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La reelección de Daniel Ortega, aunque prevista por las encuestas, tiene como particularidad un porcentaje de votos superior al 60%, lo cual proporciona al sandinismo una mayoría calificada en la Asamblea Nacional, con lo cual dicho partido obtiene un poder virtualmente absoluto con el control de todos los poderes e instituciones del Estado. Cabe por lo tanto analizar si esta circunstancia provocará el establecimiento de un régimen dictatorial o si este poder será ejercido con prudencia y tolerancia.

No es el propósito de este análisis determinar la legitimidad de los números y porcentajes emanados del Poder Electoral, aunque hay indicios de que los resultados pueden haber sido inflados a favor del FSLN para lograr el control de la Asamblea Nacional.

El control de todos los poderes del Estado significa que Ortega puede efectuar todos los cambios legales y constitucionales que estime conveniente, incluyendo el cambio del sistema político y hasta la prórroga de su mandato. Por lo tanto, lo que se debe analizar es si el contexto nacional e internacional contiene elementos limitantes con tendencias totalitarias que se quisieran imponer. Para ello hay que tomar en cuenta el contexto internacional y el futuro papel de la oposición.

El contexto de la región centroamericana no es favorable a Ortega. En cuanto a los países del Alba, la estabilidad de esta alianza es frágil, por la incertidumbre creada por la enfermedad de Hugo Chávez y factores de inestabilidad en Bolivia y Ecuador.

Cuba está gobernada por una gerontocracia que tendrá que ser relevada pronto. Taiwan y Japón mantienen colaboración estrictamente económica y los únicos países importantes que brindan algún apoyo político son Irán y Rusia. Estados

Unidos mantiene relaciones normales pero críticas, al igual que la Unión Europea.
Por lo tanto, Ortega no puede contar con que durante el próximo quinquenio gozará, a nivel internacional, de un nivel muy alto de solidaridad o apoyo político y económico. No tiene otra alternativa que mejorar sus relaciones con Estados Unidos, la Unión Europea y los países vecinos. Ello implica renovar, aunque sea en apariencia, la institucionalidad del país y el funcionamiento de las libertades públicas.

En el plano nacional, los resultados electorales prácticamente sepultaron el funcionamiento de una oposición colaboracionista. Al no necesitar el sandinismo de otros votos fuera de su bancada, la oposición no tiene nada que ofrecer como mecanismo de negociación. Además, el bajo nivel de votos del PLC indica un voto castigo, lo cual nos da una lección en cuanto a que el pactismo significa la muerte política.

En la legislatura que se instalará en enero, la oposición tendrá una fuerza minoritaria aunque no despreciable. Su importancia dependerá mucho de su cohesión, habilidad y utilización efectiva de los medios de comunicación. Si no logran funcionar como una unidad coherente, quedarán nuevamente como una alianza meramente electoral sin estrategia clara. Si esto sucede, se creará un vacío político que tomará un tiempo llenar.

Para el sandinismo es riesgoso un vacío político. Desde el punto de vista de imagen internacional y estabilidad interna, le conviene la existencia de una oposición que no represente un riesgo a su hegemonía. Además, la falta de una oposición formal creíble, es caldo de cultivo para expresiones de oposición violenta o fuera de la ley. Por lo tanto, es previsible que el sandinismo establezca mecanismos de diálogo con las fuerzas opositoras.

Dentro de este contexto, el sandinismo ofrecerá posiciones a la oposición en los poderes e instituciones del Estado. Para el sandinismo, la ventaja será la mediatización y división de la oposición y la posible absorción de algunos de sus miembros con prebendas o favores políticos y económicos.

Por su parte la oposición afrontaría un dilema. Aceptar cargos haría renacer las acusaciones de pactismo y rechazar los nombramientos significaría abandonar espacios importantes. La decisión más inteligente sería lograr que los nombramientos recaigan en ciudadanos capaces que desempeñen dignamente sus cargos.

Los vacíos siempre se llenan. Si se percibe que no existe una oposición creíble, tarde o temprano surgirá una fuerza opositora, promovida a través de redes sociales, organismos civiles, sindicatos, medios de comunicación o cualquier nueva expresión popular que surja en el futuro próximo. Esta fuerza será desorganizada y dispersa en su inicio pero eventualmente adquirirá cohesión y liderazgo. El sandinismo percibe esta posibilidad como la mayor amenaza a su continuidad y hegemonía. Ante esto, el sandinismo continuará siendo intolerante ante movilizaciones populares y mantendrá listas sus fuerzas de choque. Asimismo continuará su control de los espacios públicos como plazas y rotondas. También fortalecerá su presencia en las redes sociales y en los medios de comunicación, en especial la televisión.

Los votos obtenidos por el sandinismo no representan en su totalidad un voto duro. Una parte de sus votantes en las elecciones de 2011 son independientes y pueden cambiar rápidamente de opinión. Además, si tomamos en cuenta la abstención  más los votos nulos y los votos opositores, existe aún una masa grande de ciudadanos no favorables al sandinismo que constituyen un gran potencial para un nuevo liderazgo opositor.

El poder es como el dinero. Un manejo responsable y prudente es necesario para su conservación. Durante el próximo quinquenio habrá muchas tentaciones para el abuso del poder, el autoritarismo y hasta el totalitarismo, pero también habrá factores nacionales e internacionales que moderarán esa tentación.

Los líderes que controlan el FSLN han tenido mucha experiencia, lo que los ha convertido en personas pragmáticas que se han adaptado a las circunstancias. Sin embargo, el poder excesivo o la falta de controles o contrapesos puede resultar en una tentación difícil de controlar.

En el mediano y largo plazo el futuro del sandinismo dependerá de la forma en que ejerzan el poder el próximo quinquenio. En este período pueden institucionalizarse como un partido político moderno o pueden colapsar como un castillo de naipes si se convierten en víctimas de su propia ambición. Sin embargo, la responsabilidad no puede recaer solamente sobre esa agrupación política. En última instancia todos somos responsables de ejercer nuestros deberes y derechos, de expresar nuestras opiniones libremente y de poner al país encima de intereses personales.

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