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Es lugar común que las universidades reclamen calidad a la educación básica y media. Pero no es habitual que éstas aporten a este subsistema, su haber cognitivo en el desarrollo de programas de fortalecimiento de su calidad.

Las Cumbres Mundiales de Educación Superior enfatizan que las universidades deben mirar solidariamente a la educación básica y media. Su argumento tiene bases: el lugar de privilegio que ocupa, la disponibilidad de recursos económicos, cognitivos y materiales; y su necesidad de recibir jóvenes mejor preparados en las carreras.

Los desafíos nacionales, al respecto, son notables. Su principal obstaculizador es el hecho de no contar con un sistema educativo debidamente articulado. Ello hace que, cada subsistema, navegue en aguas dispersas, centrado en sus propios intereses, perdiendo de vista esta responsabilidad y desafío.

Los esfuerzos e iniciativas realizados merecen ser alabados, pero han sido efímeros o coartados. El Plan Nacional de Educación 2001-2015 surgió producto de un esfuerzo conjunto de los subsistemas, después de años de aislamiento.

Sus luces se han difuminado en el tiempo. El Foro Nacional de Educación del período 2004-2006, retomó con fuerza el PNE, en un proceso notablemente más legítimo, amplio, participativo e integral. En 2006, tan hermosa iniciativa y sus propuestas fueron, también, obviadas. En 2007, con acierto, el MINED y el CNU organizaron una Comisión de Articulación que, en 2009, dejó de funcionar.

Este proceso de encuentros y desencuentros, luces y sombras, proporciona lecciones aprendidas al país que aún no son asimiladas. Pero la llama no se ha apagado y muchos actores educativos esperan que fructifique, de forma sostenida, este encuentro necesario, por una educación de calidad en un continuum educativo.

Recientemente, el Consorcio de Universidades UNAN León, UCA, Uraccan y BICU, en conjunto con el MINED, el apoyo del Unfpa y coordinado por el Ideuca, a lo largo del 2010 y 2011, desarrolló dos Cursos de Diplomado para un total de más de mil novecientos consejeros y consejeras, distribuidos en ocho sedes en todo el país, con sede en las escuelas normales. Los resultados ofrecen al país lecciones dignas de ser aprovechadas por nuevas experiencias. Los diplomados trascendieron sus fronteras, ofreciendo a la nación una investigación referida a la Situación y desafíos de la Consejería Escolar, y la Sistematización de las dos experiencias. La comunicación y publicación de sus resultados ofrece un conocimiento de la realidad constatado científicamente, a la vez que un racimo de aprendizajes y nuevos conocimientos surgidos de la experiencia vivida que, seguramente, irradiará el quehacer del Mined y de las universidades participantes.

Ambos cursos posibilitaron procesos de fortalecimiento personal y enriquecimiento, con cajas de herramientas que contribuirán a que, consejeros y consejeras, se acerquen con propiedad y técnicas científicas, pedagógicas y psicológicas, a la problemática que acecha y se instala en las vidas de la niñez y adolescencia. Cinco módulos que abarcaron la política educativa y de consejería con el componente psicopedagógico, el modelo psicoafectivo, la orientación vocacional, el desarrollo juvenil y la escuela de familia, conforman el sistema temático curricular.

Los consejeros realizaron una Investigación Acción cuestionando y proponiendo mejoras de su práctica y elaboraron un “texto paralelo”, posibilitándoles penetrar en su interioridad, reflexionando  metacognitivamente y autorregulando sus concepciones y prácticas.

La experiencia analizada, desde estos instrumentos, los aportes de los actores y de las cuatro coordinadoras del consorcio y de la coordinación general, han desplegado aprendizajes relevantes. Son lecciones que alientan procesos sistemáticos de articulación entre los subsistemas educativos, en búsqueda de crear espacios comunes de intercomunicación y vasos de intercambio entre los subsistemas.

En medio de la fracturación que reina en el aparato educativo, se puso a prueba que sí es posible desarrollar experiencias de acercamiento y provecho mutuo entre instituciones diversas: Universidades, MINED y el UNFPA. La capacidad de articular intereses, negociar significados, procesos y logros, no sólo es posible, sino profundamente positivo y enriquecedor para las partes. Un programa de formación adquiere mayor significado e incidencia, en tanto aprovecha vigores dispersos, gestiona adecuadamente el talento humano disponible y la diversidad de visiones; se sitúa a fondo en la realidad existente y consensua estrategias innovadoras orientadas al cambio de visiones y acciones.

Concertar procesos de formación desde las coincidencias y diferencias, fortalezas y sinergias de las universidades participantes, ha proporcionado apuestas importantes a la innovación. Esta, no sólo se ha instalado en la acción y visión de consejeros y consejeras, sino también ha irrumpido en los más de cincuenta facilitadores y sesenta tutores de investigación, participantes, y con ellos, como “Caballos de Troya” penetrado e irrigando el quehacer académico universitario.

La realidad educativa difícil que enfrentaron, el ejemplo de persistencia y motivación de consejeros y consejeras, que realizan su trabajo con múltiples dificultades, ha cundido en el entorno de estos académicos, cuestionando comodidades, estatus y visiones. Tal éxito invita a abrir otras puertas y ventanas articuladoras.

Si no sólo ha sido posible este entendimiento, sino que, además, ha gestado una riqueza que sobrepasa lo que esperábamos, ¿qué impide al país avanzar en el encuentro necesario de estas educaciones de la nación? La deuda es grande, la espera, larga, la prisa, enorme.