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En memoria a nuestros héroes y mártires de San José de Cusmapa

El sistema republicano en Nicaragua ha colapsado, iniciándose una peligrosa discriminación política, social y económica para los que no comulgan con la consumada dictadura orteguista.

He observado como algunos chapuceros de la opinión han querido justificar el proceso fraudulento antes, durante y después de las elecciones, argumentando que las “sabias” encuestas ya anunciaban el triunfo oficialista y que la abstracción del discurso opositor no llegaba; contrario  a la conexión de la dictadura con las bases populares “olvidadas por los 16 años de neoliberalismo”.

No obstante, quedó evidenciado el servilismo institucional que promovió un fraude electoral sofisticado, a diferencia del fraude artesanal realizado durante  las elecciones municipales en el 2008, adaptando y adoptando la experiencia de acuerdo  a la exigencia de los tiempos “modernos”.

Lo inaudito de este expediente histórico es que mientras los demás países centroamericanos cimentan las bases hacia la transición de un Estado posmoderno, nosotros retrocedemos a un Estado premoderno, caracterizado por un sectarismo agudo que genera inseguridad y violencia.

Se tiende  la trampa histórica para proyectar una democracia de derecho hacia la comunidad internacional, pero con un gobierno “de hecho” medieval hacia adentro, sin tregua ni oportunidad al respeto por la diversidad, ya que lo diverso es sospechoso en un sistema autoritario, alineado y centralizado.

Este nuevo sujeto histórico de la barbarie, heredero de los Pedrarias y Contreras, ha instaurando un gobierno donde la Ley está supeditada a él, acompañado de la Santa Inquisición, liderada por Obando, que se reviste con la palabra pueblo durante sus homilías para regalar zinc en vez de espejos incinerando el Estado laico.

Entonces, no creamos en una nueva conversión del dictador en este hurtado mandato, con su discurso torpe y anacrónico, acompañado de una parafernalia de desgastada “reconciliación” contradictorio a la práctica mediante la instrumentalización del Cartel de los Sapos que hostigan, persiguen y ejecutan a la ciudadanía.

“No crean que porque somos mayoría, haremos nuestra voluntad, haremos la voluntad del pueblo” (Ortega). Lo que me lleva a preguntar: ¿Es la voluntad popular la que impide las marchas cívicas, la  que activa turbas, la que ejecuta opositores?

La megalomanía es un estado psicopatológico caracterizado por los delirios de grandeza, poder, riqueza y omnipotencia, donde el sujeto, aquejado de esta perturbación, tiende a ver situaciones que no existen, por consiguiente, la palabra “pueblo” no puede ser confiscada por la enfermedad de los Ortega/Murillo.

No hablemos entre dientes de supuestas anomalías, denunciemos con fuerza que hubo un fraude electoral de dimensiones nunca vistas en la historia nicaragüense, la maquinaria orteguista violentó la voluntad popular y las esperanzas depositadas en las urnas.

Asimismo, increpemos a la oposición por su constante improvisación, que en cada momento parecía depender de la coyuntura y no de una planificación  o  tal vez creyeron ingenuamente, que participando y legitimando los comicios les daría un mínimo de garantías. “Pero si un enemigo te hace daño y tú te lamentas eres  un estúpido, porque la naturaleza del enemigo es hacerte daño”. (Gramsci).

Me refiero a la verdadera oposición, no a los cadáveres políticos que rondaron el proceso, creyendo que en río revuelto sacarían ganancia de pescadores; sin embargo, dicha oposición no ha estado a la altura de los acontecimientos ya que situaciones drásticas exigen medidas drásticas.

El pueblo, nervio y corazón de esta lucha generalizada, ha dado lecciones de honor y gloria con los héroes y mártires de San José de Cusmapa, que ofrendaron sus vidas por la libertad, a diferencia de los políticos tradicionales más preocupados  por la aritmética electoral.

Aunque padezca de insomnio y me duela la noche en un costado no retrocedo mi vista hacia la comodidad o complicidad (que es lo mismo) en esta farsa histórica, donde se burló además de la voluntad popular las esperanzas confiadas a una dirigencia inconsistente.

Tengo la certeza que es en la nueva generación donde deben emerger líderes renovados y no en la agotada política tradicional que tristemente legitimarían el fraude con la aceptación de sus curules. “Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato en el mismo bolsillo donde llevo esta vida” (Cortázar).