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Cuando un grupo de interés, cualquiera que sea, detenta el poder, coloca sus intereses económicos y sociales por encima del interés general, y eso es lo que pasa en Nicaragua cada vez que hay elecciones, gane quien gane, moros o cristianos.

El pueblo y su tan codiciado voto, una vez que pasan las elecciones, es olvidado. Recién pasaron las elecciones en un proceso que desde hace más de un año anunciaba lo que sería y ya desde entonces parecía inverosímil, que como es lógico produjo un resultado doloso “verosímil”, que fue tan increíble como las razones invocadas por la “oposición” para participar en las elecciones “bajo protesta”, a sabiendas que legitimarían lo ilegítimo, y tan inverosímil, como ver ahora a los representantes de la Alianza PLI rasgarse las vestiduras en protesta de su “cohecho” al mismo tiempo que en “silencio disonante” se preparan para asumir sus curules “por estrategia”, a la par que la ciudadanía les reclama que demuestren más protagonismo, como inverosímil es querer crear un “líder de la oposición” por “decreto”, ignorando que los líderes salen de la ciudadanía y no se hacen solo porque alguien lo dice, y como es también inverosímil que la sociedad civil demande reformas del CSE y las leyes electorales, (lo cual está bien), al mismo tiempo que evita e ignora: la autocrítica, un plan “incluyente” por una sociedad más solidaria, y exigir reformar su propia actitud y cambiar los líderes de la mentada oposición.  

Siempre me he preguntado qué tiene en común un “ciudadano” que sobrevive en una champa de dos tejas de zinc en las orillas del lago de Managua y alguien que vive en la carretera sur en una mansión de un millón de dólares. Fuera de ser ambos nicaragüenses, pienso, no tienen nada en común. Sin embargo, el que vive en una mansión en la carretera sur, digamos en el área de Montefresco, a la orilla del Incae, bastión y atalaya del empresariado nicaragüense, espera que aquel que vive en la chabola en las orillas del lago, el día de las elecciones, vote a favor del candidato de sus intereses por la “democracia”.

Tomemos prestados algunos pensamientos de Ortega y Gasset. Sobre la opinión pública escribió Ortega y Gasset preguntándose ¿Dónde la hay? ¿Dónde tiene el pueblo opinión? Hay una medida exacta, podrá decir alguien, de la opinión pública: el número de votos en las elecciones. La proporción entre la cifra de electores y la cifra de votantes marca la energía de esa opinión…“¿Por qué votan los pueblos que votan? ¿Por qué tienen una opinión los pueblos que la tienen? Sepamos antes qué cosa es pueblo. Dificulto que pueda alguien definir esta oscura e incierta realidad del pueblo en otra forma que sirviéndose de lo que llaman los filósofos juicios infinitos o privados. Pueblo es lo que no habla en los Parlamentos, lo que no escribe libros ni pinta cuadros, ni es mencionado en la Guía Oficial, ni nace en una hora, ni muere en otra, lo que no es nadie en particular, lo inconsciente en cada nación…Con esto queda dicho que el pueblo no puede tener opinión, es antes bien, mar infinito donde ruedan los contrarios torrentes sin confundirse. El pueblo no piensa, aquella porción suya que podría servirle de cerebro es precisamente lo que llamamos elite…”  Vieja y nueva política.

Y es precisamente esta elite a la que se refiere Ortega y Gasset como el cerebro del pueblo, la que lo traiciona después de cada elección. Es como que el Cerebro del mismo cuerpo humano paralice el corazón o el hígado de su propia humanidad, es decir, un suicidio. Sin embargo, por estúpido que parezca, eso es lo que hace el cuerpo social nicaragüense, el Cerebro social deja inerte al resto de su cuerpo solo para darle primeros auxilios en las próximas elecciones.

Nos recuerda Ortega y Gasset, el sociólogo y filosofo emérito que: “Vivir no es ir arrastrado, ir forzado, sino proponerse fines y lograrlos en lo posible, querer en fin, algo, la política significa una acción sobre la voluntad indeterminada del pueblo, una educación, no una imposición.” “El pueblo no quiere, necesita, y lo que necesita no lo sabe él, hay que descubrirlo científicamente. El pueblo es al cabo la materia política. El problema político comienza cuando nos preguntamos ¿Por qué somos pobres?”

Pero en el caso de Nicaragua, con una sociedad codiciosa, egoísta y tacaña ¿Cómo en efecto, mejorar seriamente, si no tenemos una idea de lo que debe ser una sociedad?

En nuestro caso como lo define Ortega y Gasset: “La conciencia nacional ha sido desorientada por hombres sin veracidad, exentos de filosofía, que nos han fingido una estúpida genealogía de semidioses…El hecho más evidente y grave de nuestra vida nacional es la manifiesta ineptitud de los partidos políticos.”

Para salir del letargo y avanzar, Nicaragua necesita que dejemos de medrar en lo que ya no se puede remediar, hacer profundos cambios y reformas, físicas y mentales, entre la dirigencia política y de la sociedad civil, asumir con seriedad el destino de la nación sin discriminaciones y con mayor solidaridad social.