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Italia y Grecia han cambiado de gobierno. Pero éstos no han sido elegidos por sus  ciudadanos, sino que  los han colocado al mando de sus respectivos países, ya que los  mercados no tenían la suficiente confianza en sus ejecutivos. Parece que ha nacido una  nueva forma de despotismo: todo para los mercados, pero sin el pueblo.

La crisis ha devaluado la figura del político. En su puesto han colocado a los llamados  tecnócratas. Personas sin ninguna formación política, que se les presupone que conocen  bien las herramientas para sacar a sus países de esta crisis que comenzó en 2008, pero  que se llevaba cocinando desde hace más de veinte años.

En Grecia, Lukas Papademos ha sacado el cincel y se ha puesto a desmontar, si es que  los anteriores gobiernos habían dejado algo, el maltratado estado de bienestar heleno. A  este tecnócrata, formado en el Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), lo avala  su currículo, en el que destacan sus servicios como presidente del Banco Central de  Grecia y la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Nadie le conoce afiliación  política. Ninguna votación popular lo ha consagrado en las urnas.

En Italia, ni siquiera los mercados soportaban más el personaje plastificado de  Berlusconi. Pero ha tenido que ser la prima de riesgo y la falta de confianza, no sólo  para los ciudadanos italianos y europeos, la que empujara al primer ministro fuera del  ejecutivo. En su puesto han colocado a otro tecnócrata, Mario Monti. En su currículo  consta que fue Comisario de la Unión Europea y asesor del banco estadounidense  Goldman Sachs, una de las entidades que más se benefició de las políticas de rescate de   G. W. Bush.

A estas personas se les supone más y mejores capacidades para sacar a sus economías  de la tormenta económica, aunque tendrán que hacer frente  a los mismos problemas  que sus antecesores. ¿Acaso ellos no van a estar entre la espada y la pared de la  insatisfacción ciudadana y los caprichos de los mercados? Al no ser elegidos en las  urnas, ¿no responderán a la ciudadanía, pero sí a los mercados?

Muy pocas voces han cuestionado la legitimidad de estos nuevos dirigentes. El miedo a  que las economías acaben de gripar ha abierto la veda a formas alternativas para llegar a  los gobiernos. Nuevas formas de imponer planes de ajuste y severidad presupuestaria,  que no son más que aquellas que solicitan los mercados. La vieja fórmula del  despotismo ilustrado maquillada para el siglo XXI.

El problema es que, como afirma el analista político internacional, Ignacio Torreblanca,  “las actuales democracias representativas se están mostrando incapaces de gestionar  eficaz y democráticamente ese sistema que está emergiendo en el ámbito europeo”.   Esto no es más que un síntoma de que la democracia se está debilitando, ya que su  sentido último es que el pueblo se gobierne a sí mismo. Y como se puede ver, los  gobiernos han dejado de decidir quién o quiénes conducen la cosa pública, en esta lucha  por contentar a diario a los acreedores.

Los mercados piden gobiernos solventes y de confianza, pero parece que cada vez le  gustan menos los que son elegidos por el pueblo. Las reformas estructurales, la  competitividad y productividad, y alguna privatización, son medidas que en algún  momento habrá que afrontar. Pero los gobiernos están para gestionar, y satisfacer  las  demandas y las necesidades de sus ciudadanos. Entre las que se encuentran garantizar el  derecho a una sanidad y a una educación públicas de calidad y gratuita. Sectores que  repercuten, de forma muy directa, en el capital humano y en el futuro de la sociedad.

En China hay un modelo económico capitalista bajo un control político comunista y  dictatorial. En Europa, en lugar de garantizar la participación de los ciudadanos propia  de una democracia, se pretende implantar la dictadura de los mercados y no sólo se  recortan derechos sociales, sino que padece el mismo sistema democrático. El actual  sistema capitalista pretende actuar por encima de las exigencias de un Estado de  Derecho democrático.

*Periodista
ccs@solidarios.org.es