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No me asombra (y lo esperaba) ese tibio informe de la Secretaría General de la OEA, que fue eventualmente aprobado por el Consejo Permanente. No necesitamos ser grandes analistas en política internacional, para entender que la OEA no es Insulza ni Caputo. La OEA esencialmente la conforman las representaciones de los Estados miembros que son como 29 países, incluidos EU y Canadá, países cuyo aislamiento en el foro ha crecido en los últimos años, gracias a la creciente hegemonía de Venezuela y del Grupo del Alba. En la OEA también se negocia en base a la correlación política presente, y conviene que estemos claros que en su interior el Grupo ALADI (compuesto por todos los países de América del Sur) con la mayoría de países (menos Colombia) con una orientación de izquierda (de centro, moderada, radical como el ALBA) aunque tengan algunas contradicciones, son la mayoría en la OEA y vienen imponiendo la agenda y sus tonos desde 2008-2009, una vez que aceptaron la capitanía general del ALBA en haras de no dividirse como América Latina y consolidar el Proyecto Unasur. Ello coincide en la reelección de Insulza como Secretario General.

Ortega aprovecha oportunistamente este contexto en que aparece como un apéndice de Venezuela levantando la bandera de gobierno de izquierda. Condenar a Nicaragua equivale a pelearse con el AlBA y en particular con Venezuela, y hacerlo equivale a golpear a UNASUR, alrededor del cual está unida fuertemente ALADI. Representa (Unasur) una alternativa contra la OEA. UNASUR es una especie de espada de Damocles que pende sobre la cabeza del proyecto OEA, efectivamente en decadencia. Es como un chantaje en realidad.

Creo incluso, que este nuevo período de Insulza fue el resultado de una negociación con estos, una vez que no fue candidato a presidente de Chile: “te quedas, pero nos vas a apoyar” y a los EU también les amenazan con Unasur, que sería una versión de la OEA pero sin América del Norte (EU y Canadá). En este contexto, México se suma a las iniciativas de ALADI, debido a su gigantesca crisis social, y Brasil no parece querer pelear con nadie, puesto que está en lo suyo.

Por los pasillos del Salón Simón Bolívar, no hace mucho se hablaba que el candidato de EU y demás países que hacen bulla después del ALBA, (Panamá, Costa Rica y Colombia) para la Secretaría General de la OEA era Arístides Royo (expresidente de Panamá), quien no favorecía al ALBA y por lo tanto le echaron la vaca todos los de ALADI, que arrastra a un montón de paisitos del Caribe (CARICOM) que aunque chiquititos y pobrecitos algunos, suman votos (son más de 12) a favor ahora de los que escupen en rueda en la OEA.

En estas circunstancias, ¿qué esperábamos del informe de Caputo? Incluso creo que la Secretaría General de la OEA, en este contexto de su Consejo Permanente, fue más bien valiente. Jamás la OEA intervendrá hoy en un país cuyo gobierno se dice de izquierda o es aliado de Venezuela. Jamás va a expulsarlo o sancionarlo de alguna forma, y en este sentido el caso de Honduras fue parte de esa correlación. Expulsar a Nicaragua de la OEA en esta circunstancia o imponerle una sanción, equivale a una crisis interna en la OEA provocada por el ALBA y ALADI. ¿Y a eso a quien le importa? Si se tiene a Unasur sin EU y sin Canadá.