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“El socialismo nos engañó, ¿ah?, Waldir”, fueron las palabras con las que inició la conversación mi hermano mayor mediante un video-llamada desde los EU, este sábado, un día antes de las esperadas elecciones presidenciales. Ahora, a sabiendas de los resultados, recuerdo lo último que me dijo: “de eso se vive, Waldir,  de creer que las cosas van a cambiar”.

Esa afirmación categórica de que “el socialismo nos engañó” mi hermano la hacía en base a que 30 años después de la revolución popular, todavía persiste la utopía de una sociedad justa, donde se terminará la explotación del hombre por el hombre y un largo etcétera de sueños que como colectividad tenemos en común.

Me sorprendió que, alguien como mi hermano, quien fue parte de ese grupo de jóvenes que ingresaron a la lucha armada durante esa época lo reconozca y, todavía, siga creyendo en esto. Mi hermano abrazó la revolución, la vivió, vivió la frustración de vivir aquí y ahora, como muchos, vive la frustración de vivir allá (EU); pero sigue creyendo en esa utopía llamada socialismo.

Yo, como nos dijo un día de estos el maestro Freddy Quezada, soy un hijo del desencanto, escéptico y triste ante estos sistemas políticos; pero a regañadientes creo, dejo de creer y vuelvo a creer, en que se pueden conseguir cambios. Noto el cambio, para bien o para mal, pero lo noto.

Todavía veo montañas cuando me traslado de Nagarote a Managua, mi hermano “vive en una selva de cemento” de país de primer mundo, desarrollado, siempre a prisa, desvelado. Él estudió Ingeniería con mención ambiental; pero le fue mejor con el inglés allá que con su carrera agrónoma aquí (no sé si decir irónicamente mejor).

El socialismo, el capitalismo, todos los sistemas nos fallaron, nos engañaron; pero los jóvenes seguimos creyendo. Esta es la oportunidad para que veamos cómo fracasa o logra tener “éxito” el mismo socialismo que engañó y decepcionó a las viejas generaciones, pero veremos qué pasa.

A lo mejor en 5 años yo esté acompañando a mi hermano porque aquí no hay trabajo o escribiendo desde cualquier parte del mundo un post en mi blog de cómo Ortega se volvió en una leyenda de terror, de esas dictaduras muy conocidas, que él mismo combatió… pero, no sé,  la verdad la tendrá el tiempo.

En fin, pienso que no he vivido lo suficiente para confirmar con mis propios ojos que el socialismo nos engañó (a mí y a todos los jóvenes que abrazan esa ideología). No he pasado tantos desamores, ni he bebido tantas cervezas como para ingresar a la escuela de Alcohólicos Anónimos, ni tengo hijos, ni siquiera novia, ni dinero, ni trabajo…

Sin embargo, de lo que sí estoy seguro es de que seguiremos detrás de cada espejismo, una y otra vez, sin alcanzar ese estado ideal… al final uno nunca está satisfecho, como decía A. Schopenhauer :

“…después de un deseo viene otro… y otro que nunca puede satisfacerse”.  Todavía seguimos como nación a 30 años “retrasados” en cuestiones de “desarrollo”; pero avanzamos, dicen…

www.ruizwaldir.blogspot.com