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El tema electoral nicaragüense ha despertado opiniones encontradas en el exterior.  No se pretende que todas las opiniones de fuera sean acordes con los criterios de oficialistas y de opositores a la vez, porque también representan intereses contradictorios. Y si se las considera acertadas o desacertadas no será porque vengan en contra o en pro de Daniel Ortega, sino porque coinciden con los hechos de nuestra realidad política, o porque no están acordes con ellos.  

Quien invita a reparar en este tema es el siempre por mí respetado Fidel Castro. En artículos, y en libros, he expresado mi admiración por él, igual que para la revolución cubana.   

Y lo aclaro, porque no deseo ser asociado con posiciones que he combatido y combatiré siempre: la de gente de derechas que tiene por oficio escribir deformaciones de la realidad cubana con viejas tintas anticomunistas, y vienen “liquidando” a la revolución desde hace más de 50 años. Hay quienes lo hacen con un “lógico” odio de clase; otros, con odio cultivado con propaganda o con dinero, y hasta quienes se “educan” con lo que dicen los medios, y pierden iniciativa para investigar sobre la historia de Cuba. No hablo de su historia desde mediados del siglo pasado, sino la de los 200 años de su resistencia frente al  imperio vecino –que desde cuando el fundador Jefferson al frente—, ha querido absorber la isla como una extensión “natural” de su territorio. Puerto Rico ejemplariza bien esta verdad histórica.

Ahora, al tema que me ocupa. En el saludo para el 32 aniversario de la revolución popular sandinista, Fidel elogió a Daniel Ortega y a tres ex comandantes: Jaime Wheelock, Tomás Borge y Bayardo Arce, por su desempeño en la supuesta continuidad de la revolución del 79.

En Nicaragua todo el mundo sabe, los orteguistas mejor que nadie, cómo Daniel se apoderó del FSLN, hasta convertirlo en su propiedad; que Wheelock lleva 21 años dedicado a cualquier cosa –incluso, a investigar y publicar recetas de cocina—  y a ninguna revolución. Tomás Borge no ejerce función dirigente; su cargo en el FSLN es decorativo; es embajador, diputado que no legisla y dedicado a sus asuntos personales. De Bayardo Arce no sé qué decir que se parezca a lo que de él piensa Fidel: asesor económico de Ortega; fiel ejecutor de las políticas del FMI; hombre de negocios, entre ellos el béisbol rentado.  

En reciente reflexión (9/11/2011), Fidel considera que “…el domingo 6 de noviembre hubo una elección general, en la que Daniel Ortega y el FSLN de Nicaragua obtuvieron una aplastante victoria”.  
Aquí se vio de otra forma.

Fidel pareciera haber visto esa “aplastante victoria” con la óptica del corresponsal en Managua de la TV cubana, quien se la copió al corrupto presidente del CSE, y la transmitió –como siempre— “con la colaboración del Canal 4”, el que a su vez, es propiedad del clan Ortega-Murillo. Este corresponsal (diario veo por lo menos un programa de Cubavisión Internacional), nunca ha dicho una palabra sobre la ilegalidad de la candidatura de Daniel, según nuestra Constitución Política.  La versión de los diplomáticos cubanos en Nicaragua no debió ser diferente.

Imposible detallar aquí otras irregularidades y tragedias, como la de  tres campesinos asesinados y muchos heridos –cazados en su propia casa en El Carrizo, San José de Cusmapa—, por policías, un funcionario del CSE y un secretario político del FSLN. También fue muerto por opositores, un líder orteguista local, en Siuna, producto de las pasiones desatadas por la burla electoral. Tampoco podría detallar pruebas documentales y testificales de las trampas e ilegalidades cometidas desde cinco años atrás por el clan Ortega-Murillo para lograr su “aplastante victoria”.

Fidel agregó en su reflexión citada, la siguiente versión sobre las elecciones:
“Debo decir que las elecciones en Nicaragua fueron al estilo tradicional y burgués, que nada tiene de justo o equitativo, ya que los sectores oligárquicos, de carácter antinacional y proimperialistas disponen como norma del monopolio de los recursos económicos y publicitarios, que en general, y de modo especial en nuestro hemisferio, están al servicio de los intereses políticos y militares del imperio, lo cual resalta la magnitud de la victoria sandinista.”

Los orteguistas, por ser autores de las irregularidades, saben mejor que eso no es cierto, sino lo contrario: a) estas elecciones fueron peores que las del “estilo tradicional y burgués” que aquí conocimos muy bien en 45 años de somocismo; b) no todos los críticos y opositores del orteguismo, son de derecha –y quienes lo son, no por ello pierden sus derechos ni están obligados a ser pasivos frente a los violadores de las leyes—; c) entre críticos y opositores hay gente trabajadora con más de medio siglo en la lucha antiimperialista, estuvieron con el gobierno de la revolución, y no tienen empresas robadas al Estado; d) nada en común tienen con “oligárquicos proimperialistas”, como los tiene Ortega a través del FMI; e) los mayores “recurso económicos y publicitarios”, los gasta el clan Ortega-Murillo en cantidades ofensivas para la pobreza del país, y posee no menos cuatro canales de TV e innumerables radios; aquí, nadie tiene tanto.

Fidel también habló de que “La profundidad de la Revolución Sandinista se ganó el odio de la oligarquía nicaragüense y el imperialismo yanki.”

Sin duda que sí. Pero si esa revolución existiera todavía, su profundización, ¿podría hacerse sin reforma agraria, con viejos y nuevos terratenientes, con la energía eléctrica y su distribución, más las comunicaciones en manos  privadas?  ¿Qué profundización es esa con un gobierno portador de ideas y prácticas reaccionarias en contra de las mujeres, con la condena del aborto terapéutico; que en vez de concepciones científicas, a las masas les recita dogmas alienantes; con líderes enriquecido en el poder, que hacen migas con los grandes capitalistas y juntos obedecen directrices del FMI? ¿Profundización, cuando de lo primero que hará Ortega, será cumplirle al FMI con la reforma del Seguro Social, contra los trabajadores, pues aplazará por cinco años su jubilación (de 60 a 65) y la cotización la alargará quince años más y será más cara?

Sólo estos ejemplos dicen que este gobierno tiene mucho más de reaccionario que de socialista.  Entonces, ¿por qué Fidel piensa otra cosa? Imposible saberlo. Solo queda suponer que hay intereses de Estado y razones de política internacional que pesan más que la verdad sobre nuestro país.