•  |
  •  |

Siempre se espera que el resultado de las elecciones abra nuevas rutas que conduzcan al bienestar de la población.  Esta aspiración-esperanza se ubica en múltiples aspectos de la vida ciudadana aunque pocas veces se satisface a cabalidad.

Uno de esos aspectos claves, esperados con ansiedad es la educación.  Todos la catalogamos como de fuerza, propia de un bien social y público, con el poder de producir cambios económicos, sociales, políticos y culturales, en razón de hacer de cada ciudadano el sujeto que conduce esos cambios en beneficio de toda la población.

El país entero, es decir todos los ciudadanos, cada quien desde su ubicación, estamos en deuda con la educación y por ende con el país porque de una u otra manera el país en términos de personas es la educación y la educación es el país.  El país humano es en muchos aspectos deficitario porque es deficitaria su educación.  De ello todos somos responsables.

Sin embargo, es necesario mirar y ver a la educación desde su aliento interior, desde su fuerza transformadora, desde su realidad siempre positiva.  La educación es en sí inmensa riqueza que aprovechar.  La educación encierra un tesoro.  Somos nosotros quienes desperdiciamos y deterioramos la realidad de ese tesoro.

Por eso hoy, en ambiente electoral mirando a la educación como nuestro gran tesoro y portadora permanente de alegría, me atrevo a penetrar en ella con el título de Pedagogía de la alegría.

La alegría es parte importante de la vida.  La alegría es inherente a nuestra naturaleza.  No deja de ser interesante que el ser humano, en la enorme diversidad del reino animal, sea el único que ríe.  El homo sapiens y el hombre ridens están íntimamente entrelazados.  Los demás animales han quedado fuera de estas dos características exclusivas del ser humano.

La alegría tiene su propia vida, radica en la gran apertura del espíritu y se conecta con profundos sentimientos del ser humano, como el gozo, la satisfacción, la comunicación, el amor, la esperanza.
En los nicas y las nicas está a flor de piel y es salida siempre abierta a su estructura psico-emocional.  En múltiples actos, vivencias, hechos desde serios a superficiales, etc. a la pregunta ¿cómo estuvo la cosa?, la respuesta siempre es la misma: alegre.

Siempre he admirado la capacidad del nica para hacer de la jocosidad, la  burla, el chiste, el apodo, la forma de enfrentar la vida en todas sus circunstancias por difíciles que se presenten.  Es una extraordinaria reserva natural, psicológica y genética.

Esta enorme reserva que es la alegría, necesita desplegarse y convertirse en un elemento esencial de nuestra educación, de nuestros centros de estudio, de nuestro proceso enseñanza-aprendizaje.  Es el lado profundo de la alegría, porque si hay alegría hay motivación, hay deseos de aprender.  Si en los centros educativos brilla la alegría habremos conseguido lo más importante.  La pedagogía de la alegría parte de las cosas que conocen e interesan a los alumnos evitando la sensación de estar sumergidos en un mundo lejano y aburrido.  Hay que buscar y meter alegría en todas las actividades que planificamos y hacemos.

Las aulas y todos los recintos escolares deben invitar a la alegría en lo físico y en el ambiente irradiador de bienestar, comprensión, ayuda.  Un centro educativo siempre debe tener motivados, contentos a todos sus miembros para generar actitudes afectivas que influyen en la generación de aprendizajes significativos, aplicables y útiles para la vida.

Tenemos que desrutinizar la educación abriendo sus ventanas a la vida recuperando el valor educativo del recreo, el deporte, las actividades culturales, los grupos artísticos, musicales, concursos de oratoria, de pintura, convivencias, excursiones, vivencias y trabajos a favor de la comunidad y sus necesidades. 

Todo esto recorre el espíritu del joven y se convierte en acción, en desarrollo estudiantil.  Es que esas actividades, aparentemente periféricas, fortalecen la voluntad, desarrollan la creatividad, la expresión, la sensibilidad, el goce estético y sobre todo la solidaridad, a la par que satisfacen la necesidad de protagonizar algo por parte de directores, docentes, asesores, consejeros, estudiantes y padres de familia, abriendo así las puertas a un liderazgo compartido, factor clave del éxito educativo y de la calidad total de la educación.

En el centro educativo existen cantidad de factores y oportunidades que de aprovecharlos debidamente  llegan a lo más hondo del espíritu en el que radica el secreto del aprendizaje para la vida.

Es curioso, son estas cosas, estas actividades, estos valores, estas vivencias, las que uno más recuerda de sus años escolares.  Se hicieron espíritu.

Atrevámonos a proponer y a vivir el servicio educativo como fuente de alegría.  El egoísmo divide y separa.  La solidaridad y el servicio unen.  Donde hay solidaridad hay alegría.  La solidaridad se traduce en felicidad.  Las personas generosas suelen ser felices.  Los egoístas viven encerrados en sí mismos, son unos amargados que amargan la vida de los demás.  A todos nos embarga una gran dicha cuando logramos las cosas después de esforzarnos, sobre todo sirviendo a los demás, tal como hacemos los educadores.

Ahí radica la pedagogía de la alegría.