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Hace ciento noventa años se proclamó la Independencia de Nicaragua (1821). Desde esa fecha, de una u otra forma, se han venido realizando elecciones, las primeras veces sin el voto universal, solo con el voto de la elite política que poseía patrimonio económico.

Desde 1839 hasta 1854, la anarquía campeó en todo el país. Leoneses y granadinos, por controlar el Estado, sumieron a Nicaragua en 15 años de martirio y muerte; las ciudades eran destruidas, saqueadas y sus mujeres violadas, unas veces demolidas por los granadinos y otras veces por los leoneses. No había Estado ni registro. La falta de un Gobierno Nacional legítimamente electo provocó que en todos estos años hubiese 39 Jefes de Estado.

La contrata de William Walker, por parte de los liberales Francisco Castellón y Máximo Jerez, le sirvió de plataforma a Walker y sus filibusteros después de derrotar a los conservadores de Fruto Chamorro, para desconocer al gobierno nacional y proclamarse –por la fuerza y mediante fraude electoral—  presidente de Nicaragua el 10 de julio 1856 y tomar posesión oficial dos días después. De hecho, Walker se apoderó de Nicaragua desde el 13 de octubre de 1855, cuando toma

Granada, hasta su expulsión y capitulación en Rivas en mayo de 1857.
Según una nota aparecida en el periódico de Walker, “El Nicaragüense”, los cuatro candidatos participantes en las elecciones de julio de 1856 obtuvieron los siguientes votos: William Walker, 15,853; Fermín Ferrer, 4,441; Mariano Salazar Montealegre, 2,087, y Patricio Rivas, 867 para un  total de 23,238 votantes en toda Nicaragua.

Desde 1857 hasta 1893 gobernaron por 30 años los conservadores y sus gobiernos se sucedieron uno tras otro. La revolución liberal de José Santos Zelaya triunfante el 11 de julio de 1893, gobernó hasta su expulsión tras 17 años de gobierno de hierro. Los conservadores toman el gobierno otra vez y automáticamente piden la intervención norteamericana, y se dan tres procesos electorales bajo la intervención gringa: 1928, 1930 y 1932.

En 1923, los norteamericanos interventores implementaron una Ley Electoral, la cual introdujo el sistema bipartidista que se mantuvo durante toda la dictadura de Somoza,hasta 1978. Antes, la Ley Electoral de 1950 había consagrado el derecho al voto de la mujer nicaragüense. Siendo electa la primera diputada al congreso la abogada Olga Núñez.

La primera Ley Electoral de Nicaragua data de 1838. La Constitución de 1893 sirvió de marco para la creación de la Ley Electoral en1894, proclamada por el General José Santos Zelaya, ley que estableció por primera vez el voto directo y universal.
Cien años después, en 1984, se promulga una nueva Ley Electoral y nace el actual

Consejo Supremo Electoral. Hace once años se promulgó la última Ley Electoral que ha regido los procesos electorales, siendo el Presidente del Consejo Supremo Electoral, la máxima autoridad del “redondel electoral” y sus fallos son inapelables, aunque el Juez incline la zaranda para un lado y otro, y su conteo sea rápido o lento.

Cinco elecciones generales se han realizado desde 1984, la primera el mismo año; la segunda en 1990, la tercera en 1996, la cuarta en 2001 y la última en noviembre de 2006.

Hoy se estima que entre 3.8 millones y 4.2 millones de votantes concurrirán a las urnas el próximo 6 de noviembre, con un voto femenino de más del 50%, pelea por el patio donde compiten cinco gallos con diferentes virtudes y defectos. Unos por gallos jugados, con mejor pluma y mejor filo; otros matreros y cínicos; otros lentos y mal equipados; otros picudos, plumudos y fanfarroneros; otros agallinados, y otros que de seguro no darán
el peso.

Todas las apuestas están para el “gallo ennajavado”, pues ahora está mejor emplumado, lleva navaja de ventaja, mejor zapata, buen filo, buen soltador y un juez hábil. Todo hace indicar que la pelea más dura será en redondel de la Asamblea Nacional, donde hay gallinas y gallos finos de todas las razas y navajas.

También hay gallos plumados de todos los colores.
Ojalá el Juez que es diestro no se equivoque en el conteo y no provoque un mal fallo que excite a la violencia. De la participación de todos los nicaragüenses en las elecciones y de un buen conteo dependerá que este torneo sea una fiesta cívica y no que haya violencia. Eso esperamos todos por el bien de Nicaragua.