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“El gobierno en su laberinto” se podría titular una crónica periodística que describa los bandazos que el gobierno de Ortega ha estado dando en relación a los serios y numerosos cuestionamientos que han provocado los “resultados electorales” del Consejo Supremo Electoral (CSE). Y decimos “resultados electorales” del CSE, porque todo el mundo sabe son producto de la voluntad arbitrariamente orteguista de ese Consejo, y no de la voluntad de los nicaragüenses.

Un aspecto central de los cuestionamientos ha sido, en el caso de la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), que al no permitírsele estar en todas las Juntas Receptoras de Votos (JRV) en que había decidido tener presencia para poder obtener criterios objetivos de evaluación, se les había alterado la “capacidad para medir lo que está ocurriendo en el país”, como textualmente dijo el Jefe de la Misión de la OEA, Dante Caputo, en conferencia de prensa que ofreciera poco después del mediodía del propio día de las elecciones.

Frente al hecho de que a observadores de la OEA no los dejaron entrar en varias JRV, el Asesor Presidencial Bayardo Arce dijo: “Como dijo Tomás Borge, ese fue un celo mal entendido de los que estaban allí, que más bien nos afecta, porque lo ideal hubiese sido que pudieran entrar”. Y agregó: “¿Qué tenés que ocultar a la hora que estás instalando la mesa? Los tipos de estas mesas cometieron ese error y no tiene ninguna justificación”. (EL NUEVO DIARIO, 14 de noviembre de 2011).

Pues parece que en esta ocasión estaremos de acuerdo con los Comandantes Arce y Borge: el hecho afecta, y seriamente, la credibilidad de las elecciones. Solamente así se explica que pocos días después el gobierno se inventara, a través de las declaraciones de un prisionero político, real o fingido, pero prisionero político en todo caso, una “conspiración” nacional e internacional para afectar la credibilidad de las elecciones.

Y no paró ahí: el mismo Embajador nicaragüense ante la OEA, que una semana antes había felicitado al Jefe de la Misión de ese organismo por el Informe que rindiera ante el Consejo Permanente de la Organización, vino después a decir que tal Informe era parte de esa tenebrosa conspiración. “Hemos afirmado, dijo, que eso es falso, que nuestro Gobierno está haciendo una investigación y documentándola para enviarle a la OEA esa información y dejar claro que el informe de la OEA adolece de la verdad, tiene ese elemento que es falso y se entiende que algunos de los elementos de los acompañantes de la OEA rindieron información falsa”. (El 19 Digital, 21 de noviembre de 2011)
¿A quién creerle, entonces, al Asesor Presidencial y al Subsecretario General del FSLN, o al embajador de Ortega ante la OEA, que una semana dijo una cosa para la siguiente decir lo contrario?

Pero, bueno, agarremos la palabra al gobierno: si está haciendo una investigación sobre el caso, ¿por qué no dice quienes están haciendo esa investigación? ¿Por qué no aprovecha el gobierno, y para limpiar su credibilidad, integra a esa Comisión a representantes de la OEA, de la Unión Europea, y de muchas otras organizaciones que han expresado sus dudas sobre la credibilidad de los resultados de las elecciones? O si lo prefiere, porque la OEA y la UE ya son parte de la controversia, ¿por qué no invita el Gobierno al Secretario General de las Naciones Unidas (ONU) para que nombre a una Comisión que establezca los hechos?

Como puede apreciarse, hay opciones para que el gobierno salga de su laberinto.