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Si algo quedó claro de las recién finalizadas elecciones nacionales en nuestro país, es que el desprestigio del que goza el Consejo Supremo Electoral (CSE) en su conjunto, hace impostergable tanto el cambio de todos sus magistrados, como de una reforma profunda en esta institución del Estado, o más bien el cambio total del sistema electoral, con el fin de que la ciudadanía no pierda, en el futuro, la confianza en su voto.

La credibilidad del actual tribunal electoral es casi nula. Hace 20 años dicha institución gozaba de enorme legitimidad nacional e internacional. Las últimas dos décadas hablan mucho del Consejo Supremo Electoral.

Esta institución pasó de estar entre las más respetadas a ser la menos creíble. El hecho de haber partidizado la institución al ciento por ciento le hizo mucho daño a la evolución profesional que venía teniendo el Consejo en elecciones anteriores a 1996 había comenzado la partidización del organismo electoral, haciendo que los miembros de las Juntas Receptoras de Votos fueran escogidos de la lista de partidos. En 1990, el segundo miembro era tomado a propuesta de los partidos, pero el presidente y el primer lo miembro elegía el Consejo.

Para recuperar esta credibilidad abogamos en primer lugar que el CSE, en lugar de ser un poder del Estado nicaragüense, pase a ser un ente autónomo, semejante al Instituto Federal Electoral (IFE) de México, y que se active durante un tiempo prudencial antes y después de las elecciones.

Este instituto debe contar con representantes de todos los partidos políticos, varios representantes de la sociedad civil, miembros de la Asamblea Nacional, para garantizar  el cumplimiento de todas  las normativas electorales, como la Certificación de Boletas en cada Junta Receptora de Votos; Conteo de los Votos, reflejados y firmados por  todos los fiscales y dos observadores independiente en las Actas Finales por cada junta, entre otras reformas necesarias, para darle al país, la tranquilidad y la credibilidad, para que los procesos electorales, tanto nacionales, departamentales y municipales, sean  transparentes y cristalinos.

Sería conveniente que la composición de las Juntas Receptoras de Votos fuera formada por personal civil, escogido de la misma forma como se escogen los jurados, o sea por tómbola, se capacita a los escogidos para los cargos que sean necesarios en cada JRV y después todas estas personas regresan a sus tareas diarias. Este sistema ya se aplicó en Nicaragua y con buen suceso.

Que el proceso de cedulación pase a ser independiente del instituto electoral para evitar contaminarlo, es necesario que este proceso pase a depender como una Dirección General del Ministerio de Gobernación, como esta Migración y Extranjería o la Policía Nacional o mejor aún en una oficina autónoma del gobierno central.

Es necesario también, para recuperar la credibilidad perdida en el proceso electoral, que exista una amplia participación de observadores, tanto nacionales como internacionales, y que empiecen a realizar su trabajo con suficiente anticipación, para garantizar unas elecciones diáfanas y que legitime tanto el proceso como a los triunfadores.

Es imposible seguir manteniendo el sistema actual de votaciones, hay que cambiarlo por el bien de la democracia, por el futuro de nuestro país, para dejarles a nuestros hijos un país mejor del que heredamos nosotros.

Sin embargo, las recientes declaraciones del jefe de la bancada del FSLN en la Asamblea Nacional, de mantener a los mismos miembros que componen el Consejo Supremo Electoral y la promesa de hacer algún cambio cosmético a la misma, lanza un enorme reto a la sociedad nicaragüense para buscar formas de presión para que la reforma sea una realidad, sin embargo, para hacer esto posible, la ciudadanía tiene que salir de su apatía, de su postración, nadie vendrá a hacer lo que nosotros queremos.

Con el partido de gobierno, ahora con una mayoría calificada en el Poder Legislativo, no es recomendable confiar exclusivamente en la buena voluntad de ese partido para hacer las reformas que son necesarias y que definitivamente en algunos aspectos no le favorecerían.