•  |
  •  |

Desde que se efectuaron las elecciones generales, el centro de discusión en la palestra política nacional ha sido referente a si existió o no fraude electoral; sin embargo, un tema considerable y poco analizado corresponde al de polarización partidista.

La estructura socio-política nicaragüense se ha caracterizado por ser rotundamente polarizada. Con esto se hace referencia aquí no a la connotación subversiva -choque o confrontación popular- con que comúnmente suelen asociarlo diversos sectores sociales; sino al de una compensación política (existencia de fuerzas políticas de oposición –unilateral o mediante coalición- en el seno de una Asamblea Legislativa, capaz de servir de sustento y crear consenso al momento de discutir y sancionar un instrumento o proyecto de ley).

Ya no es posible hablar de una polarización partidista extrema donde dos fuerzas políticas mayoritarias se disputan el control del poder (presencia de un partido dominante con indiscutible mayoría parlamentaria); ni tampoco existe una polarización intermedia o “balance de poder” -dentro de la concepción político-filosófica de David Hume-  que implica que cuando un actor aumenta sus fuerzas, otros se aliarán con tal de impedir una amenaza a la estabilidad política.

Los resultados electorales nacionales demuestran que este balance de poder en el plenario legislativo, aún eliminando cualquier interés partidista de las dos fracciones políticas minoritarias reconocidas, PLI (31.00%) y PLC (5.91%), -de acuerdo con el informe actualizado del portal electrónico del CSE-, no logra concretarse con la suma de sus fuerzas (mediante coalición).

De esta manera, en la estructura política nacional prima una polarización baja que viene a constituirse en un sesgo de representación legislativa (o sobre-representación) a favor del partido dominante que en este caso ha resultado ser el FSLN (62.42%). Esta situación genera dos aristas, según el enfoque del sector político de donde proceda. La primera de ellas corresponde al partido dirigente, FSLN, que le proporciona facilidad para impulsar o reformar cualquier precepto legislativo y gobernar, aunque no con una tranquilidad plena, pero sí con la seguridad necesaria otorgada por su misma posición dominante para dirigir las decisiones dentro del plenario. En la otra arista, esa ausencia de una fuerza política compensatoria, propiciaría la arbitrariedad y falta de ecuanimidad en la administración del aparato estatal.

¿Por qué se origina este sesgo en la polarización partidista? La teoría demuestra que cuando existe el precedente de un partido dominante (o mayoritario), la fraccionalización partidista tiende a ser baja como método de contención; caso contrario, en Nicaragua, las encuestas catalogaban al FSLN como un partido dominante (al ampliarse su base militante era de esperarse la ampliación de su base electoral); no obstante, a pesar de esta destacada observancia, la fraccionalización política de partidos contendientes se efectuó (cuatro partidos de oposición sin la suficiente capacidad competitiva: PLI, PLC, ALN, APRE).

Esta fraccionalización confirma la existencia de una primacía de interés de partido sobre el interés nacional.

Si nos remontamos a las elecciones presidenciales de 1996, notamos que a pesar de una fraccionalización política numerosa, existían dos fuerzas mayoritarias (FSLN y PLC); en cambio, en estas elecciones generales 2011, ninguna de las fuerzas opositoras se perfilaba de manera convincente como segunda fuerza política.

Por otra parte, cuando no existe el precedente de partido dominante, la fraccionalización tiende a ser efectiva, y así lo demuestran los resultados electorales de las elecciones generales 2006 (a través de las divisiones FSLN-MRS; PLC-ALN, que en cierta medida propició una polarización intermedia dentro del plenario).

Así también, otro elemento de relevancia a destacar es el factor constitutivo. El FSLN contaba, desde antes de iniciarse estas recientes elecciones presidenciales, con una sólida estructura asegurada por su estatus de “partido en el poder”. Pero también, es necesario destacar el lineamiento proyectado por este mismo partido hacia la creación de un Estado de Bienestar a través de la ampliación de programas sociales.

De lo anterior se deduce el siguiente supuesto: con arbitrariedad o sin ella, las masas no logran divisar los nublados que puedan presentarse en la administración del poder político por parte de un gobernante, cuando estas obtienen beneficios del mismo. Citando a Maquiavelo: “Los medios siempre serán tenidos por honorables y alabados por todos; pues el vulgo solo juzga lo que ve y lo que sucede”. Conquista a las masas y obtendrás el poder. Todo dirigente político debe comprender que para emprender una campaña política, primero tiene que aprender a hacer política. Y para bien o mal, de uno u otro partido, parte de esa enseñanza la ha proporcionado el desarrollo de estas últimas elecciones presidenciales…

*Politólogo

esde que se efectuaron las elecciones generales, el centro de discusión en la palestra política nacional ha sido referente a si existió o no fraude electoral; sin embargo, un tema considerable y poco analizado corresponde al de polarización partidista.
La estructura socio-política nicaragüense se ha caracterizado por ser rotundamente polarizada. Con esto se hace referencia aquí no a la connotación subversiva -choque o confrontación popular- con que comúnmente suelen asociarlo diversos sectores sociales; sino al de una compensación política (existencia de fuerzas políticas de oposición –unilateral o mediante coalición- en el seno de una Asamblea Legislativa, capaz de servir de sustento y crear consenso al momento de discutir y sancionar un instrumento o proyecto de ley).
Ya no es posible hablar de una polarización partidista extrema donde dos fuerzas políticas mayoritarias se disputan el control del poder (presencia de un partido dominante con indiscutible mayoría parlamentaria);