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Las elecciones nacionales del 6 de noviembre de 2011, para elegir presidente, diputados nacionales, departamentales y al Parlamento Centroamericano, revalidaron que los medios, sin desmedro de las movilizaciones y concentraciones políticas, siguen siendo una prima muy alta para inclinar la balanza a favor de las distintas fuerzas contendientes. El paradigma mediático continúa siendo el paradigma dominante. La televisión se instaló como dispositivo central para irradiar en todas las direcciones los rostros, voces y poses, de los cinco candidatos aspirantes a ocupar la silla presidencial. No discutimos cuál de los medios fue más a fondo en el análisis y presentación de programas. Ni dudar que fueron los medios impresos, pero no tuvieron la incidencia ni la capacidad de galvanización de las conciencias, como la tuvo la televisión. El repunte de las redes sociales registra la aparición de nuevos actores, aun así la televisión ocupó la centralidad comunicacional de la política.

Las estaciones de televisión durante 18 horas continuas mantuvieron informadas a la ciudadanía de lo acontecido en ese día. Los canales 4, 6, 8 y 13 presentaron una sola cara, no reportaron disturbios, alteraciones, nada que perturbara la visión que ellos transmitían. El Canal 2  abrió micrófonos al final de la tarde para que la ciudadanía expresara su descontento y los juicios desfavorables que le merecían el desarrollo de las elecciones. Canal 15 (100 % Noticias)  inició sus transmisiones desde las 5:00 a.m. en alianza con EL NUEVO DIARIO. Vos TV (Canal 14) privilegió entrevistas en estudio y  reportajes especiales. La televisión mostró casi en tiempo real cada uno de los acontecimientos que se registraron a lo largo del país. La televisión ratificó su condición hegemónica. Sigue marcando las preferencias. El desafío mayor provino de las redes sociales. Su importancia resulta fácil determinarla. EL NUEVO DIARIO y La Prensa, colgaron en su sitio web videos para que la ciudadanía se enterara de lo que acontecía en el país. Los desplegados de los distintos canales dando a conocer las alianzas forjadas y la dimensión de su cobertura, anunciaba una disputa real por acaparar a las audiencias.

Una constante del Presidente Daniel Ortega ha sido utilizar la televisión. No hay acto político o de cualquier otra índole, que no recurra a la televisión. Las tarimas desde donde monologa con sus seguidores son un gigantesco plató televisivo. El desplazamiento de los camarógrafos es precedido por la llegada de un equipo que se encarga de montar el entarimado a la altura de las cámaras, decorar con flores y banderas e instalar grandes pantallas televisivas en el mismo sitio, para que los asistentes convocados a la actividad proselitista puedan ver desde diversos lugares la figura de su líder. No dejan nada a la improvisación. Para lograr mayores efectos, todo es pensado y concebido de antemano. Ortega está persuadido que gobernar supone estar en contacto directo con sus seguidores. Conscientes de la importancia de la televisión en la justa electoral, apresuraron el paso sacando de nuevo Canal 6; imprimiéndole la misma lógica y el mismo perfil informativo con que funcionan los canales 4, 8 y 13. Lo limitaron a ser un eco de Canal 4. Una lástima. Operó más como repetidora que como un canal con programación y personalidad propia.

La reaparición de Canal 6, dado su carácter estatal, suponía que el Consejo Supremo Electoral, hiciera un llamamiento a los partidos y alianzas políticas, para ratificarles que disponían de treinta minutos diarios en este canal y cuarenta y cinco minutos diarios en Radio Nicaragua. Tampoco los representantes legales de las fuerzas políticas demandaron al Consejo Supremo Electoral el tiempo horario al que tenían derecho de acuerdo a lo establecido en el Artículo 90 de la Ley Electoral. En términos simples implicaba seis minutos diarios en televisión para cada una de las fuerzas participantes y nueve minutos diarios a través de la emisora estatal. ¿Qué razones tuvieron para no utilizar el tiempo al que tenían derecho? ¿Suponen que la incidencia de ambos medios es muy limitada? ¿Su renuncia obedeció a que querían dejar al descubierto al partido en el poder, demostrando la forma abusiva con que utiliza ambos medios? ¿Con su determinación restaban legitimidad al uso que le está dando el gobierno?  
Aun con todo hay que estar claros que las disposiciones acerca de la propaganda establecidas en el Capítulo II de la Ley Electoral están desfasadas, no se compaginan con los cambios experimentados con el desarrollo de los medios en el país. Legisla para una realidad absolutamente distinta. Los cambios en el mapa televisivo nacional son drásticos. Incluso me aventuro adelantar que para las próximas elecciones estos cambios serán mayores. Un fenómeno similar acontece en el campo radial. Independientemente que la Constitución Política imponga al Estado, en el inciso tercero del Artículo 68 el deber de evitar procesos concentracionarios, ningún gobierno se ha interesado por hacer prevalecer este derecho. Ni siquiera el actual, que baña su propaganda de cierto tinte nacionalista. Más bien actuando a contrapelo de la Constitución, han favorecido que actores foráneos violen el candado impuesto por la ley suprema del país. El celo que expresa el Artículo 68 obedece a que las comunicaciones son un sector estratégico. Su funcionamiento está vinculado con la identidad y destinos de una nación. Los Estados evitan su acaparamiento para no verse sometido a los intereses de empresas venidas de afuera. Las políticas adoptadas más bien han sido de puertas abiertas, algo que no ocurre en el resto de América Latina.

Los sandinistas adelantaron su deseo de reformar la Constitución Política. No menos interés tienen en promulgar una nueva Ley Electoral. Ante una realidad inminente conviene adelantar algunos criterios relacionados con el ámbito de la propaganda electoral. Dada la enorme importancia que tienen los medios en el ánimo de los votantes, para tratar de prevenir que se reediten en el futuro situaciones como las vividas en la campaña recién finalizada, conviene tomar en consideración disposiciones jurídicas contenidas en los estatutos electorales de la región centroamericana. Tenemos mucho que aprender del resto de países del área centroamericana. El sentido de equidad debe restituirse. El uso de los aparatos de difusión de masas debe estar sometido al juego democrático. Esto impide pervertir desde el inicio el cotejo electoral. Si siguen actuando de la manera actual, quienes disponen de una enorme maquinaria mediática estarán en una posición sumamente ventajosa frente a los demás adversarios políticos. Ahora es cuando.