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Como constructores de paz debemos comenzar reconociendo a El Nuevo Diario y a otros medios de comunicación no oficiales, por la mesura, equilibrio y responsabilidad con que han abordado el proceso electoral, en particular, el post, a despecho de determinados líderes que querían el azuzamiento a la confrontación fratricida.

Es inobjetable la victoria del FSLN, porcentajes más, porcentajes menos, fruto incluso de irregularidades, son posibles y probables y confiamos sean superadas institucionalmente. La violencia y muerte debe cesar, debemos ser capaces de vivir por los ideales, capaces de mostrar talante para aceptar la derrota y talento para ministrar la victoria.

Las encuestadoras internacionales más serias y respetadas lo advirtieron, “El güegüense”  esta vez fue contra la oposición. A un lado el folclor y esta falsa imagen del nicaragüense, estaban dadas las condiciones objetivas para el triunfo. Luego de 5 años de gobierno sandinista en paz, el pueblo, por primera vez desde los 90, comprobó en la realidad que los fantasmas enarbolados contra el FSLN, nunca tuvieron visos de verdad, antes bien, vio un país crecer en medio de la brutal crisis económica y política de las grandes “democracias” capitalistas occidentales (democracia para los banqueros, dictadura para los jóvenes y trabajadores desempleados).

El pueblo vivió el impacto de los programas sociales orientados a enfrentar sus necesidades más inmediatas, la soberanía alimentaria, los esfuerzos por materializar la gratuidad de la educación, la salud, la seguridad ciudadana, la defensa de la soberanía sobre nuestros recursos naturales, el inicio del desarrollo de megaproyectos estratégicos como el Puerto de Aguas Profundas, la carretera y vía férrea que unirá el atlántico y el pacífico, proyectos hidroeléctricos como Tumarín, los esfuerzos por dotar a la juventud de nuevos ideales que le den sentido a sus vidas, causas constructoras, sanas, sin perder su alegría y vitalidad, es decir.,  lo que el académico Arturo Cruz sintetiza en la sabiduría de un gobierno que supo mantener los equilibrios macroeconómicos, garantizando el flujo crediticio y la cooperación, con los programas sociales en el segundo país más pobre de América Latina.

El discurso de la oposición fue quedando vacío, incluso desde las elecciones de 2006, y ahora ha pasado, aún unida, a una minoría del 38%, paradójicamente el porcentaje en que quedó el FSLN por varios años después del 90.

La oposición debe dar una lectura constructiva a esta experiencia que le obliga a renovarse  completamente, comenzando por dotarse de nuevos fundamentos éticos, un nuevo pensamiento, una nueva forma de concebir y hacer política, nuevas propuestas, estructuras, métodos de funcionamientos, liderazgos.

La jerarquía católica debe reconocer su parcialidad que la aleja cada vez más de su pueblo y que la misión profética no solo significa denuncia sino también anuncio y acompañamiento de todos los procesos que anticipan signos del Reino de Dios. Cuando se denigra de manera tan cruel al Cardenal Obando, se debe recordar que Isaías fue parte de la cúspide del poder en su tiempo, lo cual no lo sustrajo de su misión profética.

El FSLN está llamado a mostrar su más rica experiencia, capacidad, sabiduría, habilidad política y voluntad de reconciliación para gobernar en base al consenso, aún teniendo mayoría.

La historia de la paz registra cómo en comunidades enfrentadas bélicamente, la comunidad victoriosa iba a la comunidad vencida, entregaba un símbolo de reconciliación (una especie de nudo formando un lazo) y se fundían en un esfuerzo común para el reconstruir la ciudad destruida.

En los años más intensos de la guerra de los 80, el gobierno sandinista con todo y su legalidad y legitimidad recurrió al diálogo nacional como un recurso para avanzar hacia la paz, pero también para la defensa de la soberanía. Después de las elecciones del 90 se desarrollaron históricas jornadas de diálogo y concertación económica y social.

La realización de un diálogo nacional debería ser considerada, es saludable, no para discutir cuotas de poder, sino para reflexionar cómo sumar los mejores esfuerzos de los diversos sectores de la sociedad, para avanzar y fortalecer el desarrollo del país, cuáles serían los aportes y compromisos para enfrentar la crisis global, económica y medioambiental, el desarrollo democrático del país, la superación de la violencia en todas sus manifestaciones, qué cuerpo de valores debemos cultivar para las nuevas y futuras generaciones, cómo educarnos para abordar, gestionar y superar pacíficamente los problemas y conflictos comunes a toda sociedad, en definitiva, cómo construir una Cultura de Paz en Nicaragua.

La nueva Asamblea Nacional vería fortalecido su trabajo contando con la contribución del aporte colectivo de nuestra sociedad y  hacia afuera se estará enviando un mensaje de opción por la cultura del diálogo, que conjure amenazas externas que afecten a nuestro pueblo.

Este diálogo nacional que proponemos es demasiado importante como para reducirlo a los partidos políticos. En él deben participar los diversos sectores productivos, movimientos sociales, sector educativo, medios de comunicación, iglesias, poblaciones originarias, mujeres, jóvenes, ambientalista, entre otros.

Para garantizar la eficacia y eficiencia de esta reflexión colectiva nacional, consideramos que su organización y moderación debe ser asumida, dada sus capacidades técnicas y metodológicas, por la más alta instancia académica, es decir, el Consejo Nacional de Universidades, CNU.

*Director Instituto “Martin Luther King”
Upoli