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“No debemos perder la esperanza”, señala categóricamente la Conferencia Episcopal en su comunicado sobre las recientes elecciones. Agregan los Obispos: “No nos desalentemos ante lo que no se ha podido aún construir en materia democrática, sino más bien esforcémonos por hacer real lo que es todavía posible en Nicaragua”. Y exhortan “a todo el país a vivir este momento no con pesimismo, sino como un reto para nuestra esperanza”.

La exhortación episcopal resulta más que pertinente porque la impunidad con la cual ha actuado el Consejo Supremo Electoral (CSE), burlando abiertamente la voluntad del pueblo expresada en votos, y la impunidad con la cual han actuado las fuerzas de choque del orteguismo aplastando las expresiones de protesta pacífica, con la tolerancia y a veces hasta apoyo de la Policía Nacional, podría conducir a la resignación del “no hay nada que hacer”.

En verdad, hay mucho que hacer. Mientras las líneas específicas de qué hacer se irán decantando poco a poco, hay una línea de acción, gruesa por cierto, que es responsabilidad de los dirigentes de la Alianza PLI.

En el imaginario popular hay esa nueva realidad política, la Alianza PLI, en torno de la cual se aglutina toda la oposición al proyecto dictatorial y dinástico de Ortega.

Es cierto que nació como una Alianza electoral, pero sus dirigentes tenemos la responsabilidad de estar a la altura de esa expectativa del imaginario popular, y hay que convertirla en una Alianza política, con perspectiva estratégica y por tanto con mayores niveles de coherencia y organicidad. Fallar a esa expectativa sería fallar a la esperanza que los obispos, y estoy seguro todos los ciudadanos, demandan como la tarea más urgente.

En la perspectiva de hacer el tránsito de una Alianza electoral a una Alianza política, se tiene como punto de partida tres grandes activos: primero, el simbolismo aglutinador del liderazgo de Fabio Gadea Mantilla; segundo, la demanda de los ciudadanos; y tercero, la enorme coincidencia programática en torno a la democracia y el progreso socioeconómico, como ejes articuladores de la Nicaragua que se quiere y es posible tener.

Fallarle a la esperanza, sería fallarle a Nicaragua.

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