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Mientras el oficialismo se prepara para “el traspaso de la banda presidencial”, la oposición se debate entre si toma o no las curules en la Asamblea Nacional, y el pueblo clama por ver a estos líderes en las calles protestando por el fraude electoral.

La ansiada espera por los informes finales de las misiones internacionales concluyó sin tener los resultados esperados. La oposición esperaba que estos organismos hicieran lo que les corresponde a los partidos políticos, la definición del proceso electoral como fraudulento y decidir de una vez por todas cómo defender el derecho del pueblo de elegir cívicamente a sus autoridades.

La OEA por medio de su secretario general se adelanto a celebrar el resultado que favorece a Ortega sin tener el aval del jefe de dicha misión para luego retractarse y alegar que fue error como lo manifiesta en una entrevista brindada al prestigioso periodista Andrés Oppenheimer del Nuevo Herald.

“Cuando le pregunté por la declaración de la OEA que lo citaba diciendo que la democracia había dado un paso adelante, Insulza me dijo: “Eso fue un error”. Señaló que la Misión de Observación Electoral de la OEA había incluido esa cita en un comunicado de prensa emitido para dar cuenta del llamado que le había hecho él a Ortega tras la elección. Pero más tarde, Insulza pidió que la cita fuera eliminada de la Declaración, y ya no figura en el portal web de la OEA” (Nuevo Herald, 16.11.11)

No obstante, el informe de la Unión Europea fue más contundente en denunciar las irregularidades del proceso pero tampoco definió el proceso como fraudulento, lo que parecía esperar la oposición para tomar medidas; sin embargo; no fue así y la espera sigue.

¿Qué esperan?, ¿cuáles serán las acciones a tomar?

A juzgar por la experiencia, no hay mucho que esperar tal y como ocurrió en el 2008. Lo más seguro es que los diputados que hayan resultado electos tomarán posesión de sus cargos y Ortega seguirá dirigiendo los destinos de este país sin nadie que se le oponga.

Lo más frustrante de esto es que pareciera que el partido de gobierno ha sido el que ha marcado la pauta de todo lo que hacen nuestros dirigentes.

Si vemos las estrategias de campaña lo que estuvo claro es que la oposición estaba esperando ver qué hacia el Frente Sandinista para ellos actuar, y aun con todo eso no fueron capaces de anticiparse al tan anunciado fraude,  lo cual tendrá un costo político mucho más alto que los apenas 26 diputados electos.

Por otro lado, la evidente separación de las bases por parte de la dirigencia, y la constante demanda por verdaderos liderazgos, está cobrando factura. Los relevos generacionales parecen no estar en su agenda a pesar que –bajo este escenario– esto se convierte en una necesidad imperiosa.

Este es un capítulo más de la eterna novela política de este pueblo que se resigna viendo qué pasará mañana.