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El recorrido educativo del país es lento, acompasado. Sus avances son tangibles, pero los desafíos lo son aún más. La brecha entre educación, desarrollo y sociedad global del conocimiento es profunda. Las raíces históricas de tal rezago son complejas, multifactoriales, y recaen, fundamentalmente, en la poca claridad y débil voluntad política.

El país cruza una nueva veta de su historia llena de sueños, perplejidades y conflictos, en la que la educación merece tener la gran oportunidad de ser parte de la solución para el desarrollo humano. En ella reside la clave del desarrollo de competencias que abonen a la democracia, participación, institucionalidad y valores humanos y cívicos.

Trazar este nuevo recorrido exige realismo y superación del romanticismo educativo. Es preciso pensar que el rol de la educación no es autónomo, absoluto, ni depende exclusivamente de cómo se organice y actúe. Si bien está comprobada su influencia fundamental en el desarrollo, también lo es que está entretejida de múltiples fuegos cruzados de la sociedad, la economía, el mercado y la actividad política misma. Atinar en su cometido no es posible en solitario, por lo que es urgente motivar y comprometer a la nación con ella. Es preciso que la educativa esté sinérgicamente hilvanada con las políticas públicas concertadas.

Algunos ejes más notables son claves para lograr avanzar al ritmo requerido:
Una educación sistémicamente articulada con un modelo de desarrollo humano: Modelo que algunos se niegan a concertar, so pretexto de que sólo existe el del mercado. Un modelo en cuyo centro de atención estén las personas y sus derechos, compartiendo valores inspiradores de la sociedad y sus instituciones.

Ello demanda políticas educativas que trasciendan los muros escolares, insertándose en los problemas nacionales, centradas en una educación de calidad para todos, priorizando el sector rural y productivo  y la Costa Caribe. Pero esto será utopía mientras no se reciba el abrazo solidario y consistente de las políticas públicas del país.

Un currículum situado, actualizado, dinamizador de competencias para el desarrollo personal y económico-social: El esfuerzo de consulta del currículum ha sido evidente. Abre puertas para hacerlo efectivo, actualmente cerradas o semiabiertas.

No basta concertar su diseño. La transformación debe dirigirse a lograr cambios mentales y prácticos en los docentes, preparándolos con la calidad requerida. Estos demandan contar con los programas curriculares, transferencias de mantenimiento, recursos didácticos, libros de texto y condiciones físicas y ambientales que faciliten a los centros constituirse en auténticos sitios de aprendizaje.

El docente es factor clave y merece ser justamente remunerado, con la preparación necesaria, reconocido y valorado: Es importante no culpabilizar al docente, y sí atacar las causas de su deficiente desempeño, frustración y anomia. Mirando al futuro, urge devolverle la razón de su profesión, motivarle, reencantarle en su profesión, con la preparación y actualización permanente requeridas, reconociendo su sacrificio desinteresado y tensionante, con políticas de apoyo económico y social justo, actualizando la Ley de Carrera Docente. La definición y articulación de políticas de formación de calidad para las Escuelas Normales y Facultades de Educación tiene mucha prisa.

La experiencia enseña que los maestros y las maestras poseen capacidades frecuentemente enterradas, con su autoestima atenazada, las que logran desplegar cuando se les proporcionan oportunidades formativas, psicosociales y humanas adecuadas. El país posee, en sus maestros, su principal potencial de riqueza, en gran medida desaprovechada e inerme. Hace falta ayudarles a desplegar ese potencial mejorando su calidad de vida. La calidad de la educación, pasa necesariamente por la calidad de vida, de la profesión, la formación y el reconocimiento que el estado y la sociedad les prodigue.

La educación requiere recursos presupuestarios en proporción con las brechas de equidad y calidad existentes: En su déficit habitual se suele justificar la ausencia de políticas curriculares y docentes efectivas. Los recursos presupuestarios necesarios son condición necesaria para mejorar la calidad de la educación, creando condiciones propicias para ello. Un pacto social por la educación, merece tener en su centro de atención, la obtención de los recursos necesarios que ya la sociedad civil viene demandando.

Lograr el acceso, permanencia, promoción y éxito de todos en el sistema educativo, con una oferta educativa pertinente: El acceso pleno al sistema es un difícil desafío. Depende de factores internos y externos, pero es imprescindible lograrlo. El abandono escolar es una debilidad profunda del sistema, particularmente de los primeros grados, lo que exige aplicar políticas efectivas de retención, permanencia, pertinencia y calidad. Los índices de aprobación y promoción merecen mejorar notablemente en cantidad y calidad. El programa de reforzamiento escolar, excelente iniciativa, requiere incorporar patrones claros de calidad. La oferta educativa permanece, aún, más anclada en intereses institucionales que en los de la población. La formación técnica necesita concebirse como un continuum educativo. Formar integralmente a los educandos para el empleo es una urgencia del desarrollo del país.

Finalmente, la educación demanda convertirse en el punto de convergencia de todos los sectores del país. Se logrará esto, alcanzando amplia y diversa participación, concertando políticas y compromisos. La educación merece ser el punto de encuentro de la nación, nutriendo la responsabilidad y compromiso de toda la sociedad. Representa la mejor oportunidad para forjar la calidad educativa necesaria.