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En el ambiente de expectativas, tensiones y esperanzas, creadas por los resultados electorales comparto estas reflexiones. Respeto los distintos puntos de vista y pido lo mismo hacia los míos, aunque no coincidamos, lo cual es legítimo. Invito a ver con serenidad  las diferencias para las que siempre habrá argumentos con razones y convicciones diversas.

Desde mi compromiso por las cosas en las cuales creo, como ciudadano, sandinista de origen, economista de profesión, desde mi experiencia personal en otros espacios territoriales, institucionales y sociales por los que las circunstancias y mi opción me han empujado, interesado en la historia y la literatura, comparto desde estas líneas mi modesta opinión. No concibo la política ni los partidos como fines, sino medios para la transformación socioeconómica, el desarrollo equitativo y el bienestar del ser humano.

Desde marzo de 1990, siendo oficial superior de la Policía, como consecuencia de los acuerdos de transición, dejé de tener, junto a todos(as) los miembros de esa institución, militancia activa en el Frente Sandinista, sin renunciar a ella, es el único partido con el que me he involucrado desde las luchas populares. He estado vinculado a esta organización durante casi 34 años de mi vida y de su existencia.

Muchos preservamos nuestros vínculos y simpatías originales de manera privada, otros, en el transcurso del tiempo, asumieron distintas.  Después de abril de 2005, ante la ilegal y autoritaria decisión del ex presidente Bolaños de retirarme de la jefatura policial al margen del Estado de Derecho, dejé de ser funcionario público y me involucré mas en ámbitos privados, académicos y culturales en los cuales hoy disfruto en el tiempo que me toca vivir.

Durante el gobierno sandinista actual desde los datos, acontecimientos, la polémica pública y principalmente a través del contacto con gente común, percibo que muchas personas necesitadas, desde la posición cristiana preferencial por los pobres y la reivindicación política por la transformación económico social, han recibido del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, beneficios que no tenían, se les han abierto oportunidades y derechos.  Si ellos reciben, como parte de la sociedad, recibo, eso me satisface y compromete. Desde la lucha contra la dictadura somocista quisimos, que la revolución conquistara la posibilidad de promover el desarrollo equitativo, superar la pobreza con educación, salud, vivienda, seguridad social, participación, etc., veo, que desde la estrategia gubernamental, a pesar de los grandes rezagos, ahora sin la guerra que nos desgató, esas aspiraciones son posibles y se puede seguir avanzando.

Muchos compatriotas reciben oportunidades para salir del olvido, ¿por qué los gobiernos anteriores no las ofrecieron?  ¿Por qué no alfabetizaron, por qué privatizaron la salud en los hospitales públicos? ¿Por qué mercantilizaron la educación en las escuelas? ¿Por qué privatizaron la energía y permitieron que el país quedara a oscuras? ¿Por qué mal vendieron las telecomunicaciones y casi lo hacen con el agua? ¿Por qué dejaron abandonados a su suerte a centenares de familias que vivían en los escombros de Managua, a las víctimas del Nemagón y de otros lugares en riesgo? ¿Por qué clausuraron el ferrocarril y desmantelaron sus durmientes? ¿Por qué abandonaron a su suerte a los jubilados? ¿Por qué no compartieron equitativamente los beneficios del crecimiento económico y se privilegió al gran capital financiero, comercial y agro exportador? ¿Por qué se desmanteló la banca de fomento? ¿Por qué el estado abandonó su rol regulador desatendiendo a los más vulnerables, encaminándose a un modelo de “capitalismo salvaje”, dejando en manos del mercado, aquello que  estaba destinado ineludiblemente, a profundizar la exclusión y la desigualdad?...

Compruebo que un joven que llegó a ayudar en las labores de mi casa, no había sido inscrito ni poseía cédula ni sabía leer y escribir, y ahora, usando los mecanismos promovidos por el estado, en un plazo corto, tiene partida de nacimiento y cédula y ha comenzado a ser  alfabetizado.  No le han preguntado a este muchacho si era sandinista o no. Una mujer mayor, sencilla, dice agradecida, que del centro de salud le llevaron una vacuna para “prevenir enfermedades”.  Un joven de la Policía cuenta que está recibiendo los materiales y el apoyo de una brigada de jóvenes para construir su casa y la de la suegra en un barrio popular. Los parientes de un hombre con enfermedad mental, fueron visitados por activistas de salud quienes levantaron un censo y ofrecieron tratamiento a su problema.  He visto y leído noticias que informan de ello, a muchos jóvenes y personal de salud y educación quienes acercan derechos a miles de nicaragüense, el entusiasmo de familias recibiendo casas nuevas, saliendo de condiciones infrahumanas, empleados con el “bono solidario” que, por encima de la crítica sobre la forma de entrega, llega a familias de miles de trabajadores estatales de bajos ingresos.  Son evidentes las iniciativas en el deporte, la cultura y la diversión sana que involucran a miles de niños y jóvenes.

Ante los desastres naturales: sequías, lluvias y sismos, es evidente cómo las entidades gubernamentales y grupos organizados se movilizan para evacuar y atender a los refugiados dentro de la realidad de país pobre pero que ojalá, continúe modificándose mediante la solidaridad y reducción de las brechas históricas de iniquidad. La alfabetización ha avanzado y confío se sostenga.  Las aulas, a pesar de  limitaciones de infraestructura e insuficiente calidad educativa por la que hay que seguir trabajando, han aumentado su población escolar.  Además de la reconocida estabilidad macroeconómica a pesar de la crisis mundial reciente, según datos oficiales y no oficiales, la pobreza se ha reducido, ello no extraña ante el empuje de programas sociales con tantos beneficiados. La sensibilidad social ha sido llevada a la práctica, superando obstáculos formales, legales y políticos absurdos.

Quienes hagan estas cosas en medio de sus imperfecciones, merecen reconocimiento y compromiso. Nicaragua, un país de encantos y desencantos, de grandes entusiasmos y decepciones, apasionados por el béisbol, la religión y la política, a veces fogosos y exagerados, pero principalmente hospitalarios y solidarios. Quisiera que el sandinismo unido fuera capaz de impulsar sostenidamente estas transformaciones, quisiera la utopía donde los nicaragüenses que integramos esta inconclusa nación, fuéramos capaces de un proyecto común que transforme las estructuras sociales, políticas y económicas para vencer la pobreza y alcanzar desarrollo equitativo. La realidad es que el sandinismo oficial gobierna, es quien tiene la oportunidad de empujar los anhelados cambios.

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