le  corresponde. Hay que cuidarse de no trasgredir la línea divisoria que les colocaría como instituciones al servicio de un partido o una alianza partidaria, no obstante que el partido en el poder haga este uso.No importándole además reclamar a los demás medios y periodistas, cuando se deslizan por esta misma pendiente.

En las esferas de gobierno y del Estado nicaragüense, han adoptado una oposición cerrada para evitar que la ciudadanía conozca una diversidad de hechos. Están convencidos que si la ciudadanía lo supiera cuestionaría su proceder y no otorgaría crédito a sus acciones. Tenemos que revertir la tendencia; todos los poderes están afanados en diseñar un trazado asimétrico, ajeno por completo a todo principio democrático, pretendiendo registrar cada una de nuestras actuaciones, aún las más insignificantes, mientras ellos permanecen a buen recaudo, viéndonos pretendiendo  no ser vistos. El panóptico prescrito por Bentham es utilizado sin ningún recato. A contrapelo de este mecanismo, la esencia del periodismo investigativo continúa siendo visibilizar todo aquello que los gobernantes  procuran mantener oculto, ya sea porque daña las arcas del Estado o porque enriquece a una minoría.

El periodismo investigativo resulta el contrapeso ideal para frenar las tendencias encaminadas a evadir los medios. Se trata de un contrapoder necesario para evitar que los gobernantes eludan responsabilidades derivadas de su posición como administradores de la cosa pública. Tratando de escapar a toda mirada intrusa, niegan a que medios y periodistas pongan de manifiesto su vocación autocrática y sus deseos de mantener lejos del alcance de nuestras miradas, todo aquello que están obligados a poner en una enorme vitrina. Sienten la necesidad de eludir a todo trance que el pueblo se haga un juicio claro de la forma en que marcha su gestión de gobierno. Este comportamiento apunta a que el periodismo investigativo mejore sus estándares de calidad y mantenga en alto sus banderas. Los resultados exitosos logrados hasta ahora, deben animar a medios y periodistas a continuar practicándolo. Este es el mejor aporte que pueden realizar a favor de una sociedad que ha adquirido conciencia y está plenamente convencida, que los medios oficiales y oficiosos nunca informarán nada que perturbe el ánimo de los gobernantes.