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“Los Obispos piden votar a quien defienda la vida y el matrimonio […] El Episcopado  ofrece a los católicos consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del voto”.

Una vez más, la jerarquía eclesiástica –como en el caso de la educación para la  ciudadanía, que tanta falta nos hace, que tanta falta les hace- juzga aspectos situados  totalmente fuera de su jurisdicción y del ámbito religioso.

Además de ser impropias en un país democrático y aconfesional, estas afirmaciones son  en ocasiones infundadas científicamente. La historia de las indebidas injerencias de la  religión en la ciencia es especialmente rica en episodios que empañan la imagen de la  Iglesia, y que no debieron producirse si se hubieran mantenido en el espacio  intelectual que le corresponde.

Recuerdo cuando en 1981 tuve el honor de asistir, en la Academia Pontificia, al lado  del Papa Juan Pablo II, a una sesión conmemorativa de Albert Einstein.

Asistían muchos Premios Nobel, entre ellos Severo Ochoa. De pronto, el Papa pidió disculpas  por el inicuo tratamiento que dio la Iglesia a Galileo Galilei. Cuando la religión pasa de  la metafísica a la física, corre el grave peligro de equivocarse, dijo. Lo mismo sucede – añadió, porque no daba puntada sin hilo- cuando la ciencia hace incursiones en las creencias… Se refería seguramente al libro El Azar y la Necesidad. “A la Iglesia le da lo  mismo que la Tierra sea redonda o plana y que se mueva o no por sí misma”, me  comentó. Severo y la comunidad científica allí representada quedaron muy satisfechos  por las inesperadas explicaciones dadas por el Papa… que ya se encargó el Vaticano de  ir “poniendo en su contexto” progresivamente.

Pues bien: al hablar de la defensa de la vida –que todos queremos defender pero no solo  en el nacimiento sino a lo largo de toda la existencia- el Padre Martínez Camino no se  olvida de recordar “el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no  tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde la  concepción hasta la muerte natural”. Los científicos hemos prestado toda la atención  que se merece el origen del ser humano. Pedro Laín Entralgo y Xavier Zubiri publicaron  reflexiones muy profundas al respecto. Yo mismo, ya en los 80 publiqué un trabajo  sobre las implicaciones en las prácticas para vencer la infertilidad cuando se realizan  con los genes pero no en los genes.

Unos años más tarde, en 1992, inicié como Director General de la Unesco, alarmado  por la posibilidad de que la ingeniería genética pudiera lograr el perverso sueño de  Hitler y Mengele, que no habían alcanzado con la genética mendeliana, un proceso de  consultas a todos los especialistas que, con la creación de una Comisión Mundial de  Bioética, desembocó en 1997 en la Declaración Universal del Genoma Humano, en  cuyo artículo undécimo se prohíbe taxativamente la clonación de genes humanos con  efectos reproductivos.

En 2003 publiqué, como coordinador junto a Carlos Alonso Bedate el libro “Gen- Ética”, donde se aportan los datos y conocimientos que permiten abordar con rigor los  temas relacionados con el fantástico progreso de la expresión genética y regulación epigenética. Por todo cuanto antecede, como creyente y miembro de la Iglesia “del Evangelio y de las sandalias”, según expresión del Obispo Pere Casaldáliga, protesto  enérgicamente de esta nueva e intolerable intromisión de la jerarquía eclesiástica,  aduciendo aspectos en los que la Conferencia Episcopal es absolutamente incompetente,  de cara a las próximas elecciones.

También se refieren a la homosexualidad (tema en el que harían bien en mantener una  gran discreción) y a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, como cuestiones que  deben tenerse en cuenta a la hora de decidir el voto.
¡Educación para la Ciudadanía! Para ser “libres y responsables”, como define la  Unesco, en el artículo primero de su Constitución, a las personas educadas.

Seamos  libres y responsables: votemos, después de reflexionar, a quienes creamos que mejor  permitirán a todos los ciudadanos actuar en virtud de sus propias reflexiones, sin  obediencia ni sumisión a opiniones o ideologías que limitan la grandeza de cada vida  humana: su autonomía.

¡Frente a cualquier imposición y cortapisa, venga de quien venga, nosotros procuraremos ser libres y responsables!

*Presidente de la Fundación Cultura de Paz y exdirector General de la Unesco.