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En el marco de la actual Conferencia General de la Unesco, el Gobierno de los Estados Unidos apoyándose en una Ley de 1994, ha infligido una nueva herida a la paz, al suspender su aporte a la Unesco, el cual representa cerca de un 25% de su presupuesto. ¿El motivo?, que la Conferencia en el uso del ejercicio democrático votó con los 2/3 (dos tercios) requeridos para que Palestina se integre como Estado miembro de pleno derecho. Con ello, entre otras cosas, el Estado palestino podría solicitar que el organismo mundial reconozca a Belén, como Patrimonio Mundial de la Humanidad, y beneficiarse de los múltiples programas que en los campos de la educación, la cultura, las ciencias y las comunicaciones ofrece.

Pero esta medida, de un gobierno a cuya cabeza está un Premio Nobel de la Paz, es también contra un organismo que ha levantado y universalizado el paradigma de la Cultura de Paz, que se opone a la cultura de la guerra representada por el poder hegemónico capitalista mundial que viene mostrando, basado en el interés de su industria bélica y los recursos naturales planetarios, su determinación de llevar sus propósitos, incluso a costo de una III Guerra Mundial.

Es una medida vergonzosa y cínica en contra del ejercicio democrático de la voluntad mayoritaria de los

estados, que han manifestado su respaldo a los derechos inalienables del pueblo palestino a un Estado propio, soberano, independiente y pacífico.

En la Unesco no existe Consejo de Seguridad, que a través del veto y la intervención acalle las aspiraciones de los pueblos a la libertad y la justicia.

Como afirma el profesor Federico Mayor Zaragoza, la Unesco, instancia intelectual de la humanidad, no podía ni debía seguir esperando “a que a Israel y al inmenso lobby israelí en Estados Unidos, les parezca indicado o no que Palestina entrara al máximo organismo de la cultura, educación, ciencia y comunicación del Sistema de las Naciones Unidas”. Estaba a prueba la dignidad de un pueblo que por más de 60 años clamaba justicia, derecho y paz.

Altos voceros militares de Occidente están anunciando que después de Libia, sigue Siria, Irán, países de África y por qué no derivar también de América Latina.

El mundo ha entrado en una encrucijada en la cual si no existe un detente, puede, en el marco real de probabilidades derivar no solo en una nueva guerra mundial convencional, sino que también intervendrá el factor nuclear que está científicamente probado siempre tendrá alcances mundiales devastadores, al ir vía atmósfera propagándose la radiación nuclear, suprimiéndose en extensiones planetarias, estaciones climáticas y con ello alteraciones radicales en zonas de producción agrícola, de alimentos, la consecuente hambruna, la muerte…

Ya la Madre Tierra está herida de muerte por la violencia sin fin que ha ejercido el hombre sobre ella, movidos por la codicia, el poder y la riqueza. Ello, unido a la cultura de guerra prevaleciente, pone a la humanidad ante el peligro real de supervivencia.

Las Naciones Unidas deben ser radicalmente transformadas, ya existen propuestas lúcidas surgidas  de reflexiones individuales y colectivas, a la cabeza de las cuales cabe mencionar al Padre Miguel D´ Escoto Brockmann, expresidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Profesor Federico Mayor Zaragoza, exdirector General de la Unesco y co-presidente del Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones.

La paz, la cultura de paz debe ser hoy el eje de articulación y movilización de la sociedad civil mundial, que debe ir más allá de sus banderas sociales y económicas inmediatas. Toda esta energía que se moviliza en el planeta debe ser portadora también de la reivindicación de la salvación de la Madre Tierra y las especies vivas de la cual somos parte.