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Todo puede pasar en este país de las maravillas, hasta la propia Alicia del cuento se quedaría con la boca abierta cuando la fantasía que sucede en Nicaragua supera su mundo de cuentos, y en término electorales tampoco debemos quedarnos asustados si la liebre salta por donde menos la estamos esperando, pero suponiendo cualquiera de los escenarios, sería interesante detenernos a pensar en cualquiera de las posibilidades, y es que cualquiera de las agrupaciones políticas en formas de partidos y alianzas tienen la posibilidad de ganar estas próximas elecciones, empecemos pues nuestra divagación mental con el partido de gobierno.

Si gana de nuevo el partido de gobierno, ¿cuál será su actitud triunfalista?, ¿todo será mejor?, o ¿todo será peor?, la pregunta es, si serán capaces de corregir los errores que han venido cometiendo hasta ahora, ¿cómo saber si efectivamente harán un plan para combatir la corrupción y encarcelar a los más corruptos funcionarios? ¿Dejarán de seguir favoreciendo solo a los más allegados y serviles a su gobierno? ¿Seguirán obligando a los trabajadores y a los estudiantes de Secundaria y universitarios para asistir a sus manifestaciones partidarias? ¿La reconciliación con los nicaragüenses que no piensan igual que ellos será una realidad o seguirá siendo un discurso vacío y manipulado por el otrora jerarca de la Iglesia Católica?

¿Dejará de haber niños pidiendo en las esquinas y se rendirán cuentas de los millones que maneja el Programa Amor en relación con sus resultados? ¿Se convertirán en humildes servidores públicos y al servicio del pueblo por igual o seguirán siendo los inflamados arrogantes borrachos de poder y avasallando a cualquier prójimo que no les bese la mano? Podría llenar este espacio con miles de preguntas que solo las iremos respondiendo si el partido de gobierno vuelve a ganar las elecciones.

¿Y si la mal llamada oposición gana? ¿Qué sucederá?, ¿Despedirán a miles de trabajadores danielistas que solo pudieron entrar por argolla en el gobierno, porque de capacidad solo era tirar piedras y morteros a opositores indefensos o “fajear” a adolescentes más pequeños que ellos? ¿Acabarán con la corrupción o empezarán a meter en los puestos a sus familiares y a los chelitos rosaditos y rosaditas que tiren la pinta de niños y niñas de revistas porque poner un cara de indio da mal aspecto para el gobierno? ¿Efectivamente comenzará el desarrollo del país o solo para un grupo de elite que no le interesa lo más mínimo el bienestar del pueblo solo que inflar sus cuentas en el extranjero?

¿Serán capaces de diseñar un plan de desarrollo que no sea la copia del actual gobierno y solo agregándole que lo harán mejor que este? ¿Trabajarán por mejorar los presupuestos de Salud y Educación sin temor a quedar mal con los organismos financieros internacionales imponiendo en nuestro país una política nacional, o seguirán siendo los mejores alumnos como lo ha hecho este gobierno actual?

¿Seguirán cambiando el discurso dependiendo de sus relaciones para conseguir aceptación a costa de la vida de sus ciudadanos, como en el caso del aborto terapéutico? ¿Cómo van a enfrentar la crisis energética si les corta el apoyo Venezuela en cuanto asuman el poder, qué alternativa tendremos para evitar los apagones?

Igualmente serán preguntas que solo responderán si ganan las elecciones, pero si por uno de esos juegos del destino, ¿pierden las elecciones?, me sigo preguntando en este caso, ¿si este gobierno pierde las elecciones del próximo domingo? ¿Dónde van a guardar tantas flores y camisetas que les obligan a portar a los trabajadores estatales? ¿Qué harán con millones de banderas partidarias que han comprado con los recursos del pueblo y que su uso en las oficinas estatales está prohibido expresamente por la Ley de Probidad de los funcionarios públicos? ¿Cómo harán para quemar tantos papeles que puedan evidenciar el uso de fondos del Estado en actividades partidarias o de beneficios a sus más allegados? ¿Cómo harán todos aquellos funcionarios que se acostumbraron a andar encajados en carros ajenos pertenecientes al pueblo y que son utilizados para beneficio personal y el de sus familias, y que al salir del gobierno no tienen pero ni una bicicleta? ¿De dónde sacarán recursos los líderes comunales de los CPC para sus actividades pagadas con fondos del Estado, lo harán ahora voluntariamente sin esperar beneficios personales? ¿El Ejército y la Policía se ceñirán de nuevo al servicios del pueblo y no al de un partido político por sus propios intereses personales? Ya veremos dijo el ciego.

¿Y si los “opositores” pierden las elecciones?, para empezar alguien me decía que no hay fraude más grande en estas elecciones que la propia oposición; pero bueno, suponiendo el beneficio de la duda, una vez perdida esta contienda, ¿desaparecerán como cucarachas al amanecer? En vez de defender los votos obtenidos y dar la cara por sus seguidores, ¿se venderán inmediatamente al partido de gobierno en un mercado  llamado Asamblea Nacional?. ¿Defenderán el voto si ocurre alguna anomalía o solo harán la bulla un ratito como en las elecciones municipales pasadas? Una vez que hayan aprendido la amarga lección de que perdieron por ir divididos, ¿se unirán de una vez por todas y los caudillos perdedores respectivos le darán espacio a la nueva generación sin escudarse en la inmunidad para no enfrentar juicios pendientes?

¿De una vez por todas acompañarán a este pueblo cuando se cometan atropellos gubernamentales o buscarán cómo pactar para obtener beneficios personales como en el presente? ¿Cerrarán filas para de una vez por todas elegir a los funcionarios que actualmente se encuentran de facto asumiendo y usurpando todos los cargos que por mandato constitucional ya se vencieron en su período? ¿Por el trauma de la pérdida y por echarse la culpa mutuamente llenarán y abarrotarán todos los medios de comunicación para atacarse indiscriminadamente fortaleciendo así al oficialismo salvaje?

Queridos ciudadanos, son muchas las preguntas y pocas las respuestas creíbles en este momento, pero como dice el dicho, ¡ver para creer!, al final de todo yo tengo mis propias conclusiones, y a pesar de ello me toca ir a votar para pasarles la factura. ¡Ni modo!