•  |
  •  |

El pueblo de Nicaragua salió a votar el seis de noviembre. Durante la jornada se observó a un pueblo con gran madurez política y un alto espíritu cívico. Las elecciones transcurrieron en paz en la mayoría de los 153 municipios, salvo en uno que otro municipio del norte del país, donde los PLI quemaron el material electoral de 16 JRV, con el objetivo de impedir que el ciudadano ejerciera su derecho constitucional de votar por el candidato de su preferencia.

Los resultados dan un 62% a Daniel Ortega, un 30% a Fabio Gadea Mantilla y un 6% a Arnoldo Alemán Lacayo, lo que demuestra que en estas elecciones no surtió efecto el llamado a una montaña de votos que desesperadamente hiciera el candidato PLI-UNE. El fenómeno del abstencionismo afectó al candidato de la derecha, puesto que en las elecciones del 90, el 86% de los electores salió a votar, el voto masivo permitió la victoria de la UNO, mientras que en estas elecciones  de 4.3 millones de votantes, sólo salió a votar 2.2 millones, con un abstencionismo de más de un 50%. Las arengas del voto masivo del candidato PLI-UNE no rindieron frutos, el índice de abstención aumentó en estas elecciones en comparación con las de 2006.

Los PLI-UNE se resisten a aceptar la derrota electoral, pese a que la Unión Europea y la OEA, aceptan que el ganador de la contienda es Daniel Ortega. La derecha está apostando a la violencia política, en un desesperado esfuerzo por desconocer la voluntad popular expresada con el voto. Si la derecha fuera más inteligente debería sentarse a reflexionar para determinar los factores que los llevaron al fracaso, errores que sucintamente se resumen en lo siguiente: a) Los PLI-UNE apostaron a la confrontación política, erigieron la bandera del antisandinismo, su mensaje era incentivar la rebelión y el desconocimiento de los resultados; b) metafísicamente, quisieron revivir situaciones de épocas pasadas, obviando la dialéctica de la historia. La Nicaragua de 2011  no es la de 1990; c) el polémico aborto terapéutico los afectó, primero dijeron que estaban a favor, después lo negaron; c) perogrulladamente sacaron un spots publicitario, ultrajando a los vendedores de los semáforos de la capital; d) por mezquindad no fueron capaces de ampliar una alianza política con otras organizaciones, porque esto implicaba ceder candidaturas de diputados; d) tardíamente abrieron las puertas para el ingreso de connotados dirigentes de izquierda; e) la arrogancia y soberbia política, mató desde su inicio al PLI-UNE, los pocos aliados que tuvieron, se retiraron de sus filas, por los estilos oligárquicos de conducción.

Mientras el FSLN hacía una campaña electoral coherente, manipulando hábilmente el sentimiento religioso del pueblo católico; usando un lenguaje de reconciliación, de paz y amor, fortaleciendo el clientelismo político con los programas de usura cero, hambre cero, entregando láminas de zinc, reparación de calles, puentes, etc., lo más relevante fue la vinculación estrecha que mantuvo con las bases en los barrios, comarcas y pueblos. El FSLN no cayó en incoherencias, mantuvo su posición de penalizar el aborto terapéutico.

Fueron duras y dolorosas las lecciones que dejaron estas elecciones a la derecha política, donde se agrupan liberales, conservadores y otra fauna de politiqueros, éstos si no quieren desaparecer como opción política, deben evolucionar en pensamiento y práctica política. Los arcaicos esquemas de participación y conducción en la toma de las decisiones fundamentales deben dar paso a una apertura más democrática, donde las bases y sectores sociales sean factor de cambio, de seguir obcecados en el cierre de los espacios, la derecha difícilmente recuperará el protagonismo político que alcanzó en la década de los 90.

El fracaso de toda la derecha, pues aun toda una unida, ya no puede vencer a la izquierda, en gran parte se debió, a que después de los años 90 siguió usando las mismas fórmulas y los mismo esquemas políticos arcaicos que preponderaron en el somocismo. Le sugiero a la derecha política cambiar, transformarse, de no hacerlo, lo que les espera en un futuro no lejano, será la misma suerte del PLC, que de una organización política pujante, ha quedado en una sobra de partido, que está a punto de desaparecer en el escenario político de Nicaragua.

*Abogado y Notario Público